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Bajo los escombros de la historia

Volando en los más puros aires de romanticismo, podría decirse que un estadio abandonado es una puerta al pasado con el picaporte roto, una fábrica de sueños cerrada por falta de recursos, o un libro de ideales sin más páginas para escribir.

Cada actividad humana requiere de un espacio para ser realizada, cuyo significado intrínseco puede oscilar entre conceptos tan infinitos como esenciales. De lo más recurrente a lo sumamente exótico, es posible toparse con lugares remotos, majestuosos, abrumadores, insignificantes y especiales, entre una sucesión de adjetivos que quizás no tenga principio ni final, ya que son experiencias personales las que identifican estos sitios. No obstante, el fútbol tiene un solo lugar sagrado: el estadio, aquel templo moderno donde se congregan miles de historias cada jornada, aglutinadas en torno a la emblemática figura del dios balón.



Bajo un tibio y brilloso sol bahiano, uno de los santuarios futbolísticos más añejos y emblemáticos de Brasil dijo adiós para siempre. El estadio Fonte Nova dejó de existir, y su terreno dará paso a una nueva y moderna construcción destinada a albergar la próxima copa del mundo.

Puntapié inicial

Corrían los primeros días de 1951 cuando Otávio Mangabeira, ingeniero, hombre de letras y en ese entonces gobernador de Bahía, dio por inaugurado un recinto que no solo llevaría su nombre, sino que además sería estrenado en una copa realizada en su propio honor. El paso de los años hizo que casi nadie se acordara de esta denominación oficial, ya que el estadio tomó como propio el apodo Fonte Nova debido a la Ladeira das Fontes das Pedras, próxima al sitio donde fue establecido. Aquel día, Botafogo derrotó por 1-0 a Guarany de Salvador, equipo cuyo rastro se perdió hace mucho tiempo.

El principio del fin

La explosión que dejó en ruinas la vieja Fonte Nova, y que contó con la dedicación de más de 1.300 trabajadores, fue apenas la caída del telón para una obra que hacía años se sabía terminada. Porque en este mismo escenario se firmó el acta de defunción, el 25 de noviembre de 2007, cuando parte de la tribuna superior cedió, provocando decenas de heridos y siete muertos, a causa de un agujero a una altura superior a los 25 metros.

Los festejos de Bahía por su vuelta a la Serie B, la invasión del campo a cargo de miles de torcedores desesperados, el enfrentamiento con la policía y los ecos de la tragedia fueron las últimas acciones vistas por esta antigua construcción, que no había tenido reforma alguna desde 1971. Dos días más tarde y en pleno duelo, el gobernador anunció que el estadio sería demolido por completo, poniendo fin a la disyuntiva que se planteaba entre la reforma y la construcción de una nueva arena, ya fuera allí o en otro sitio.



Con su destino decretado, la Fonte Nova se pobló de las miserias contemporáneas habituales para un estado con una superficie equivalente a la de Francia y un Índice de Desarrollo Humano inferior al de El Salvador. Así la construcción se sumió en el abandono dentro y la precariedad fuera, donde centenares de personas convivían en la escasez absoluta.


Miles de anécdotas


La historia de la selección brasilera paseando su fútbol por la “Capital de la alegría” tuvo su inicio en 1934, cuando el local, vestido de blanco, vapuleó por 10-4 a un combinado de Galicia, en el ya desaparecido Campo da Graça, antecesor de la Fonte Nova. Pasaron 76 años y 19 juegos en los que la Verde Amarela jamás cayó en esta ciudad, también conocida como la “Roma negra”. Once de ellos se disputaron en el estadio recientemente demolido, siendo la última aquella presentación ante Holanda de 1999, cuando se registró un empate en dos. Amoroso y Giovanni marcaron para los sudamericanos, mientras que Kluivert y Van Vossen lo hicieron para los naranjas.

A nivel local, de las 431 ediciones del clásico Ba-Vi, más de 300 fueron disputadas en la Fonte Nova, recinto donde se decidieron innumerables campeonatos estaduais, siempre con estos mismos protagonistas, quienes se han repartido 39 de las últimas 41 ediciones.

En 1988, la semifinal del Brasileirão entre Bahia y Fluminense convocó a 110.438 fanáticos, máxima asistencia registrada en las tribunas, cuya capacidad rondaba —ahora sí en tiempo pasado— las 80 mil localidades. Ese torneo sería la primer y única alegría del estado en el máximo certamen nacional. Se dice que hubo 120 mil almas presentes el día de la reinauguración, con una doble jornada en la que participaron los dos equipos de la ciudad. Pero nunca se confirmaron los rumores y las cifras oficiales no lo avalaron.

Vitória también cosechó buena parte de sus mejores éxitos en este extinto campo de juego. Estuvo a punto de hacer historia en 1993, cuando recibía al legendario Palmeiras de Luxemburgo en la decisión del Brasileirão. Pero apareció un pequeño verdugo vestido de verde, Edílson, quien se retiró apenas hace unos meses con 39 años, vistiendo curiosamente la camiseta del Bahia, y luego de una fallida colgada de botines, tres años atrás, en el propio Vitória.

La nube de polvo ocultó la caída del que por mucho tiempo fuere uno de los reductos más característicos del fútbol brasilero, y sobre todo de la castigada región noroeste, donde la hermosa naturaleza se contrapone con un presente social duro e inmutable. Tras aclararse el aire ya no quedaba nada sino escombros de lo que alguna vez fue, y la ilusión de lo que será de cara al progreso. La vieja Fonte Nova dijo adiós, y los miles de recuerdos se quedan allí.

6 comentarios:

Martín dijo...

Genial artículo Ariel, emociona ;-)

Por cierto, que el Bahia es un equipo curioso, no gano gran cosa,y sin embargo es de los que mas gente lleva a su estadio, este en la division que este, supongo que por eso no puede de dejar de caerme simpatico.

Riccardo Troiani dijo...

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Palmeirense dijo...

Mira que llevo años viajando a Salvador y viendo desde el coche el estadio Fonte Nova, parece que ya no lo volveré a ver más (Aunque desde aquella desgracia me hacia a la idea).

El 'Bahía' es - por delante del Vitoria - el primer club de Salvador, que a su vez es la tercera ciudad más poblada de Brasil, de ahí que tenga una gran masa de torcedores.

Ariel dijo...

Qué gusto encontrar otro Palmeirense en el blog!

Aún no conozco Salvador, y debo admitir que es una de mis deudas pendientes, dado que cada turista que se le acerca no deja de reconocer su encanto.

La tragedia fue sin dudas el detonante para acelerar la decisión. Aún de este modo, y en mi carácter de cuasi ingeniero, veo muy poco factible que un estadio que había permanecido sin mantenimiento alguno por más de tres décadas pudiera ser reciclado en una moderna arena, capaz de recibir nada menos que un mundial.

Creo que de todos modos lo habrían tirado abajo, pero me dio demasiada lástima ver el estado en que se encontró estos años.

Para los que les interese la melancolía de este estadio, vean estas notas con muy buenas galerías de fotos, de donde obtuve la mayoría de las usadas aquí:

http://globoesporte.globo.com/Esportes/Noticias/Futebol/0,,MUL1249621-9825,00-ENTRE+MENDIGOS+E+ESCOMBROS+FONTE+NOVA+AGONIZA+A+ESPERA+DA+RESSURREICAO+EM.html

http://globoesporte.globo.com/Esportes/Noticias/Futebol/0,,MUL802371-9825,00-ABANDONADA+FONTE+NOVA+VIRA+ABRIGO+DE+MENDIGOS+E+TAMBEM+CRIANCAS+CARENTES.html

Saludos

PD: Por cierto, de dónde eres Palmeirense?

Palmeirense dijo...

Salvador es bonita, pero nunca le he llegado a coger el gusto (Cuando viajo a Brasil busco otro tipo de lugares :D)

Posee su encanto, sobre todo, en la fusión de culturas que puedes encontrar, y ya si te gusta la música, ¡más aún!.

Soy de Valencia, descendiente de bahianos, sobre todo de Itabuna e Ilheus. Y mi deuda pendiente es ir a São Paulo :p

¿Y tú, Ariel?

Ariel dijo...

Soy de Wilde, Argentina, descendiente de italianos y con buena parte de la familia viviendo en São Paulo, por lo que la ecuación no es difícil de terminar: Casi todo italiano paulista es fanático del Palmeiras.

Me encantaría conocer Salvador. Este año viajé al Carnaval de Rio y me pareció fantástico, pero me han dicho que más al norte es algo distinto. La ciudad debe vibrar con el ritmo.

São Paulo es una jungla de cemento, pero digna de conocerse. Hice un diario de viaje de cuando estuve allá en el 2009

http://cafefutbol.blogspot.com/2009/01/diario-de-viaje-so-paulo.html

Saludos