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El último acto

Los recuerdos le asaltaron nada mas penetrar en sus fosas nasales el peculiar e inconfundible olor del vestuario. Antes siquiera de abrir la puerta, se le aparecieron, como fantasmas del pasado, las imágenes de aquellos primeros días, aquella sensación de pequeñez, de estar invadiendo un espacio que no era el suyo, rodeados de viejos veteranos (si, por aquel entonces, como recordaba ahora con ironía, tener mas de 25 le convertía a uno en poco menos que un anciano) que lo sabían todo…o eso creía.

Entró. En esta ocasión, por primera vez en mucho tiempo, no fue el primero. Sus compañeros le aguardaban, de pie. Uno a uno, se le acercaron, le dieron la mano, le acariciaron con cariño su ahora escaso pelo. Por un momento, volvió a revivir el pasado, cuando se le acercó, temeroso, el chico al que habían subido del filial. Supo como se sentía, y el abrazo con el que le recibió sabia que le serviría mas, mucho mas que cien palabras de animo.

Después, cumplido el homenaje, sus compañeros se retiraron. Sabían que necesitaba estar solo, en esta hora final.

Solo…nadie esta nunca solo, en realidad. Nuestra mente esta llena de sentimientos, de sueños, de escenas que evocar, de imágenes que la memoria mantiene vivas. Y tras dos décadas viviendo por y para el fútbol, por y para su equipo, este vestuario formaba parte de su hogar, de su vida. Y recordó, los buenos momentos, y los malos. Esas noches cuando tras una derrota el vestuario parecía un funeral, cuando la cabeza no dejaba de darte vueltas, pensando en que habías fallado. Pero también esos días, mas numerosos, de triunfo, donde la alegría compartida animaba el ambiente y tejía lazos de unión, creaban equipo…crear equipo, que fácil de pronunciar, y que difícil de llevar a cabo, que capacidad de entender a tantos caracteres diferentes, que equilibrio permanente en controlar tanto ego desbocado, que espíritu de concordia para hacer que la ambición personal redundara en beneficio colectivo…cuantas cosas eran necesarias para que el proceso llegara a su termino, y al salir al campo la suma de todos fuera mas que un simple once…

Por última vez, repitió el ritual. Se abrochó los cordones, beso la estampa (en realidad un retrato de Maribel Verdú, no pudo evitar sonreír pensando en que los demás siempre habían creído que se trataba de alguna santa…o una virgen), acaricio la puerta de su taquilla, formando un doce con los dedos, le dio una palmada al banco, y se encamino hacia el túnel.

Ya se escuchaban los gritos, el ambiente creado por miles de personas esperanzadas en vivir algo diferente, único, y que a pesar de ser decepcionadas una y otra vez, regresan…porque saben que el día que suceda, jamás lo olvidaran.

Saludó a los componentes del equipo contrario, uno a uno. Después, volvió a saludar a todos sus compañeros, hasta colocarse el último de la fila.

Primero salieron sus rivales. Ahora les tocaba a ellos, poco a poco, vio como la fila se ponía en marcha, ascendía las escaleras y pisaba el césped…por un segundo, se quedo parado, incapaz de avanzar, con las piernas temblando…pero por fin, consiguió romper el bloqueo mental, se puso en marcha…y lo que hasta entonces le había parecido un mar de ruidos inarticulados, se convirtió en una ola de sonido, con su nombre convertido en una especie de mantra, repetido hasta la saciedad, 40, tal vez cincuenta mil almas unidas diciendo adiós a algo mas que un jugador, algo mas que un capitán, eran muchos años juntos, muchas tardes de comunión, y una vez se marchara, en el corazón de cada uno de esos aficionados existiría un pequeño hueco, que tardaría en rellenarse…

Llegó al centro del campo, saludó al trío arbitral, y pidió cruz. Saque.

Se ajusto las medias, el pantalón, la camiseta. Miró a su compañero, paseó su mirada por la grada, aun agitada. Era su última sesión.

Pero, como él sabía ahora, y otros sabrían después de él, el espectáculo, siempre, siempre, debe continuar. Con otros actores, otro argumento, pero siempre con el mismo verdadero protagonista.

Sacó.

Posdata: Este pequeño y poco lúcido relato, esta dedicado (parca dedicatoria para sus merecimientos) a la figura de Stefan Sultana, icono cafetero, al que el destino maldijo con una retirada cruel, y al que la justicia, tras el fallo que hizo retornar a su equipo a primera, espero que haya devuelto algo de felicidad.

1 comentario:

Mauricio dijo...

Exelente, Martín. Sin duda debe ser el momento mas dificil para un fútbolista, dejar todo de un día para otro.