.

.

Superliga 1955

El Rot Weiss Essen campeón, participante de la primera Copa de Europa

La Superliga europea, un rumor que toma cada vez mayor fuerza con el paso del tiempo y amenaza con hacerse realidad en pocos años, acabaría con decenas de bellas epopeyas como las que nos ha dejado la historia de las competiciones europeas durante décadas, algo que obviamente destaca aún más en el siglo pasado, antes de los privilegios que la Champions League, la entrada masiva de capital ajeno al fútbol (oligarcas, jeques, televisiones, empresas privadas) y la Ley Bosman dieron a las grandes ligas/mercados para abrir un abismo prácticamente irreconducible.

Mirar al pasado nos ofrece años gloriosos de clubes como el CSKA Sofía, antaño matagigantes de la Copa de Europa, el Nottingham Forest, sorprendente campeón en la mejor liga inglesa de siempre y posterior doble monarca europeo, o el propio Real Madrid, que de haber nacido la Superliga en 1955 quizá nunca habría pasado de ser simplemente un buen equipo en España, pero nada especial a nivel continental. Las gestas que les han hecho grandes, a esos 3 clubes y a centenares más independientemente de los títulos que atesoren, pueden convertirse en una realidad imposible si nace el torneo continental privado, que no olvidemos que no proclamará al campeón de Europa (en su génesis un vencedor del campeonato nacional del año anterior), sino al vencedor de la Superliga.

Para que los aficionados de aquellos equipos que se supone integrarán la cacareada Superliga sientan un poco de empatía vamos a retrotraernos a dos épocas diferentes. La primera será esa misma competición, con el principio de incluir a clubes ganadores en años recientes en sus ligas, que a su vez serán en ese momento los más potentes de Europa, en parte por su historia, también por su potencial económico.


¿QUÉ CLUBES HABRÍAN INTEGRADO LA SUPERLIGA EN 1955?

Desde luego, PSG (no existía), Olympique Lyon (sus dos trofeos eran de campeón de la Ligue 2) Manchester City (7º ese año, subcampeón de FA Cup, 18 años desde su única liga) o la Roma (subcampeona ese curso, tras pasar un año en Serie B recientemente, con un Scudetto en su palmarés) seguramente no habrían formado parte del proyecto. Es como si actualmente considerasemos al Córdoba, el Brighton & Hove Albion o el Lecce para integrar un supercampeonato europeo.

Silvio Piola, legendario goleador italiano de la Pro Vercelli
El Real Madrid lo habría tenido complicado para entrar. Santiago Bernabéu era un hombre cada vez más influyente. Había salvado al club de la bancarrota y el descenso pocos años antes, logrando que obtuviera su tercera liga española en 1954 (también en 1955), ya con Di Stéfano y Gento entre sus filas. Sin embargo Athletic Club y Barcelona tenían un palmarés tanto liguero como copero superior, con , mientras que acababa de igualar al Atlético y superar al Valencia en Ligas. Era pues, un club en pleno crecimiento que pronto alcanzaría una dimensión increíble, pero que de haber nacido la Superliga en 1955 quizá no habría sido incluido. Aunque si los blancos tenían buenas perspectivas, sin ser seguras, más difícil lo habría tenido el Atlético de Madrid. Sí, tenía las mismas ligas que el su rival ciudadano, aunque bastantes menos copas, y sin dudas globalmente estaban por detrás de Leones y Culés.

Tal como mencionaba arriba, PSG y OL no habrían aparecido en ninguna quiniela. Pero aquellos que conocen un poco la Ligue 1 se sorprenderán ya que tampoco Olympique Marsella ni Saint-Étienne, máximos vencedores históricos, habrían sido considerados. Tampoco Nantes, Mónaco o Girondins ¿Cuáles eran entonces los dos clubes más exitosos? Lille y Stade Reims, campeón ese año, destacaban con 3 títulos cada uno. En cuanto a la liga alemana hay que considerar factores como su división (zonas ocupadas por los vencedores de la WWII, además de partes oriental y occidental) a la hora de hablar de sus clubes. El Bayern Múnich había ganado su único título hasta el momento más de dos décadas antes. En 1955 el Rot Weiss Essen (participante en la primera edición de la Copa de Europa) y el Rot Weiss Érfurt fueron los campeones nacionales, si bien los grandes dominadores en el palmarés eran Nürnberg y Schalke 04. De hecho el Borussia Dortmund no había ganado aún un campeonato alemán, como tampoco Stuttgart o Werder Bremen.

¿Qué hay acerca de los italianos? El panorama también sería diferente, aunque no tanto como en Francia o Alemania. En 1955 el Genoa y la Juventus lideraban el palmarés de la Serie A con 9 entorchados, por delante de Inter y Pro Vercelli (7), Torino y Bologna (ambos con 6), aunque el AC Milan sumaba su 5º Scudetto aquella primavera. Basándose en historia y palmarés los genoveses habrían entrado en la Superliga, así como la Pro Vercelli, aunque aún estaba muy reciente el accidente de Superga que acabó con el Grande Torino. Juventus e Inter sí habrían estado en la terna de los 4 italianos, pero el Milan lo habría tenido más complicado, quedando la AS Roma relegaba ante la superioridad de sus adversarios. Por supuesto ni hablar de una SS Lazio que aún tardaría casi dos décadas en alzar su primer Scudetto.

Finalmente los ingleses, amantes del marketing y supuestamente también del clasicismo en el fútbol (espero que ellos luchen por mantener el status-quo, que tampoco es la panacea aunque sí mejor que la Superliga). Por aquel entonces la fama que daban al Wolverhampton Wanderers contribuyó a la creación de la Copa de Europa. Los Wolves, que acababan de ganar su primera liga, aún estaban lejos de los 7 títulos del Arsenal, los 6 de Sunderland y Aston Villa o los 5 de Everton y Liverpool. Los clubes de Manchester, teniendo bastante historia y algunos entorchados, estaban a años luz de su dimensión actual.

El Athletic Club campeón de Copa de 1955, con Gaínza, Cedrún y Garay en sus filas

Recapitulando, si el año en que comenzó a disputarse la Copa de Europa se hubiera creado una Superliga al estilo de lo que se propone ahora, estos habrían sido los probables participantes:

SEGUROS
Athletic Club Bilbao
FC Barcelona
Juventus Turín
Genoa
Nürnberg
Schalke 04
Arsenal
Aston Villa
Sunderland
Lille OSC
Stade Reims

El resto de cupos hasta completar los 16 habrían estado entre Real Madrid (bastante probable), Inter, Pro Vercelli, Everton, Liverpool, Atlético de Madrid o OGC Nice. Clubes que los años previos habían sido auténticas potencias europeas como Honved Budapest, Rapid Viena, Sporting Portugal, Sparta Praga o Dynamo Moscú no habrían sido considerados, con lo que el Benfica no habría disputado tantas finales (2 títulos) ni el Ajax tendría 4 Copas de Europa, por destacar dos de los ejemplos más clamorosos de lo que no debería suceder jamás.

Si hipotéticamente leyera esto un chico de Angers seguidor del PSG, o un bielorruso aunque hincha del Manchester City, probablemente le dé por pensar que quizá en unas décadas el club de su localidad podría convertirse en un grande si hiciera las cosas tan bien como por ejemplo el Olympique Lyon, que tan solo a comienzos de la pasada década ganó la primera de sus siete ligas, razón por la cual es considerado para la Superliga (eso y que están cada año arriba en Francia). Esos dos equipos mencionados a comienzos del párrafo, así como AC Milan, AS Roma o Manchester United no habrían sido tomados en cuenta.

¿Y si el proyecto hubiera nacido por ejemplo en 1975?

Apenas dos décadas más tarde el panorama habría cambiado de nuevo. A nadie se le habría pasado por la cabeza prescindir de Celtic, Ajax, Benfica, Milan, Feyenoord, Inter o Manchester United. Para entonces el Bayern Múnich estaría festejando su segunda Copa de Europa, de la que el Madrid era por entonces máximo vencedor con 6 trofeos.

Blokhin, leyenda del magnífico Dynamo campeón de la Recopa
Seguramente el Liverpool habría sido incluido, ya campeón de la UEFA recientemente y con alguna que otra buena campaña en Copa de Europa. Puede que también el Dynamo Kiev, dominador en la URSS que con Blokhin y Lobanovskiy obtuvo la Recopa de ese 1975. El Barcelona lo habría tenido más difícil pues tan  solo habría sumado una liga en los últimos 15 años, permitiendo que el Atlético se le acercase mucho (además los colchoneros fueron subcampeones de Europa en 1974 y campeones intercontinentales), aunque ambos jugarían mientras el Athletic Club quedaría excluido. En Alemania el Nürnberg habría mantenido su estatus, quedando relegado un Schalke 04 cuyo último grito de campeón nacional se dio en 1958. En cuanto a Francia seguiríamos sin noticias del invento de Canal Plus (a.k.a. PSG) ni del mediocre OL, que verían a Saint Étienne impornerse a Olympique Marsella y Nantes por la supremacía gala.

Como se puede apreciar, el panorama nacional e internacional cambia bastante en pocos años, no digamos si tenemos en cuenta varias décadas, que demuestra que muchos antaño poderosos no son hoy más que clubes de bella historia aunque presente más modesto, y viceversa. Quizá entonces una Superliga en la que sus integrantes renunciasen a disputar los torneos domésticos no sería tan divertida cuando alguno de sus 16 participantes pasase décadas sin ganar nada. ¿Dónde quedaría su grandeza? ¿Quién querría jugar en un Barcelona sin Messi que no gana nada tras 15 años sin el astro argentino? ¿O en una Juventus que siempre se queda a las puertas pero siempre ve festejar a otros? Porque los aficionados de estos clubes entre otras cosas tendrían que acostumbrarse a perder, pues ganar solo puede uno,  y en un campeonato con tantos partidos de nivel no sería sencillo vencer habitualmente ni aspirar a ser campeón, cosa que sí viven en sus ligas nacionales cada semana.

Una Superliga clasista de poderosos no solo sería injusta y estúpida, también acabaría con historias maravillosas de clubes que hoy están en mitad de tabla de sus ligas (como el Sevilla hace 15 años) o en segundas divisiones (como el Manchester City a principios de siglo) que ya nunca podrían aspirar a realizar gestas por el sistema cerrado que unos pocos quieren imponer al resto.

¿Es este el fútbol que queremos? Dudo que ningún aficionado que reflexione acerca de ello se convenza de un sistema tan mezquino, antidemocrático y que poco o nada tiene que ver con el deporte.

Humillación a la escocesa

Vogorotskiy festeja el 2-0 con Suat y Pertsukh ante un Armstrong estupefacto

Unos días después de enorgullecerse por la gran remontada del equipo nacional de rugby ante Inglaterra en Twickenham que sirvió para mantener la Calcuta Cup, hoy Escocia ha vuelto a sentir la profunda tristeza que le produce su selección de fútbol. Para colmo, encajando una goleada inexplicable ante los representantes de un país que no tiene ni 30 años de vida. En aquella época la Tartan Army disputaba aún con cierta frecuencia Eurocopas y Mundiales, competiciones de las que han desaparecido este siglo.

Antaño innovadores en los albores del fútbol, mirados con recelo por los ingleses debido a su juego en base al pase para superar a los rivales, los que un día eran seguramente los mejores del mundo hoy no son más que la caricatura de un equipo que solo puede consolarse mirando su precioso pasado. En tan solo 10 minutos el Astaná Arena ya había celebrado dos tantos locales. Los de Alex McLeish se mostraban impotentes, anonadados. El 3-0 supuso un golpe lapidario que les dejó sin reacción.

Sin duda, dista mucho del inicio deseado por una selección que ocupa el lugar 40 en el ranking FIFA y no disputa una fase final de una competición importante desde 1998, cuando se clasificó al Mundial de Francia. El drama para un fútbol cada vez más debilitado se refleja en el presente de sus grandes: tras la refundación del Rangers el Celtic ha ganado todas las ligas nacionales casi por defecto, sin poderle hacer frente real clásicos como Aberdeen, Hearts o Hibernian (que también descendió en este periodo). Sin competencia interna destacar internacionalmente es realmente complicado, ya sea a nivel de clubes o de selecciones nacionales. Ello, unido a la falta de talento incipiente ha condenado a Escocia las dos últimas décadas a la mediocridad.



¿Volveremos a ver a jugadores como Dalglish o Law representando una Escocia respetable? Por lo pronto el domingo visitan San Marino, buen lugar para empezar a reconstruir un camino que ha comenzado mucho peor de lo esperado.

Lo que ojalá fuera el VAR

La sala del VAR durante un encuentro del Mundial de Rusia 2018

Las cifras están ahí: 98% de acierto en los penaltis, 97% en las amonestaciones y 94% en los fueras de juego gracias al VAR desde su implantación esta temporada en la Liga Española. Puntualizo: el amplísimo porcentaje lo es aplicado a las acciones en que se ha requerido su empleo, o en las que desde la sala se ha pedido al árbitro que consulte la pantalla a pie de campo. Hemos mejorado, y sin embargo la frustración entre muchos hinchas es mayor que anteriormente.

Para mi la respuesta es más sencilla de lo que aparenta, ya que creo que el sistema es ampliamente mejorable. ¿De qué modo? Eliminando toda subjetividad, permitiendo que los equipos lo soliciten (una vez por tiempo, con penalización*) y avisando desde la sala de VAR en todo penalti y agresión o falta muy evidente que el árbitro no sancione por la razón que sea. ¿Se busca que este deporte sea todo lo justo posible, no? Pues aún socavando la autoridad arbitral creo que será mejor contentar a miles de aficionados que indignarles, más aún cuando desde casa vemos cosas a veces tan evidentes que cuesta mucho creer que no se sancionen (o sí, representando un error flagrante). En cuanto al trencilla, no creo que nadie en su sano juicio se enoje por recibir una ayuda exterior, más aún en un ámbito tan complicado como el arbitraje del fútbol.

¿Cómo hubiera cambiado la historia de este deporte con el VAR siendo empleado como durante el pasado Mundial? Mismamente en España nunca habríamos tenido que sufrir frustraciones como la provocada por Sandor Puhl en USA'94 o Al Ghandour en Korea'02. La expulsión de Tasotti o los goles no-anulados a la selección española quizá ni si quiera hubieran significado el triunfo, pero al menos sabríamos que de haber perdido habría sido por nuestra incapacidad, nunca porque un árbitro cometió gruesos errores decisivos para el devenir de un equipo en un partido eliminatorio de Mundial.

Esas son tan solo dos muestras, pero todo aficionado al fútbol alrededor del globo recuerda sin duda momentos frustrantes del pasado en los que ha tenido la sensación de sentirse agraviado. Todo lo acaecido anteriormente no podemos cambiarlo, aunque sí debe servirnos para aprender, para recapacitar, para mejorar. Por ello mismo creo que el VAR debería por un lado unificar criterios, al menos a nivel continental, y por otro intervenir mucho más en jugadas que como mencioné anteriormente sean decisivas. No olvidemos que se trata de un deporte en que la mayoría de encuentros se deciden por un único tanto, y en el que no es lo mismo si un jugador es expulsado en el minuto 15 que si sigue disputando el partido. Esos pequeños detalles tienen un peso gigantesco, por ello para dotar de credibilidad al sistema, eliminando toda suspicacia por parte de aquellos que se centran en la polémica en vez de en el juego, deberían aplicarse mejores que lo conviertan en incuestionable.

Así quizá no haya que echarse más las manos a la cabeza por las atrocidades que puedan cometer de vez en cuando los Luis Suárez, Raúl García, Sergio Ramos, etcétera.


* Podría hacerse de esta manera: si se solicita en el primer periodo pero resulta que ha resultado una perdida de tiempo (por ejemplo pedir un penalti sobre Luis Suárez cuando se ha tirado), el equipo pierde su otra petición durante el partido. Si sucede en el segundo tiempo, pierde una petición para el siguiente encuentro.

La historia del revés (edición Copa de Europa 1956-1985)

La historia del fútbol está repleta de "y si...". ¿Y si finalmente Cruyff hubiera firmado por el Real Madrid en 1973, o Di Stéfano por el Barcelona dos décadas antes? ¿Y si Asamoah Gyan no hubiera errado aquel penalti al final de la prórroga de los cuartos de final del Mundial 2010 en aquel dramático Ghana-Uruguay? ¿Y si Hungría no se hubiera confiado ante Alemania en la final de Berna de 1954, u Holanda, nuevamente ante los germanos, en 1974? Hay un millón de divertidas posibilidades dentro del fútbol ficción, por eso iniciamos esta serie con la Copa de Europa / Champions League tomando dos vertientes: ¿y si todos los que perdieron la final de cada edición hubieran sido los campeones, cómo quedaría el palmarés?

La copa entregada desde 1956 hasta 1966
Vamos por periodos, comenzando por el que nos lleva de la edición 1955-56 a la 1964-65. Obviamente todos sabemos que la leyenda de la competición así como de su club más ilustre se inicia con un quinquenio victorioso, algo tan excepcional que desde entonces tan solo Milan, Liverpool, Bayern y Barcelona han alcanzado o superado esa cantidad de títulos tras más de 6 décadas de competición. Una locura. Pero como no toca entrar en relatar a los campeones, nos centraremos en este capítulo de fútbol-ficción en los que se hubieran alzado con la ánfora. 

El primer vencedor habría sido el excepcional Stade Reims, capitaneado por Raymond Kopa, el Napoleón del Fútbol. El Real Madrid de Gento y Di Stéfano sumaría su primera decepción, algo que repetirían durante todo ese lustro. Así, la Fiorentina se proclamaría campeona en el Santiago Bernabéu al año siguiente frente a la parroquia blanca. Ya en 1958 el AC Milan tomaría el relevo de sus compatriotas, alzando la primera orejona de los rossoneri. Un año más tarde el Stade Reims lograría el honor de convertirse en el primer club en repetir título, aunque esta vez Raymond Kopa estaba en las filas rivales. El letal Just Fontaine, llegado al campeón francés el mismo verano que defendieron su primera Copa, les dirigió hacia el gran triunfo. Finalmente, el Real Madrid cerró su ciclo negro con otra derrota ante el Eintracht de Frankfurt, inaugurando éstos el palmarés para las entidades alemanas.

Primer título para el Benfica y el magnífico Eusebio
1961 traería nuevos finalistas. En el Wandorsfstadion de Berna, donde la década anterior Alemania derrotase a Hungría (que bello que hubiera sido al revés), el Barça se proclamó como primer campeón español tras superar al Benfica. Al fin la campaña siguiente el Real Madrid inauguraría su palmarés ante un Benfica de Béla Guttman, que se marchó de nuevo a dirigir a Sudamérica sin ver campeón a sus Águilas. Eso sí, por fin la insistencia de Puskás, Gento y Di Stéfano tuvo premio. Curiosamente, ya sin el gran técnico húngaro el Benfica obtuvo su primera Copa de Europa a costa de un Milan que pretendía reeditar la gloria que había saboreado años antes. El doblete madridista, esta vez contra el Inter, y de nuevo una derrota nerazzurra en 1965, esta vez ante el Benfica, cerraron las 10 primeras ediciones de este fútbol ficción que arrojaría el siguiente palmarés:

PALMARÉS 1956-1965 - 2 títulos: Stade Reims, Benfica y Real Madrid; 1 título: Fiorentina, AC Milan, Eintracht Frankfurt, Barcelona.

Por lo pronto ello implicaría que tres clubes que jamás han ganado el título habrían sumado 4 trofeos, siendo especialmente significativo el caso de un Stade Reims que lleva décadas a caballo entre la Ligue 1 y Ligue 2 francesas.

A mediados de los 60 ya habían irrumpido los Beatles, Estados Unidos invadía Vietnam y el Mundial de Inglaterra asomaba ante un ilusionante verano de 1966. Al mismo había llegado como campeón el Partizán de Belgrado yugoslavo, con Mustafa Hasanagic rompiendo redes y el excelso Vasovic como capitán general. Suponía la 6ª derrota del Real Madrid en once ediciones. Para la siguiente, eso sí, el Inter eliminaría el mal sabor de boca de años anteriores derrotando en Lisboa al Celtic de Glasgow. Pese a las gambetas de Jimmy Johnstone la calidad de Luis Suárez, Jair y compañía se impuso a los verdiblancos. En 1968 el Benfica se situaba como máximo ganador del torneo al levantar su tercera Copa para gloria del imparable Eusebio, dejando con la miel en los labios a los Best, Law y Charlton que partían como favoritos. Doce meses después irrumpe el fútbol total de Johan Cruyff y sus melenudos compañeros holandeses, ganando su primera Copa de Europa ante un AC Milan que sumaba su 2º subcampeonato. Cierra el quinquenio como campeón el Celtic escocés, que por fin se llevó la Orejona a casa para convertirse en el primer campeón británico, en esta ocasión a expensas del Feyenoord.

Los leones de Milán, campeones en San Siro en 1970
1971 dejó un gran bombazo con el Panathinaikos griego (dirigido por Ferenc Puskás) batiendo al poderoso Ajax. Otras dos derrotas para los de Ámsterdam llegarían los dos siguientes cursos, siendo superados por Inter y Juventus respectivamente. En 1974 el Atlético de Madrid se convertía en el tercer club español en alzar el título tras derrotar al Bayern Múnich con un golazo de falta de Luis Aragonés (al inicio del vídeo). La década la completa el increíble Leeds United de Don Revie, derrotando nuevamente a la tropa de Beckenbauer, Gerd Müller y Uli Hoeness.



PALMARÉS 1966-1975 - 2 títulos: Inter de Milán; 1 título: Partizán Belgrado, Benfica, Ajax Ámsterdam, Celtic Glasgow, Panathinaikos, Juventus, Atlético de Madrid, Leeds United.

PALMARÉS TOTAL 1956-1975 - 3 títulos: Benfica; 2 títulos: Inter de Milán, Stade Reims, Real Madrid; 1 título: Fiorentina, AC Milan, Eintracht Frankfurt, Barcelona, Partizán Belgrado, Ajax Ámsterdam, Celtic Glasgow, Panathinaikos, Juventus, Atlético de Madrid, Leeds United.

La Península Ibérica ha dominado las dos primeras décadas de la competición, con el Benfica como principal fuerza, junto a los españoles Real Madrid, Barcelona y Atlético. Italia suma cuatro campeones diferentes, mientras Reino Unido ya aparece en un palmarés que daba la bienvenida a los campeones de Holanda, Grecia o Yugoslavia.

A mediados de los 70 se vive una época dorada para bandas como Queen, AC/DC, Def Leppard, artistas como Elton John, o la aparición de la música disco. Películas como Grease asomaban como un cambio de tendencia, de liberación sexual y juvenil, mientras en España caía la dictadura de Franco. En lo futbolístico nada cambiaba para un Bayern nuevamente derrotado, ahora por el Saint Étienne, que casi dos décadas después volvía a llevarse la Copa a Francia. Los años venideros supondrían una pesadilla para los ingleses, siempre muriendo en la orilla: el Liverpool caería consecutivamente ante Borussia Mönchengladbach y Brujas. Repetiría trauma el Nottingham Forest del genial Brian Clough, hincando la rodilla ante el Malmö sueco y posteriormente ante el Hamburgo. Nuevamente el Liverpool caería, en esta oportunidad ante un Real Madrid que alcanzaba al Benfica como máximo monarca. 

Hamburgo campeón 1980 ante el Forest de Brian Clough
La edición 1981-82 conllevó finalmente el primer trofeo para el Bayern Múnich, que con el magnífico Rummenigge, el completísimo Breitner, el expeditivo Augenthaler o el veterano Uli Hoenness reinó sobre el debutante Aston Villa. Nuevamente el Hamburgo alcanzaría la máxima instancia un año después, aunque la Juventus de Platini y Boniek, un auténtico equipazo, dio cuenta de ellos en la primera final en 6 años sin clubes ingleses. Ya en 1984 la Roma festejaría en el Olímpico ante el Liverpool, al que derrotó en una tensa tanda de penaltis tras un feo partido. Eso sí, tras 4 derrotas en el encuentro decisivo en apenas una década, la constancia del Liverpool obtuvo recompensa, dejando con la miel en los labios a la potente Juventus.


PALMARÉS 1976-1985 - 1 título: Saint Étienne, Borussia Mönchengladbach, Brujas, Malmö, Hamburgo, Real Madrid, Bayern Munich, Juventus, AS Roma, Liverpool.

PALMARÉS TOTAL 1956-1975 - 3 títulos: Benfica y Real Madrid; 2 títulos: Inter de Milán, Stade Reims, Juventus; 1 título: Fiorentina, AC Milan, Eintracht Frankfurt, Barcelona, Partizán Belgrado, Ajax Ámsterdam, Celtic Glasgow, Panathinaikos, Atlético de Madrid, Leeds United, Saint Étienne, Borussia Mönchengladbach, Brujas, Malmö, Hamburgo, Bayern Munich, AS Roma, Liverpool.

El Malmö en acción ante el Forest en la final de 1979
Este ejercicio de imaginación histórica nos arroja en su primera edición los siguientes datos (habrá otra con el resto de la competición):

- Más títulos:  Benfica y Real Madrid, con 3.
- Más subcampeonatos: Real Madrid con 6, con 4 para Liverpool y 3 para Ajax Ámsterdam y Bayern Múnich.
- Ningún equipo ha repetido título al año siguiente de haberse proclamado campeón.
- El Real Madrid tiene el récord de finales perdidas consecutivamente, con 5. Los clubes ingleses cayeron derrotados en 6 finales seguidas.
- 12 nacionalidades distintas para los clubes campeones: Francia, Italia, Alemania, España, Portugal, Suecia, Bélgica, Holanda, Grecia, Escocia, Inglaterra y Yugoslavia.
- Mejor jugador histórico: Eusebio, con tres títulos y 47 goles.


Tan pronto como podamos saldrá la segunda parte de este artículo, aunque ahí va un adelanto: el Benfica seguirá ganando, importante estancamiento del Real Madrid, gran crecimiento de la Juventus y los clubes ingleses. Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo escribiéndolo.

Ajax vs Cruyff

Tendemos a mirar al césped para explicar un partido, una inercia, los goles, los títulos. Cuando las cosas van mal, o transcurren extraordinariamente bien, torcemos el cuello hacia el banquillo. Solo si una situación es pésima durante más tiempo del recomendable, cosa que depende de la idiosincrasia de cada club, se alza la vista al palco, aflorando los pañuelos, los pitidos, las protestas por doquier. Realmente, cada estrato que compone una entidad forma el todo que define porqué un plantel juega de un modo determinado, va mejor o peor en función de sus aspiraciones, o tiene unos objetivos u otros.

Por eso esta historia trata del genio de Johan Cruyff, pero también de las tres veces que, directa o indirectamente, la directiva de su amado Ajax fastidió la relación con su emblemática estrella. Las tres ocasiones, además, dejaron un vacío en la entidad de Ámsterdam, llevándose El Flaco consigo la gloria a otro lado. Lo que viene a continuación es una reflexión en base a la recomendable autobiografía del genial 14, en la que relata los hechos acaecidos:

1973: tras obtener su tercera Copa de Europa consecutiva los dos clubes españoles más potentes se lanzaron por Cruyff. El Real Madrid, que manejaba informes de Miguel Muñoz desde 1967 aconsejando su fichaje, acordó con el Ajax 30 millones de € por el traspaso. Jaap van Praag, presidente de la entidad neerlandesa, vio la oportunidad de negocio cuando el Barcelona entró en escena, iniciándose una puja por el crack. Al faltar a su palabra con los madridistas, Santiago Bernabéu se negó en redondo a pagar más por un jugador por el que ya había alcanzado un acuerdo. Ello dejó vía libre a un Barça que pasó por dificultades para hacerse con el 14 pese a que éste llegó a amenazar al Ajax con retirarse del fútbol si no se concretaba su fichaje por un equipo por el que ya guardaba desde tiempo antes simpatías personales y políticas. Además estaba el hecho de haber coincidido con Rexach en Mallorca varias veces durante sus vacaciones, así como haber visitado a su apreciado Rinus Michels en la Ciudad Condal tras su llegada al club culé.

Sin embargo Cruyff había renovado por el Ajax poco tiempo antes por 7 temporadas más. Había decidido criar a sus hijos en Holanda, asegurando su futuro económico y el de su familia. Tiempo antes, con la llegada del técnico rumano Stefan Kovács, las rencillas comenzaron a surgir en el plantel debido al estilo en la dirección del entrenador. Siguieron ganando, sí, pero en el vestuario comenzaron a surgir los descontentos ante una figura tan diferente a la de Rinus Michels. Pese a la marcha de Kovács en verano de 1973, el daño ya estaba hecho. Al llegar George Knobel al banco ajaccied se sugirió una votación para elegir capitán. Esto extrañó a Cruyff, que daba por sentado que tenía que ser él, pero su compañero Piet Kiezer también reclamaba una capitanía que finalmente le fue otorgada. Esto dolió tanto a Cruyff que inmediatamente pidió a su agente Cor Coster (que también era su suegro) que le buscase un nuevo equipo. Según relata el ex jugador en sus memorias quizá el hecho de tener que suplantar en cierto modo la autoridad del entrenador ante el laissez-faire de Kovács le generó antipatías entre sus compañeros, lo que derivó en esta herida que le hizo querer salir del club de sus amores.

Agustí Montal, presidente del Barcelona que fichó a Cruyff
1981: A inicios de la década de los 80 la carrera del extraordinario atacante parecía tocar a su fin. Tras un paso dorado por Estados Unidos, tan de moda en la época (com Pelé, Beckenbauer, Chinaglia, Best...) así como unos meses en la UD Levante en la Segunda División española, Cruyff tuvo la ocasión de regresar a su Ajax. Las suspicacias le hicieron dar lo mejor de sí mismo para demostrar a sus nuevos compañeros, como Marco van Basten o Frank Rijkaard, que seguía siendo un gran jugador. En dos temporadas ganó en dos ocasiones la Eredivisie, además de una KNVB Beker (la copa nacional) en su segundo año, con un papel protagónico en los éxitos de los de Ámsterdam.

La gratificante experiencia de Cruyff en Estados Unidos, en la que además de jugar al fútbol aprendió acerca de una gestión más moderna de las entidades deportivas, le hizo ver la oportunidad de negocio en su retorno a Holanda. Legalmente el Ajax no podía pagar más un sueldo límite al jugador, que además tenía que abonar el 70% del mismo en impuestos. Por tanto ideó un sistema de acuerdo con su club por el que obtendría la mitad de las ganancias por los tickets vendidos, destinados a un fondo para su jubilación. Su lógica era la siguiente: desde su retorno juegan mejor, vuelven a ganar, dan un espectáculo que atrae a mucha más gente al estadio. 

Pero en 1983, viendo que Cruyff se embolsaba cantidades enormes que no esperaban en la directiva, éstos entraron en conflicto con Johan. El futbolista les razonó que todos ganaban, también el club gracias en parte a él. Sin embargo el descontento con su propia entidad hizo aparecer al Feyenoord en escena, asegurándole esos ingresos si firmaba por su club. De este modo, Cruyff firmó por el eterno rival, donde coincidiría con un joven Ruud Gullit, ayudándoles a ganar la Eredivisie por primera vez en 10 años. Todo ello pese a que en el tramo inicial del curso el Ajax masacró 8-2 al Feyenoord (ver vídeo). Eso sí, según palabras de Cruyff no firmó por los de Rotterdam por venganza, sino por la seriedad de su oferta.



1988: para completar su hattrick de desaires con el tipo más glorioso que jamás lideró su club, el Ajax volvió a obligar a Cruyff a marcharse por su propia dignidad. Tras su breve aunque exitoso retorno futbolístico a Holanda, el maravilloso atacante se retira con otras tres Eredivisie en otros tantos años jugando para las dos entidades más poderosas del país. El Flaco, que siempre tuvo una visión especial de lo que sucedía sobre el terreno de juego, decidió que era momento de traspasar la línea para vivir el fútbol desde el plano de la dirección técnica. Así, tras varias estancias cortas en clubes más modestos, en 1985 regresa al Ajax para liderar desde el banco un nuevo proyecto, plasmando ahora sí sus ideas a través de once jugadores. 

Los comienzos no fueron fáciles. Aunque se hacía con el cargo en el vigente campeón nacional, el PSV tenía un potente plantel que dominaría el fútbol holandés durante el siguiente lustro, ganando 4 ligas consecutivas además de una Copa de Europa con jugadores como Ronald Koeman, van Breukelen, Soren Lerby o Eric Gerets. Empero, el Ajax se hizo con la KNVB Beker tanto en 1986 como en 1987, curso en el que también lograron una inesperada e ilusionante Recopa de Europa al derrotar en Atenas al Lokomotiv Leipzig en un conjunto en el que sobresalían deportistas de la talla de Marco van Basten, Frank Rijkaard, Aaron Winter, Arnold Mühren o Rob Witchsge, con un tal Dennis Bergkamp como suplente del mítico 10.

Pero una vez más los problemas aparecieron. Van Basten fue vendido al Milan de Berlusconi a precio de ganga por culpa del propio Ajax, que no quiso pedir una cantidad (?) mayor por su traspaso. Por su parte Ruud Gullit también llegó al club lombardo por una cantidad muy superior. Esto desquició a Cruyff, que perdió a su mejor valor, además de líder sobre el césped, por una cantidad irrisoria que les dejaba mal situados en el mercado para encontrar un recambio de garantías. Sobra decir obviamente que pese a la existencia de muy buenos delanteros por aquel entonces no había ninguno de la calidad en todo el mundo del espigado holandés. Quizá Romario, si bien llegaría al PSV Eindhoven meses después del último desaire del Ajax hacia Cruyff.

Reunión de genios
Aún así no se rindió. Ese mismo verano llevó personalmente las gestiones para el fichaje de Rabah Madjer, flamente campeón de Europa con el Oporto. Todo estaba hecho, por lo que en la recta final se lo comunicó a tres personas del club, dos de ellas directivos. Debía anunciarse justo tras la Supercopa de Europa entre lusos y holandeses (recordemos, campeones de la Recopa ese mismo año), pero un directivo se fue de la lengua horas antes, lo que desbarató el traspaso. Meses antes también intentó el fichaje del británico Cyrille Regis, que el club fue posponiendo hasta que éste se proclamó campeón de la FA Cup con el Coventry City, lo que aumentó bastante su caché.

Las constantes injerencias en el plano deportivo enloquecieron a Cruyff. Durante unas vacaciones de esquí, el presidente Tom Harmsen llamó a su técnico para asegurarle iban a dejar de entrometerse en sus funciones, citándole para encontrarse con la directiva días después. Para decepción de nuestro protagonista, debió asistir a una reunión en la que los ataques sobre su persona se sucedieron, con presencia testimonial de un Tom Harmsen que no le defendió como él esperaba. Al día siguiente, el 4 de enero de 1988, presentó su dimisión. 

Tal como sucediera en 1973, quince años más tarde la idea de Johan Cruyff era fijar su residencia en Ámsterdam, creciendo profesionalmente de la mano de su club de toda la vida. En ambas ocasiones las terribles decisiones de la entidad ajaccied dieron con El Flaco en el FC Barcelona, al que resucitó y redimensionó a través de una filosofía que plasmó sobre el terreno de juego con los Stoitchkov, Bakero, Alexanco, Laudrup, Koeman, Guardiola y compañía para lograr 4 Ligas y 1 Copa de Europa. Pocas veces una entidad fue tan lesiva para sí misma como el Ajax, y a su vez hizo tantísimo por otra institución a la que cambió diametralmente su historia moderna y contemporánea.

Lo que deseamos para 2019 (y para siempre)

En la era de las fake news, la viralización, la frivolidad, la inmediatez, el populismo y el cada vez mayor auge de la extrema derecha en lugares como Brasil, Austria, Italia, Alemania o España (¿acaso la historia no nos ha enseñado nada?), vamos a pedir algo que cada día parece más difícil: empatía, respeto y el fin de lacras que desgraciadamente afectan a todos los niveles sociales, por lo que el fútbol no se libra del racismo, la homofobia y el machismo.

Icardi apoya a Koulibaly tras los desagradables incidentes en San Siro
Nunca lo entenderé, menos aún en un mundo tan globalizado. ¿Cómo se posible que tipos que alientan a jugadores de todo tipo de origen insulten a sus pares de los otros equipos? ¿En qué cabeza le cabe a un seguidor del Inter realizar ruidos de macaco o proferir maldiciones a Koulibaly cuando en su propio equipo juegan Keita Baldé o Miranda, e incluso han tenido ídolos de color recientemente como Samuel Eto'o? La contradicción es cuanto menos ridícula teniendo en cuenta que el FC Internazionale Milano basa su nombre en las bases de su nacimiento: el AC Milan no aceptaba jugadores extranjeros, por lo que una serie de socios protagonizaron una escisión para erigir una sociedad sin restricciones a los jugadores independientemente de su nacionalidad. De ahí su nombre, con un futbolista suizo como primer capitán. Pero además, ¿qué más da el color de piel de una persona? No se es mejor ni peor por el tono o color que tengamos nosotros o los demás. No, no hay razas, ni religiones, ni etnias, ni idiomas, ni nacionalidades, ni banderas, ni lugares de nacimiento/procedencia mejores que el resto. Todos somos personas, algo que cuanto antes comprendamos más nos servirá para avanzar hacia un futuro en un marco de respeto y progreso para bien común. 

Lo anterior aplica también para la homofobia (LGTBI-fobia en un sentido más amplio). Os adelanto algo: no, una persona homosexual no atenta contra la seguridad de nadie, ni contra la raza humana ni mucho menos contra las familias. Antes de que comencéis a cuestionarme (se admite siempre desde el respeto) os diré que provengo de Torremolinos, uno de los lugares de referencia en el mundo gay desde hace más de medio siglo. En mi población somos tolerantes hacia estas personas (SON PERSONAS, que a veces se nos olvida) pues no dañan a nadie, tan solo quieren vivir en libertad. Y creedme, conozco a muchos y muchas, son personas excepcionales en todos los ámbitos, varios de ellos muy buenos amigos míos. Jamás se me han insinuado ni me han "agredido" en modo alguno, conocen mi condición de heterosexual y ya está, somos tan solo personas que comparten una amistad. Para el fútbol aplica lo mismo. ¿No se trata del deporte más democrático y acogedor del mundo? Pues si jugamos personas de todos los orígenes, ¿qué más dará la condición sexual de cada uno? Por desgracia el mundo del balón sigue siendo muy homófobo, razón por la cual estos jugadores no salen del armario ante las represalias de público, clubes e incluso compañeros. Es tan triste lo que sucedió con Justin Fashanu que se entiende perfectamente que aún tras casi 4 décadas prácticamente ningún importante futbolista de élite se haya animado a dar el paso.

El machismo. "Vete a fregar", "tu lugar está en la cocina", y mierdas del estilo sobran. Simbolizan la mala educación, la falta de respeto a nuestras madres, esposas, amigas, hermanas, hijas, compañeras. Que una mujer no pueda arbitrar con tranquilidad en supuestamente algunas de las sociedades más desarrolladas del Siglo XXI es una vergüenza intolerable que debe cambiar radicalmente desde ya, pues vamos con mucho atraso. 

Por último otra gran lacra del balompié de nuestros tiempos: los problemas que generan los adultos en el Fútbol Base. Lo que debería girar en torno a la ilusión de niños y niñas acaba convirtiéndose demasiadas veces cada fin de semana en otra muestra de hooliganismo de muchos padres que no entienden que sus vástagos son solo niños que juegan al fútbol. Relea la frase si no la ha comprendido. Incluso si su hijo de 12 años demuestra una calidad muy superior a la de sus compañeros y rivales de generación ello no es motivo para comportarse como un animal, ni para faltar al respeto a otros padres, árbitros, entrenadores, rivales, compañeros e incluso a su propio hijo. Está más que dicho, pero lo importante para una persona es que se cultive a través de los muchos valores positivos del deporte, que le reportará a lo largo de su vida empatía, saber estar, desenvolverse eficazmente para trabajar en equipo, voluntad, esfuerzo y un largo etcétera. Otro factor más: ese chico debe estudiar, pues aunque sea Maradona con 16 o 20 años una desafortunada lesión podría apartarle para siempre de los terrenos de juego. Sin embargo haberse cultivado en una carrera o profesión le ayudará toda la vida pues tendrá posibilidad de trabajar. Ah, y no presione a su hijo: quiere disfrutar, según crezca querrá competir con mayor voracidad, pero nunca debe perder el foco, ni sus padres convencerle de todo lo bueno que es pues no harán más que crearle problemas. Por último: el fútbol base es formativo. Esto quiere decir que su labor es mejorar integralmente a los chicos y chicas que juegan, ganar NO es el objetivo hasta que sean profesionales, algo que sucede tan solo en un reducidísimo porcentaje.

Todo menos formación: el ejemplo que nunca hay que dar a nuestros hijos
La próxima vez antes de menoscabar la dignidad de una persona de otra raza (etnia, religión...), a una mujer, a alguien homosexual o simplemente a cualquier persona, pregúntese, ¿le gustaría que le tratasen a usted así, que gritasen eso a sus padres o a su familia? Quizá llegó el momento de reflexionar ante el sinsentido.

Listo, hay más, siempre se puede mejorar para hacer una sociedad mucho mejor, y por ende un deporte también más limpio y sano. Ahora me reclama mi hijo recién nacido, por el que lucharé a diario para inculcarle estos valores para que respete al diferente y sea empático, quizá una de las virtudes más infravaloradas a la par que importante.

Ojalá 2019 nos acerque pronto a una era de mayor cordialidad, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.