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Eterno y doloroso techo blanquiazul

El Gato Romero avanza contra el Boavista ante la mirada de Collina
El corazón del aficionado de un club no-grande se agita pocas veces ante la emoción de un gran logro. Quizá una goleada a un clásico anime de vez en cuando, si bien durante cada año lo normal es sufrir por un complicado objetivo, la salvación, que no siempre se cumple. De vez en cuando hay una breve época en la que una o varias ocasiones seguidas dan la oportunidad de ilusionarse con algo más. El Getafe perdió dos finales de Copa, al Alavés le sucedió con la UEFA heroica pero fatídica ante el Liverpool, pero el malaguismo aún no sabe lo que es el drama de perder una final. 

Para un club con una historia tan escasa de grandes hitos, con una refundación mediante, solo el hecho de alcanzar el último encuentro de un torneo, aspirar de verdad a un título (Intertoto aparte), ya supondría un descargo a décadas de sinsabores, un hecho justo a todas las generaciones del club, una excusa para celebrar esa fiesta que jamás llega. Solo en lo que va de siglo son ya tres las grandes oportunidades desperdiciadas por el Málaga en torneos que quizá podrían haberse completado una epopeya inimaginable: Boavista, Borussia Dortmund y Athletic Club fueron los verdugos, pero siempre he tenido la sensación que nuestros propios errores fueron los que nos separaron de aquella gloria.

Se reenganchan los leões


Tenía que ser el curso de la confirmación de su retorno, pero las cosas en el lado verdiblanco de Lisboa no comenzaron todo lo bien que anhelaban los Leões (leones). Marco Silva tomó los mandos que le dejó el pragmático Leonardo Jardim al marcharse a Montecarlo, pero aunque el fútbol que practicaba el Sporting era bueno los resultados no acababan de ser todo lo satisfactorios que cabía esperar. Además, pese a la gran imagen ofrecida en Champions nada se pudo hacer ante los intangibles.

Pese a mantener a la dupla Fredy Montero-Slimani (el argelino venía de un prometedor Mundial) más el arribo de Nani, el equipo no comenzó a carburar bien hasta Noviembre. Tras muchos tropiezos inesperados en el campeonato luso, la derrota 3-0 ante el Vitoria Guimarães supuso un punto de inflexión. 7 triunfos en los siguientes 9 partidos ligueros les han permitido recortar poco a poco la distancia respecto a sus dos eternos rivales, escalando desde su incómodo lugar en la zona tibia de la clasificación hasta un tercer lugar mucho más acorde a su nivel.

El fin de semana, además, ha sido especialmente beneficioso para ellos. A su escueto triunfo ante la Académica caben sumar las sorprendentes derrotas de Oporto el domingo ante Martítimo y Benfica anoche ante Paços de Ferreira, lo que permite a los verdiblancos acercarse a un punto de los portistas y a siete del liderato que ocupan sus vecinos. Precisamente con los encarnados mantienen una pésima racha los últimos años, ya que su última victoria ante ellos data de un amistoso en verano de 2013, si bien en liga no les vencen desde abril de 2012 (gol de penalti de Ricky van Wolfswinkel).

Ahora que se han reenganchado al tren de la liga y con el vital duelo ante el Benfica en el precioso Alvalade el domingo de la próxima semana, es el momento en que el Sporting debe demostrarse a sí mismo que ha regresado a la élite para competir en vez de ser un mero animador. Ahí tendrá la prueba de fuego. Si la pasa la segunda mitad de la temporada promete mucha diversión en suelo luso.

Los brazos no se bajan

Bacca da alas a la esperanza sevillista
¿Qué cuota de importancia tiene el aspecto psicológico en la vida? ¿Y en el deporte? ¿Puede marcharse más contento y esperanzado un perdedor por 3-1 que el vencedor de ése mismo encuentro? Esto último es quizá una suposición mía, ya que si antes del encuentro le preguntan al Espanyol si firmaba el resultado dudo que se negase a hacerlo. ¿Por qué? Porque es un gran resultado ante un fenomenal rival que acerca a los periquitos a las semifinales de una Copa que no ganan desde que hace casi una década goleasen al Real Zaragoza en el Santiago Bernabéu. De hecho así lo ha hecho saber su técnico en la posterior rueda de prensa.


A su adversario las alegrías le quedan más cerca, algo que más allá del plantel del que gozan se debe también al hambre que muestran en unas eliminatorias que nunca dan por cerradas por imposible que parezca el resultado. Para mí esa es probablemente la mejor cualidad del Sevilla. Hay muchos clubes en Europa con mayores ingresos mucho peor gestionados. Son muchas las instituciones con mayor palmarés, historia, estadio o afición pero que en comparación salen perdiendo. Los hispalenses, como hicieran en Donestk ante el Shakhtar o mismamente el año pasado remontando a domicilio a Betis y Valencia, ya saben que morir matando tiene premio.

El del Pizjuán será un duelo enorme. Dos instituciones con una preciosa historia copera (entre ambos suman 9 títulos en 16 finales) chocarán con ventaja para un Espanyol que no solo superó con solvencia al Valencia en la anterior eliminatoria, sino que aún recuerda con amargura como su contrincante sureño le apartó de la gloria europea en una lluviosa noche de Glasgow. Por su parte el Sevilla se siente favorito con un cuadro que le favorece para llegar a la final, si bien está plagado de minas. La primera deberá desactivarla la semana que viene, misión harto complicada ante un clásico con ganas de reverdecer viejos laureles.

Gran ocasión 'blue'

La maquinaria blue vuelve a carburar a buen ritmo
El periodo navideño fue duro en el distrito londinense de Hammersmith & Fulham. El Chelsea de José Mourinho que tan buen funcionamiento había ofrecido hasta el momento, mostrándose prácticamente infalible, dilapidó en cuestión de un mes una ventaja de ocho puntos que atesoraba respecto al Manchester City, vigente campeón y máximo rival en la pugna por la Premier. En esos días festivos, dos pinchazos consecutivos finiquitaron el colchón que mantenían respecto a los 'citizens', con un duro e inesperado epílogo en White Hart Lane.

Aquel tono que pareció perderse en el Támesis ha regresado con contundente solvencia las dos últimas semanas. Primero con una sencilla victoria 3-0 ante el Watford en League Cup. Luego con un triunfo con sabor a vendetta ante el Newcastle, que a principios de diciembre había acabado con la imbatibilidad del Chelsea en esta Premier. Finalmente con una manita en casa del Swansea para recuperar sensaciones. Parcial de 10-0 ante tres rivales a los que debían vencer, pero ello no resta un ápice de credibilidad a la impresión de fortaleza que vuelven a despertar. Diego Costa vuelve a golear asistido por Cesc, con el que se entiende a la perfección, Hazard y un Oscar de perfil más bajo que el genio belga pero tan productivo como él.

A ello contribuye también que el Manchester City no acaba de consolidarse como equipo 100% fiable. Pueden ganar la Premier, qué duda cabe tras llevarse dos de los tres últimos títulos. Pero dejan una imagen de equipo sin demasiadas alternativas (no hablo de nombres) ni fortaleza anímica. Ocho goles encajados en los cinco compromisos de lo que va de año con dos únicas victorias caseras ante rivales asequibles es el pobre bagaje de la escuadra de Manuel Pellegrini, que ha vuelto a ver como se abre hueco entre ellos y los de Mourinho en pocos días tras los pinchazos ante Everton y Arsenal. Todo ello mientras lamentan la ausencia de Yayá Touré, inmerso con su selección en la Copa de África.

Con la Premier descansando hasta la semana que viene por la disputa de la FA Cup, el siguiente partido liguero se presenta como una gran oportunidad para ambos contendientes al título. Será en Stamford Bridge donde el Chelsea recibirá a un Manchester City necesitado de una victoria que reafirme su vigencia y apriete de nuevo la clasificación. En cambio los hombres de Mourinho llegarán tras un doble enfrentamiento en semifinales de League Cup ante el Liverpool, pero con la gran ocasión pese a todo de ampliar a ocho puntos una diferencia que puede comenzar a ser vital tras la disputa de casi dos tercios del campeonato además del inminente regreso de la Champions que obligará a repartir fuerzas.

Una ilusión que toma forma

Hace una semana la eliminatoria quedó bien encarrilada. Anoche, dos goles más al descanso dejaban un parcial de 4-0 favorable al Málaga. ¿Cabía alguna duda sobre qué equipo avanzaría a la siguiente ronda? Pues al final las hubo. Una caraja blanquiazul, una gran reacción levantinista de mano de Barral y lo que apuntaba a noche tranquila para la expedición malaguista casi acaba en tragedia en medio de una épica remontada granota.

La inexplicable siesta de los hombres de Gracia alimentó las ganas de Barral, cuya exhibición en la media hora que estuvo sobre el césped del Ciudad de Valencia casi da la vuelta a una llave cuya historia parecía escrita. El gaditano perforó dos veces las mallas de Ochoa (la segunda ocasión tras destrozar al debutante Filipenko) además de asistir a Juanfran en el gol que ponía al Levante por delante en el partido, que no en el global.

Poco después el susto casi provoca un infarto en el malaguismo. Cuarto gol local, el pase pendiendo de un hilo. Afortunadamente el árbitro sancionó la mano de Barral, que cerraba una actuación de ensueño con un acto de pillería que si llega a salirle bien hubiera puesto patas arriba un choque al que le restaba un tiempo de descuento que hubiera sido dramático. Afortunadamente para el Málaga no fue así.



Mentiría si dijera que no existe una ilusión palpable en la afición. Dadas las circunstancias, la posición en la tabla así como el rédito logrado respecto a los puestos de descenso (15 puntos de diferencia) permiten centrar más fuerzas en la Copa que en la Liga, lo que no sería excusa para despistarse del todo ante lo mucho que queda de competición. Pero tampoco al haber sido hasta ahora la segunda unidad la que ha llevado al equipo hasta cuartos de final, lo que no ha desgastado a los Amrabat, Samu Castillejo, Darder o Kameni.

Las dos próximas semanas separan al malaguismo de la gran barrera histórica del club, unas semifinales que en torneos oficiales se han alcanzado en tan solo dos ocasiones y únicamente una se superó (Intertoto 2002). Eso sí, en Copa del Rey pese a haber alcanzado los cuartos de final anteriormente hasta en seis ocasiones, tan solo en 1973 se pasó a semifinales tras apear a UD Las Palmas, Celta de Vigo y Deportivo de La Coruña. En aquella ocasión el Athletic Club de los Iríbar, A.M.Villar o Iñaki Sáez les apartaría de una final que los leones se apropiarían tras vencer al Castellón.

Cuando hace apenas seis meses reinaba la incertidumbre por el futuro de la institución nadie imaginaba un futuro (a corto plazo) tan alentador a estas alturas. El grupo funciona fantásticamente de la mano de un Javier Gracia que está llevando a cabo una obra tan buena como inesperada. ¿Se puede soñar con ser campeones? Vayamos paso a paso, que en cuartos esperarán o un Celta herido en su orgullo o un Athletic Club ampliamente experimentado en estas lides. Mejor no mirar más allá, mejor que la ilusión lleve en volandas a equipo y afición ante el próximo reto, porque por una vez parece que toma forma la posibilidad de hacer algo verdaderamente grande.

#vamosMálaga #AporlaCopaMCF

Engineering for the Petroleum and Process Industries Club (?)


¿Se puede mantener una conversación en el trabajo en la que se habla durante unos minutos sobre la sorprendente revelación de la liga egipcia? Si estás tan enfermo como yo y tienes un compañero al que le gustan las apuestas arriesgadas, la respuesta es sí. 

Una competición con más de 60 años de antigüedad que tan solo han ganado siete clubes diferentes durante su desarrollo con el dominio de Al Ahly (aplastante, cabe decir) y Zamalek no acostumbra a vislumbrar proyectos que alteren el orden establecido. De hecho en lo que llevamos de siglo tan solo el Ismaily (2002) ha sido capaz de romper el dominio absolutista de dos gigantes que además acumulan entre ambos trece Champions africanas. Casi nada.

¿Quién pues osa discutir a los colosos egipcios? El ENPPI Club, una entidad nacida a inicios de los años 80 que apenas lleva desde el curso 2002-03 en la máxima categoría. Desde entonces sus campañas han sido más que reseñables. Dos títulos de copa nacional así como otras tantas presencias en la final e incluso un subcampeonato liguero en 2005, justo el mismo año en que obtuvieron su primera copa.

En esta ocasión sus excelentes registros en el torneo de la regularidad son los que les mantienen en la zona noble de la tabla, aunque es cierto que últimamente han bajado sus prestaciones en este apartado ya que apenas suman dos dianas en sus tres apariciones más recientes. Hasta finales del año pasado (o sea hasta hace unos días) eran líderes, aunque una inesperada derrota como locales ante Al Masry, que tras cuatro derrotas consecutivas fueron a vencer en el último minuto en casa del puntero. Cosas del fútbol. Sin embargo los hombres de Tarek El Ashry, cuyo ataque es el mejor de Egipto (son el único equipo con una media superior a dos goles por encuentro), han sabido reponerse para mantener su apuesta al alza.

La disputa por ahora es con Zamalek, con el que llevan meses pugnando codo con codo pero a los que ya vencieron el 25 de Diciembre (único traspiés de Los Caballeros Blancos) en el June Air Defence. En cuanto a Al Ahly sus compromisos internacionales (que les han reportado dos títulos más) significaron el aplazamiento de varios encuentros durante los meses de Noviembre y Diciembre, por lo que aún continúan recuperando fechas. Eso sí, ya son cuartos en la tabla, aún a 13 puntos de la punta pero con cuatro choques pendientes.

¿Puede un club de un perfil tan bajo al que solo acuden a ver regularmente 8.000 hinchas hacer frente a dos titanes de la magnitud de Zamalek y Al Ahly? Con la liga egipcia a punto de llegar a su ecuador todo hace apuntar que al menos esta temporada tendremos un interesante animador dispuesto a romper el duopolio eterno.