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Dramático desenlace en Chacarita

Sufridísimo
Chacarita Juniors y Nueva Chicago son dos instituciones centenarias del fútbol metropolitano bonaerense, y por extensión argentino como casi todo lo porteño, para las que cualquier tiempo pasado fue mejor. A Chacarita también se le conoce como el Tricolor por lo llamativo de su camiseta o como el Funebrero ya que el barrio donde se ubica el club alberga el cementerio más grande de Buenos Aires. Campeones del Metropolitano en 1969 y todo un clásico de la Primera, lo vivido el pasado domingo fue un duro golpe difícil de asimilar para una institución que hace tan solo dos años estaba en la máxima categoría. Nueva Chicago por su parte es un club del ascenso con apenas tres breves estancias en Primera pero cuya afición ha demostrado siempre una fidelidad abrumadora a los colores pese a las escasas alegrías que estos les han dado. 

Hace un par de semanas un inesperado triunfo en cancha de Rosario Central les permitía soñar con eludir el descenso directo, logro conseguido tras golear a Patronato en la última jornada. Sin embargo ello no les permitió eludir la promoción. Por otro lado Nueva Chicago hubo de vencer un ‘torneo reducido’ para poder disputar la promoción contra el Funebrero, con el que además mantiene una seria rivalidad desde hace décadas. Todo ello para mantenerse en la B Nacional o para lograr un hueco en ella a cambio de dejar al otro en Primera B (o sea, Segunda y Tercera divisiones respectivamente). 

La ida se la llevó el Verdinegro gracias a un solitario tanto de Leonardo Carboni, un delantero surgido de Quilmes que nunca hizo nada especialmente relevante. El choque de vuelta, una vez más el punta de Nueva Chicago anotó, esta vez en el minuto 84 de partido. Con dos goles por remontar (en caso de empate global el de categoría superior se mantiene por la llamada “ventaja deportiva”), el abismo del descenso se cernía más que nunca sobre Chacarita, que instantes después se quedaba con un hombre menos por la expulsión de Matías Zaldivia. Ya está, se acabó… 

Pero si el fútbol es tan impredecible y maravilloso es precisamente por los inesperados cambios repentinos de guión que puede llegar a dar en cuestión de instantes. Poco antes del descuento, el pibe Gabriel Tellas anota el empate que da ciertas esperanzas a Chacarita. Pese a la inferioridad numérica se vuelcan con todo en busca de un nuevo gol que complete la gesta. A la contra, Carboni desaprovecha la ocasión para acabar con el Tricolor. Pero cuando todo parece haber llegado a su fin, en la agonía del último minuto del descuento un balón a la desesperada llega a Matías Pajón, cuyo remate se estrella en la mano de Testa. ¡Penalti! 

Protestas. Nervios en los banquillos y las gradas. Los jugadores visitantes rodean al árbitro, que pese a las presiones no cambia de parecer. Damián Toledo, uno de los pilares fundamentales de Chacarita, es el encargado de ejecutar la pena máxima. A once metros de distancia se sitúa Arturo Monllor, con el destino de propios y extraños en sus guantes. Increíblemente el Funebrero parecía salir de la tumba cavada unos minutos antes, volvía a la vida con una oportunidad caída del cielo, irrepetible, milagrosa. 

El vídeo es imperdible. Es un resumen de uno de esos ápices que dejan claro el porqué de éste amor incondicional al fútbol. Puro drama.

                     

Espero que haya visto usted el vídeo, porque merece muchísimo la pena. Monllor atajó el penalti, las gradas se llenaron de lágrimas de los hinchas, Toledo estaba destrozado sobre el césped mientras el técnico de Chacarita, que pensaba que había sido gol, pasa del festejo a la incredulidad en cuestión de segundos. En el mismo espacio-tiempo, los gritos de los jugadores de Nueva Chicago se alzaban entre la desesperación del rival. Drama y alegría en el rectángulo de juego. Algún día volverán a cambiar las tornas. Por eso amamos el fútbol.

3 comentarios:

cityground dijo...

Impresionantes imágenes y que dramáticas son las promociones de ascenso. Espero Chacarita vuelva pronto.

En las divisiones inferiores argentinas sigo algo a Talleres de Córdoba que no logra salir del Argentino A.

kipzy dijo...

en el lapso que dura desde que cobran el penal hasta que es pateado se ve como está todo el estadio entero llorando, hinchas, tecnicos y jugadores de los dos equipos, y todos nosotros detras del televisor también, fue algo tremendo

jartbaran dijo...

Por esas emociones mezcladas es porque no solo amo al fútbol, sino al deporte en general.