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Cualquier tiempo pasado, ¿fue mejor?

El 'Tato' Abadía
Se hace bastante habitual últimamente evocar al fútbol del pasado con melancolía por lo que fue y tiene visos de no regresar jamás. El ya célebre lema de Against Modern Football (Contra el Fútbol Moderno) ha calado tanto en cierto espectro de la masa que sigue este deporte que pese a todo nos hace preguntarnos porqué siguen acudiendo a los estadios o simplemente siguiendo los partidos desde su casa si tan en contra están. Supongo que la respuesta está en la pasión.

Con todo, he abandonado el ostracismo de estos meses tan ocupados de mi vida personal ya que hoy me apetecía mucho comentar este tema. Además, por una vez gozo de algo de tiempo. Comienzo posicionándome: yo también echo mucho de menos el fútbol de antes. Es cierto que ahora tenemos la posibilidad de seguir cualquier partido del mundo sin necesidad de salir de casa, en directo, desde la comodidad de nuestro sofá. Ya no hay que esperar a que las noticias o el teletexto lo recojan, o a lo peor al periódico del día siguiente no ya para conocer el resultado de un Manchester United-Liverpool, sino incluso de un Real Oviedo-SD Compostela si no habías estado atento. Es cierto que también desde casa podemos comprar entradas para cualquier partido, así como conseguir el medio de transporte y 'merchandising' de cualquier equipo. Para mí, ahí se acabaron las ventajas, que no son pocas.

Creo que comparativamente el paso del tiempo ha empeorado la percepción del fútbol, e incluso quizá su calidad (aunque esto último es muy muy discutible). No hablo de pantalones cortos, camisetas con escudos cosidos, tipos calvos sin complejo o barbudos, todo ello es una cuestión estética, aunque sí reconozco que ello me gustaba más en la época pre-metrosexual. Me refiero principalmente a Prensa, horarios, precios de las entradas, las competiciones tanto europeas como de selecciones así como el creciente abismo económico entre clubes.

¿Os acordáis de los 90? Es de lo que hablaré principalmente, ya que aunque haya visto y leído mucho de otras décadas, al nacer en 1983 lógicamente no empecé a tomar cierta consciencia hasta unos años más tarde. Evoco a los últimos años del pasado siglo porque hasta mediados del mismo aún cabían esperar ciertas esperanzas: había nacido la Champions, pero solo iban los campeones nacionales. Había ganado la Premier el Blackburn Rovers, y no hace tanto el Leeds United de Eric Cantona. El Calcio era fortísimo y en la Liga podían golear el Racing al Barça u Osasuna al Madrid sin que por ello se criminalizase a nadie. Sin embargo, a mi lo que más me gustaba era poner la radio el domingo por la tarde a las 16h para escuchar la previa de los partidos, así como oír, disfrutar, aprender durante toda la tarde con los 6 o 7 encuentros que se disputaban simultaneamente en Primera División, sin contar los de Segunda. ¡Gol en Sarriá! ¡Penalti en La Condomina! ¡Empata el Albacete en el Carlos Belmonte! Todo ello podía haber acontecido con escasos segundos de diferencia, una locura maravillosa que apenas revivimos con cuentagotas en las dos últimas jornadas de cada campeonato.

La radio no solo ha perdido su magia con la disparidad de horarios. ¿Qué interesa a los chinos? Supuestamente la Premier League, que les interesa más, mantiene un grueso de partidos los sábados por la tarde, algo que para diferenciarnos aquí podríamos hacer el domingo como antaño en vez de fijar las fechas semanas antes (malo para la planificación de hinchadas visitantes) o modificarlas sin previo aviso, con el perjuicio que supone para aquellos que viajan un sábado a una ciudad distinta de la suya y ahora se plantean perder dinero, enfadar al jefe y/o a su familia, perderse el juego o todo ello junto gracias a la sensibilidad del señor Tebas, que jamás ha pedido perdón por todo ello. Pero estábamos con la radio, un lugar que abandoné hace aproximadamente una década cansado de escuchar milongas, ira y mentiras trasnochadas en los programas que antaño fueron referencia. Como el panorama no parece haber cambiado, sigo sin escucharla, algo que lamento profundamente pues me encantaba, y la disfruté muchísimo el tiempo que trabajé en ella en Madrid, aunque solo escuchaba mi programa, pequeño pero en el que se trataba al deporte, los clubes y los deportistas con 
un respeto cada día más perdido.
 
 
Tres cuartos de lo mismo sucede en la prensa escrita, ya sea en papel o digital, y en la televisión. No en todos los medios, pero sí en la mayoría de aquellos que tienen los altavoces más grandes, los generadores de corriente que antaño analizaban y opinaban desde la prudencia, sin faltar ni buscar polémica. Ahora aquellos que ya sabéis y que no nombraré para no manchar este lugar, disfrutan cual marranos en lo que han convertido en pocilga. Eso sí, si la gente no consumiera mierda no se ofertaría, por lo que también echo de menos cuando los aficionados, más o menos reflexivos o pasionales, no estaban manolizados.

Al hilo de los horarios mencionados antes, el precio de las entradas es un disparate cada vez mayor. ¿Por qué crecen? Porque lo hace el club, que tiene que costearse los gastos. ¡Pero si cada vez ingresan más de las televisiones y sus sponsors! Claro, y sus jugadores, cuyos sueldos cubren una grandísima parte del presupuesto, son los que más chupan. Así que ahora es, desgraciadamente, cada vez más habitual ver estadios con menos público ya que un lunes noche (día laborable), un viernes por la tarde o un sábado a las 13h no son precisamente las franjas horarias más apetecibles para desplazarte hasta el estadio, gastarte un buen dinero y con suerte no llevarte un disgusto con el resultado. Si a ello le sumamos que el descenso del poder adquisitivo medio se resintió con la crisis, se entiende menos el modelo. Eso sí, desde la Liga se pide que a poder ser los anillos inferiores estén ocupados (la famosa U televisiva) para que el estadio parezca que tiene buena afluencia, so pena de sanción para el equipo local. Décadas atrás, hubiera o no crisis, unos precios más coherentes y unos horarios decentes aseguraban una buena entrada independientemente del choque. Hoy vemos que en España no es así.

Para el final he dejado algo que me duele bastante también. Entiendo que las competiciones modernicen cambien sus formatos y reglamentos para hacerlas más atractivas, pero para mí esto que están haciendo está logrando un efecto adverso. Tomemos como referencia las competiciones europeas de clubes: en los años 90 la insistencia de un  grupo de empresarios encabezados por Silvio Berlusconi lleva a la UEFA a hacer de la Copa de Europa la Champions League. En principio se eliminaban los cuartos de final sustituyéndolos por una liguilla de dos grupos con cuatro equipos cada uno. Además, al torneo solo acudían los campeones vigentes de cada país, los cuales solo podían tener 4 extranjeros en su plantilla de los que no más de 3 podrían jugar juntos a la vez. La entrada primero de los subcampeones de liga (luego se amplió a terceros y/o cuartos según coeficiente UEFA) junto a la irrupción de la Ley Bosman fue haciendo del fútbol de alta alcurnia algo menos mágico y atractivo. Ya no volveríamos a ver a un equipo completamente (o tomando una mayoría como base) de nacionales o jugadores de una región llegando lejos, algo que acabaría desnaturalizándolos. No tengo absolutamente nada en contra de los jugadores que cambian de país o continente para ganarse la vida lo mejor posible, están en todo su derecho, traen otra cultura, otra forma de entender el juego, otros regates, goles, sonrisa y sentido colectivo y/o del esfuerzo. Sin embargo no poseen la misma esencia que aquel Celtic que en 1965 conquistase Lisboa con 11 chicos de Glasgow y alrededores, o el Real Madrid ye-ye que un año después, compuesto de un grupo de jugadores españoles (Amancio, el veterano Gento, Velázquez, Serena, etc) junto a alguna gloria como Puskás, derrotase a un Partizan de Belgrado magnífico en el que sobresalía Vasovic, a la postre pieza fundamental del Ajax que comenzó dominando los 70, le sustituyó el Bayern posteriormente y a este los ingleses. Con algún extanjero y una base nacional, aquellos equipos no eran las multinacionales de ahora, sin ir más lejos el irreconocible Granada (¿dónde quedó su identidad?) o casi cualquier otro equipo de las dos primeras categorías de cada liga europea. 
 
Perdida la esencia, se va con ella la identidad así como la identificación del público. A mi no me importa con qué 11 jugadores dispute mi equipo cada encuentro siempre que lo den todo sobre el césped, pero convendremos que será más bonito y nos sentiremos más representados (no sé si mejor) siendo gente más o menos de nuestra tierra, algo que tampoco asegura nada, pues aquí en Málaga se ha dejado los cuernos Weligton como ya quisiera cualquier chaval de la cantera, aunque creo que entenderéis a qué me refiero. ¿El último refugio? Las selecciones, no obstante lo son menos cada vez. No por no jugar la gente de cada país, que normalmente es así, más bien porque facilitando tanto el acceso a los grandes torneos estos dejan de ser tan especiales, tan importantes, dado que se rebaja el nivel no en pos de la democracia, más bien para hacer más dinero, como en todo. Ah, el dinero, ese vil maligno que ha obrado un abismo cada vez mayor entre unos pocos clubes de élite y el resto... Perdonad el desvarío. Sí, las selecciones nacionales. Me encantó disfrutar de Albania, Gales o Islandia en la pasada Eurocopa, así como ojalá vea un día a Uzbekistán batirse contra Brasil o Camerún en un Mundial. Para ellos es algo tremendo, casi inalcanzable de no ampliarse las plazas. Sin embargo lo que para  Rumanía podía ser un hito, pasa a ser prácticamente una obligación toda vez que los combinados de primer y segundo nivel logran la clasificación sin mucho problema (Holanda es caso aparte, digno de estudio). 

El Göteborg campeón de la UEFA 1987
¿De veras nos apasiona el enésimo Arsenal-Bayern de todos los años en el que la duda es por cuántos goles vencerán los bávaros al inocente conjunto de Wenger? ¿Por qué han restado todo el atractivo a las fases de grupos de Euros y Mundiales (éstos desde 2022) otorgando cupos que rebajan el nivel hasta casi el esperpento? ¿Podremos volver a ir al fútbol en horas normales sin costarnos un ojo de la cara para ver un encuentro de Primera División? ¿Volverá la Prensa a dedicarse al deporte en vez de a envilecerlo y servirse de peinados, Instagrams, encuestas malintencionadas y cuentas de Twitter?

Dado que la respuesta más probable es no, no me cabe duda que sacrificaría todos los beneficios y ventajas que nombré al inicio del post con tal de volver a lo de antes: futbolistas normales, debates sobre fútbol y no sobre gilipolleces, horarios coherentes, precios asequibles, una radio que solo hable de deporte, unos partidos verdaderamente especiales, un poco de naturalidad, la que tenía la inocencia de un tiempo cuyo último reducto probablemente se encuentre en las divisiones inferiores. Por suerte o por desgracia, ahí sí podemos disfrutar de un Logroñés-Racing.

4 comentarios:

web dijo...

Te has desahogado bien Domingo, jajaja. En cierto sentido comparto muchas de tus críticas al fútbol de hoy día, pero la realidad es la que es y nos toca elegir entre dos opciones. O ignorarla y devorar lo que nos echen o adaptarnos y buscar (o rebuscar) las opciones que más se acomodan a nuestros gustos.

Pero creo que tampoco debemos idealizar el pasado. Yo recuerdo una contraportada entera del Marca dedicada a un pique entre Hierro y Stoitchkov en un Madrid-Barça. Y cuando se habla del Marca de aquella época (de Elias Israel si no recuerdo mal) parece que hablamos de sesudos análisis técnico-tácticos . Pues mire, tampoco exageremos. El fútbol y su entorno en aquella época estaba bien? para mí si, pero supongo que también habría quien lo vería como muy farandulero comparado con décadas anteriores.

Dicho lo cual. Para mi el problema es que el aficionado medio (entre el que no me termino de incluir, la verdad, por el tipo de información que yo consumo) se ha acostumbrado a lo que Ramón Flores definió como Puntopelotismo. Y ahora lo normal es que salte cada semana una polémica distinta. Y entre polémica y polémica resulta que hay partidos.

La suerte es que como bien dices, hoy la oferta tanto de información como de fútbol en sí es mayor que nunca. Y uno puede tratar de "alimentar" su pasión bebiendo de diferentes fuentes.

Pero creo que a veces los de nuestra generación, nos pasamos de nostálgicos. También con el fútbol.

Xavi Rubiales dijo...

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