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Juego limpio no entendido


Hoy me siento pesimista y cínico con todo. O quizás sólo con más experiencia ante la vida. Siento que todo en el mundo es un desastre o, lo que es peor, fruto de la maldad intrínseca humana y que detrás de cada momento de belleza, de cada gesto altruista un acto interesado y ruin. Mañana se me pasará, claro, y quizás la causa de tanta desesperanza se encuentra en un episodio que ocurrió en Italia este fin de semana.
El otro día, Martín nos pasó este bonito enlace con esta bonita historia. Se enfrentaban Ascoli y Reggina, dos equipos de la Serie B italiana acuciados por el drama del descenso y que, pese a que estamos a principios de temporada, se jugaban bastante en el encuentro. Al cuarto de hora del partido, con 0-0, un defensa de la Reggina siente que se ha lesionado y manda el balón por la banda. Ésa, al menos, era su intención, porque la pelota no llega a salir y es recogida por los jugadores del Ascoli, que, ante la pasividad de sus rivales, marcan gol. El tanto, obviamente, provoca el enfado de los calabreses y se monta una buena tangana que acaba con un expulsado. Los del Ascoli discuten entre ellos y su entrenador, Pillon, encuentra una solución: cuando se reanuda el juego, los futbolistas blanquinegros permanecen totalmente quietos y dejan hacer al reggiano Pagano empatar sin oposición. Para mayor importancia del acto, el partido, finalmente, acabó 1-3 para la Reggina, un resultado que se olvidará fácilmente (salvo descenso del Ascoli), no como la lección de fair play que dieron sus jugadores.


Hasta ahí la parte bonita de la historia. Poco después vino la parte oscura, no tan conocida: porque, una vez acabado el partido, los jugadores del Ascoli no pudieron abandonar su vestuario porque sus propios aficionados (unos 400 nada menos) les estaban esperando... y no precisamente para celebrar el gesto. Cuando por fin se decidieron a salir, intentaron justificar y explicar su acto: no hubo caso. Rendido ante un mundo y una afición cuyos valores se mueven sólo por los tres puntos y el éxito, el entrenador Pillon declaró hoy que quizás no lo volvería a hacer.
Como metáfora de la vida, es una lección bastante dura: alguien que cree en la justicia y en la caballerosidad y que realiza un acto acorde con esos valores, se ve reprendido por los suyos para que no lo vuelva a hacer más cuando su acción se vuelve contra sus intereses inmediatos. Una lección parecida sacamos tras la mano de Henry (y mucho antes con la de Maradona): el mundo es de pícaros y todo vale para conseguir el objetivo. Por suerte, es sólo fútbol, nada que ver con el mundo real.

PD: En La Gazzetta, Luigi Garlando descubre que lo que sucedió esta semana fue una especie de justicia histórica. En el mismo estadio, pero en 1975, el recogepelotas Domenico Citeroni evitó un gol contra el Ascoli dándole una patada a un balón que ya estaba casi dentro. Hoy, por supuesto, Citeroni considera que el acto de Pillon es un "errore enorme".

2 comentarios:

Martín dijo...

Pues los que no se enteraron demasiado son los del AS, en el enlace que te pase, ponian que el que habia ganado por 3-1 era el Ascoli...

Por cierto, que hubo un expulsado (de la reggina), tras el gol, como se ve en la imagen que has puesto, y en el video del choque:

http://www.youtube.com/watch?v=0HiT0E6KwL4

Los de la reggina no protestaron precisamente solo con buenas palabras.

Lo peor de todo, es que si llega a pasar al contrario, esos 400 del Ascoli, hubieran llamado de todo a los contrarios...eso seguro. Es como el que protesta del arbitro cuando te pita en contra, pero no pide que rectifique cuando lo hace a favor...

chimoeneas dijo...

No, no, como dices, se organizó una buena después del gol, como se ve en el vídeo.
Y te confirmo que ganó la Reggina 1-3 (lo que aumentó el cabreo de los aficionados del Ascoli)