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Un dia soñé con el cielo...

Una tras otra van cayendo las canciones. Golpeando sus oídos, rebotando en su alma, a ratos ahogándole, sumergiéndole en lo mas profundo de la desesperación…otras, elevándole, dejándole respirar , permitiéndole salir por un segundo del infierno. Del hombre del piano a una canción cualquiera de una banda sonora de Tarantino, sabe que algo une todo ese hilo musical, algo que esta dentro de el.

Hoy esta mal, ayer estaba peor. Dentro de la espiral de autocompasión y miseria en la que se había convertido su vida, podría decirse que estaba mejorando. Era como si después de que le hubieran disparado, le hubieran sacado todas las balas. Ahora solo le quedaba restañar las puñaladas.

¿Qué queda? Sabe que debe levantarse. Y lo hace. Pero enseguida vuelve esa sensación de impotencia, de desgana, de un desprecio a todo lo que le rodea y a su propia existencia que le hace volver a tumbarse en la cama…y entonces, es cuando de verdad empieza lo peor. Es cerrar los ojos, y venir a su mente todo aquello que quiere olvidar, todo lo que nunca dijo y debió decir, su imagen, su voz, su presencia.

Esa sensación…te han arrancado el corazón, pero sigues vivo, te han quitado la esperanza, pero no te han concedido el consuelo del descanso. Desearías estar muerto, pero en cierto sentido, ya lo estas.

En realidad, lo más terrible de todo es que conoces lo que va a ser tu futuro, sin el menor genero de duda. Meses de pesadillas, de reproches, de noches desesperantes y días sin sentido. Y al final, el paso del tiempo que terminara enterrando en su seno la angustia y el dolor…pero siempre, siempre, dejando una pequeña esquirla clavada, que jamás podrá ser eliminada. Otra muesca en el revolver del destino, una cicatriz más en el alma.

Nadie debería conocer su destino, si algo nos caracteriza como especie es que somos capaces de evitar pensar en el futuro, nos abstraemos de la realidad, de mirar demasiado adelante…porque todos conocemos el final de la película, y pensar seriamente en eso, nos volvería locos…si de verdad fuéramos tan racionales como presumimos.

Vuelta a levantarse, intentar hacer algo, cualquier cosa, con tal de liberar el cerebro.

¿Fútbol? Tal vez. En estos momentos lo que suceda dentro de un campo le es tan indiferente como las técnicas reproductivas del ornitorrinco, pero todo sea por acallar las voces en su mente, por apagar las visiones de su alma.

Enciende la radio. Otro día, se habría reído de las estupideces de ciertos comentaristas, de su prepotencia, su ignorancia, su desprecio al “inferior”. Esta vez en cambio, solo se siente asqueado. Cambio de emisora. Mas de lo mismo, ellos son muy malos, no merecen jugar con los nuestros…parece que les hacemos un honor especial perdiendo nuestro tiempo con sus miserables equipos… ¿pero que es esto, en que maldito mundo fue a caer?

Por fin, apaga el aparato. Las felaciones a ciertos jugadores (y algún otro que no es jugador) vestidos de blanco inmaculado son demasiado pornográficas, incluso sin verlas, ofenden.

Pero sin embargo, al menos por un segundo, no ha podido contener una sonrisa, una simple media sonrisa, apenas un rictus irónico…pero algo es algo. No ha podido evitar pensar (y el pensar en cualquier otra cosa que no sea ella es un gran triunfo) en que estos mismos periodistas que ahora babean hacia la estrella del momento, serán los mismos, exactamente los mismos, que luego la acuchillaran sin compasión, sin piedad alguna, sin remordimientos, y sin acordarse ni un instante de lo que antes opinaron. Ni siquiera hará falta de el futbolista lo haga mal en el campo. Tal vez baste una entrevista no concedida, un cambio en la línea editorial, un cierto aburrimiento por su repetida presencia, cuando vivimos en unos tiempos en los que la novedad prima, lo viejo no vende periódicos...

En cierto sentido, medita, ¿Qué diferencia a los medios deportivos, con ciertas actitudes de esa prensa del corazón de la que tanto dicen variar? Cada vez parece que un poquito menos...

Y luego…luego están esos jugadores que parecen salidos de una sesión de maquillaje, que hacen de cada gesto sobre el campo una declaración de intenciones, pero no a favor del juego o su equipo, sino de su imagen.

En fin, aunque sea triste, el discurrir sobre lo patético y repulsivo en lo que se estaba convirtiendo el mundo del futbol, alivió por un segundo su miserable presente…y no pudo evitar volver a sonreír, aunque fuera la sonrisa mas triste de su vida, al recordar cierta frase pronunciada por un ahora crecido dirigente, allá en su época mas baja…

“¡al loro, que no estamos tan mal, hombre!”.

Pues igual era así, mira tú por donde…

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