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Esclavo del fútbol


En la vida hay condicionantes que te obligan y otros a los que te agarras con fuerza, también suponiéndote esfuerzos adicionales, aunque quizá menos fastidiosos por haberlos escogido uno mismo. Todos necesitamos trabajar para poder sustentar unas necesidades básicas, por tanto generalmente sabemos qué días y a qué horas no estaremos disponibles para algo que no sea tratar de sobrevivir en la salvaje sociedad occidental, ya que las personas normales ni cobramos mucho ni podemos permitirnos demasiados lujos, eso los 'privilegiados' que podemos trabajar en países corruptos hasta la médula, con desigualdades entre estratos potenciadas desde las cúpulas que acumulan poder y riqueza fomentando una brecha insalvable e insostenible a costa del contribuyente. 

Me estaba yendo por las ramas, pero creo que ha quedado claro que ya vivimos demasiado enfocados a trabajar como para no desestresarnos haciendo lo que más nos guste el resto del tiempo (el que nos permite la familia y otros menesteres). En mi caso mi refugio siempre ha sido el fútbol, con el problema particular de haber volcado demasiado mis intereses, gustos y emociones sobre él. También mi tiempo, e incluso planes futuros.

Hace meses cuando planeaba mi boda visité junto a mi chica un lugar que nos encantó. En seguida supimos que ése sería el lugar. Faltando menos de un año para el enlace era difícil encontrar una ubicación que nos encantase, que cumpliera nuestros requisitos y que tuviera una fecha disponible. Entre ellas estaba el 28 de Mayo. Sin embargo antes de llegar hablé con ella diciéndole que ése sábado no podía ser ya que es la final de la Champions, e incluso aunque yo me abstrayera, muchos invitados no lo harían. Será dos meses más tarde, sin compromisos futbolísticos de por medio. Ese día, por cierto, uno de mis mejores amigos, hincha del Atlético de Madrid, acude a una boda para la cual viaja desde la otra punta del país. Hace tiempo le dije que ése día sería la final... hace poco volví a escribirle recordándoselo. Obviamente está jodido.

A principios de temporada echo un vistazo al calendario, como todo el mundo. No solo me interesa cuando mi equipo disputa los duelos de máxima rivalidad o cuando se enfrenta a los más poderosos. No. Me grabo el calendario, sabiendo que por lo general tal o cual fin de semana en función al horario que establezca la Liga no estaré disponible para nada. Ese día, el fútbol marcará mi agenda. Si voy a comer a casa de mis padres o de mis suegros debe ser después del partido o con la antelación suficiente. En su defecto, saber que puedo verlo allí sin interferencias ni molestia alguna, en un ambiente amigable.

Lo mismo para viajar (por cierto, cuando fui a Argentina fue por fútbol, igual que mi primera vez en Austria). Lo mismo para planificar los fines de semana. Sé que quiero estar en casa el viernes a medianoche porque juega Racing Club. O el sábado tras la sobremesa porque hay un Real Madrid-Atlético previo al Málaga-Betis. Luego quizá juegue el Inter, o con suerte el domingo a mediodía, quizá incluso a la hora de cenar. Todo ello si no hay un partidazo de la Premier, del Brasileirao o algún otro. Obviamente no los veo todos porque quiero y necesito hacer vida social. Y porque tengo una relación que mantener y sé que esto del balón es enfermizo. Pero no desconecto. Veo un rato por el iPad o el móvil, sigo los marcadores por Livescore, entro en Twitter para ver como se está desarrollando la jornada.

Afortunadamente entre semana la gente trabaja, por lo que tiene menos ganas de citarse de noche. En caso contrario nos vemos en mi casa, que hay Champions o Europa League. Aunque la faena gorda llega cuando se disputa la Copa Libertadores. Siento dolor, y hablo de verdad, por no haber podido disfrutar en directo de la mayoría de los encuentros de Racing en la competición este año, sobre todo la eliminatoria ante Atlético Mineiro. Cuando lo he visto al día siguiente lo he pagado físicamente con el agotamiento durante una dura jornada laboral, pero he sentido la alegría de haber estado cerca de los míos. Otras veces mi cerebro me despierta en mitad de la madrugada, cuando miro en el móvil como va o como ha quedado la Academia. Saberlo me alivia, aún en la derrota, pero me atormentan días como el pasado miércoles. Hubo Champions, y tras ella me esperaba la cama ya que ocho horas más tarde debía madrugar. Racing se la jugaba a las 2:45am, y yo debía levantarme cuatro horas más tarde...con todo el dolor tuve que renunciar. Perdimos, y me jode lo más grande haberme despertado con esa noticia. Descansé, pero no es consuelo por no haber podido acompañar a los míos.

Esa es otra. Mi enfermedad es poliédrica. Aunque descanso en los infumables periodos de partidos amistosos (ya sean de clubes o selecciones), sigo a varios equipos. En España es más fácil, e incluso en Italia, pero cuando se trata de Latinoamérica los horarios son un horror. Cuando trabajaba como periodista era más o menos llevadero, entre otras cosas porque tenía la excusa ante la necesidad de conocer, de estar informado. Pero querer ver un encuentro de Botafogo, de Peñarol o de Chivas a veces es imposible. Por no hablar cuando intento ver también al Benfica, al St.Étienne, enganchar de algún modo al Torpedo de Moscú, al Young Boys, al Ajax, al Celtic, al Estrella Roja o al Anderlecht.

Además una vez por semana organizo un partido con mis amigos. Alquilo una canchita, hablo con todos para acordar un horario, formo los equipos y busco los sustitutos en caso de ser necesario. Cuando pasé unos años entre Irlanda, Austria y Madrid mis colegas dejaron de jugar. Al poco de regresar a mi idílica Málaga reorganicé todo, por lo que desde entonces siempre jugamos, con un breve receso en Navidades y otro parón en verano para no asfixiarnos. Esa tarde es solo para el partido, porque nada más salir del trabajo llego a casa, meriendo fuerte, me cambio y me marcho para aparcar en un buen lugar, calentar con tiempo y recibir a todos. No cambiaré jamás el partido con ellos, y a mis 32 años espero que aún me queden un par de décadas de fútbol en las piernas.

La realidad es que ya rara vez veo más de dos partidos el fin de semana, y cuatro como mucho a la semana, aunque en los últimos tiempos he llegado a pasar alguna semana completa sin ver ningún envite (pero sí resúmenes y resultados, siempre). Quizá es que la madurez, crecer, es en parte dejar nuestra parte infantil que más disfruta con el juego. Recalco, en parte, que no es cuestión de morir del todo.

¿Soy el único enfermo de este tipo? ¿Alguno (o alguna) le sucede lo mismo?

Arranca la Allsvenskan 2016



Este fin de semana comienza la Allsvenskan aunque la temporada en Suecia ya empezó hace un mes con las eliminatorias de Copa, que han deparado una final entre el Malmö y el Häcken que se disputara en el Swedbank Stadion de Malmö el 5 de mayo, aparte del titulo copero estará en juego un puesto en la Europa League 2016/17. Para abrir boca en la primera jornada hay un plato fuerte además como partido inaugural, Malmö-Norrköping que ya se enfrentaron hace poco en cuartos de final de la Copa con victoria local y fue el partido de la última jornada de la Allsvenskan pasada que otorgó el titulo a los visitantes.


El histórico Norrköping defiende el sorprendente titulo de Liga logrado la temporada anterior en la que no partía entre los favoritos, en la Allsvenskan de 2014 había acabado decimosegundo cerca de los puestos de descenso y su última Allsvenskan se remontaba a 1992. Mantiene a jugadores claves como el capitán Johansson, el islandés Traustason y el goleador Kujovic que es uno de los pocos jugadores que militan en la Allsvenskan que tiene serias posibilidades de ir a la Eurocopa con la selección sueca, sus fichajes más destacado son el defensa islandés Fjoluson (Sundsvall) y el delantero Andersson (Djugardens), pero ha perdido un jugador importante como Fransson que ha fichado por el Basilea. Veremos como le afecta su participación en la Champions League y si puede emular al Malmö llegando a la fase de grupos.

Segundo la temporada pasada fue el Göteborg al que tres empates en las últimas cuatro jornadas le alejaron del titulo tras ser líder la mayoría del torneo. Una Allsvenskan ganada en 2007 en los últimos veinte años es un pobre bagaje para uno de los grandes del país. Esta temporada ha empezado mal cayendo en la fase de grupos de la Copa ante equipos de Segunda División, evitando que pudiera revalidar los títulos de Copa de 2014 y 2015, sus únicas alegrías estas últimas temporadas. La gran novedad es el retorno de Tobias Hysen tras su aventura china, un delantero contrastado, que asegura goles y que debe formar un buen tándem con el joven Engvall. Camino contrario ha seguido el mediocentro Gustav Svensson que ha fichado por el Guangzhou R&F.

El Malmö fue la decepción liguera la pasada temporada donde solo pudo acabar quinto pagando su brillante campaña europea que le hizo llegar por segunda vez consecutiva  a la fase de grupos de la Champions, hito en el fútbol sueco. Campeón en 2013 y 2014, esta temporada se vuelve a presentar como uno de los grandes favoritos con quizás la mejor plantilla de la Liga, a los Yotun, Arnason, Adu, Lewicki, Inge Berget, Eikrem, Rosenberg y Molins por fin recuperado de las lesiones, se han unido el centrocampista danés Christiansen y un buen delantero como el islandés Kjartansson. Aunque la principal novedad se encuentra en el banquillo con el fichaje del danés Allan Kuhn que sustituye al noruego Ahe Hareide que ha pasado a ser seleccionador danés.

Otro de los grandes como el AIK sí estuvo en la pelea del titulo casi hasta el final, termino tercero logrando plaza para la próxima Europa League. Para este curso ha sufrido dos bajas muy sensibles en la delantera con la marcha de Goitom (Getafe) y Bangura (Dalian Yifang), para intentar suplirlos han llegado los delanteros Avdic (AZ) y el finlandés Markkannen que ya estuvo hace dos años con buen rendimiento antes de su extraño paso por el Real Madrid Castilla, y a última hora también llega cedido el joven delantero Strandberg del CSKA Moscú. Siguen veteranos como Johansson, Etuhu o Ishizaki.

El Elfsborg campeón en 2012 es un clásico de la zona noble de la Allsvenskan, el año pasado acabó cuarto quedándose a la puertas de las competiciones europeos, pero eso está temporada le puede favorecer al centrarse solo en la Liga. Afronta la temporada tras la retirada del eterno Anders Svensson, una autentica leyenda del club y del fútbol sueco, también ha perdido al prometedor Arber Zeneli traspasado al Heerenveen y al defensa Holmen fichado por el Dinamo Moscú. Por el contrario ha cerrado dos buenos refuerzos con los fichajes del defensa noruego Horn y el delantero Prodell tras estar cedido el año pasado. Victor Claesson seguirá siendo un jugador fundamental.

Bastantes cambios en los capitalinos del Djugardens destacando la llegada cedido del delantero tanque Mathias Ranegie que debe aportar bastantes goles, y paliar la marcha del delantero Mushekwi al fútbol chino. Además han realizado otras apuestas bastante más exóticas como el keniata Olunga, el sudafricano Mayambela, el zimbabuense Kadewere y el surcoreano Moon Seon-min. Ha perdido un jugador importante como el defensa Bergström que se ha ido al Rubin Kazan.

El otro equipo de la capital el Hammarby que sufrió la pasada campaña para asegurar la permanencia tras ascender en 2014 debe dar un paso adelante, en la Copa alcanzó las semifinales eliminando a sus dos grandes rivales locales como el AIK y el Djugardens. Kennedy Bacirkioglu seguirá tirando del carro a la espera de cómo responden los nuevos fichajes aunque Smarason y Hallberg tienen muy buena pinta mientras los brasileños Romulo y Alex son una incógnita. Lo que tiene asegurado es el apoyo de su afición en el Tele 2 Arena.

El Häcken puede ser una de las sorpresas como ya ha mostrado en la Copa alcanzando la final, un club modesto pero que suele acertar en los fichajes sobre todo en sus jugadores de ataque. Importante el retorno del delantero brasileño Paulinho que ya estuvo entre 2007 y 2010, y que se ha hinchado a meter goles en la Copa. Del HJK llegan dos jugadores a tener en cuenta como el internacional finlandés Schuller y el delantero gambiano Demba Savage.

El Helsingborg lleva dos temporadas un tanto mediocres quedándose en mitad tabla, lejos de los puestos que ocupaba no hace tantos años, en 2011 firmó un doblete histórico. Sigue al frente del equipo el mítico Henrik Larsson que hasta ahora como técnico no ha tenido los mismos éxitos que como jugador. Además ha perdido jugadores importantes como el portero Hansson (Feyenoord), Boateng (Galaxy), Prica (Maccabi Petah Tikvah), Uronen (Genk) y Simovic (Nagoya Grampus), y los fichajes tampoco son demasiado deslumbrantes, una incógnita su temporada.

Los hermanos Elm (Rasmus, Viktor y David) y el goleador Antonsson intentaran que el Kalmar no pase tantos apuros como la temporada pasada cuando quedo solo un puesto por encima de la promoción de descenso. De los refuerzos destaca el defensa chileno Biskupovic procedente de la Universidad Católica.

El Örebro gracias a un gran final de temporada escapo de la zona de descenso hasta terminar noveno. Ha fichado al defensa Almeback y al delantero Sema, y mantiene a Ajdarevic como jugador más destacado. En el Gefle confiaran en los goles de Johan Oremo para no pasar demasiados apuros, clave la temporada pasada con 12 tantos, su fichaje más destacado es el finlandés Skrabb. El GIF Sundsvall ha traspasado a varios jugadores importantes como Nilsson (Elfsborg) y Fjoluson (Norrköping), su principal fichaje es el islandés Steindorsson procedente del Columbus Crew de la MLS. El Falkenbergs tuvo que jugar el play-off de descenso la temporada pasada contra el Sirius, salvándose por los pelos. Ha traspasado a Wede y Eriksson al Helsingborgs, y llegan Pelvas (SJK)  buen goleador en la Veikkausliiga y Nazari (Malmö). El inglés Araba y el jovencísimo delantero Nilsson jugadores a seguir.

Los recién ascendidos son el Jönköpings Södra y el Östersunds, que tendrán como único objetivo la permanencia.  Al Jönköpings ha llegado como refuerzo más destacado el polaco Cibicki que llega cedido del Malmö mientras en el Östersunds llama la atención el fichaje del defensa internacional etíope Walid Atta y la llegada también como cedido del portero inglés Blackman (Chelsea).

Se trata de un año muy especial en el fútbol sueco porque su selección va a participar tanto en la Eurocopa de Francia como en los Juegos Olímpicos al ser la actual campeona de Europa Sub’21 con muchos jugadores que militan en la Allsvenskan.

Bayern-Juve en cinco actos

La eliminatoria más atrayente a priori de las que deparó en diciembre el sorteo de octavos de final de la Champions League no solo no decepcionó, sino que seguramente quedará en la retina colectiva como una de las mejores de siempre. ¿Por qué? Por todo: la entidad de los clubes, los impresionantes escenarios y sus jugadores, pero especialmente por los súbitos cambios de guión, alteraciones inesperadas que daban la vuelta a cada uno de los partidos y por tanto a la eliminatoria cuando todo apuntaba a lo contrario. Varias veces se ha dado, gracias o por culpa de un arranque de carácter, una sustitución determinada, un gol errado o uno marcado que alteró las emociones de todos. En resumen esto es lo que sucedió en el cruce de octavos entre Bayern Múnich y Juventus de Turín:

Arjen Robben se mostró imparable en Turín
JUVENTUS STADIUM - IDA
Difícil aventurar un favorito. Acaso los germanos, campeones hace tres años, plantel con mayor distancia en su campeonato respecto al segundo (si se compara con la situación juventina) y con mayor fondo de armario. Pero claro, enfrente estaba el vigente subcampeón, una escuadra en una racha sublime que contaba 15 de sus 16 últimos encuentros de Serie A por victorias, con una zaga fantástica que coronaba a un Buffon en disposición de batir récords de imbatibilidad. 

El temor a encajar un gol como local así como a dejarles espacios a las balas Robben y Douglas Costa implicó que la Juventus jugó cohibida, apesadumbrada ante un Bayern con las ideas claras que no paró hasta alcanzar su objetivo. Antes del descanso Müller culminó una gran jugada colectiva, mientras que tras varias amenazas, Robben colocó el 0-2 en el luminoso antes de la hora de juego. Varias veces tuvieron los alemanes el tercero, pero perdonaron, cosa que en esta eliminatoria se ha pagado carísimo (fin acto 1). Minutos después Dybala abriría un rayo a la esperanza al recibir un buen pase filtrado para batir a Neuer en el mano a mano. La Juve se animó, se vino tan arriba que pronto igualaría Sturaro una contienda que había cambiado radicalmente. Ahora era la Vecchia Signora la que apretaba ante un Bayern dubitativo. Anduvieron cerca del triunfo los italianos, pero el 2-2 ya sería inamovible (fin acto 2).

ALLIANZ ARENA - VUELTA
¿Qué nos depararía un maestro de la táctica como Guardiola? Por lo pronto tuvo que improvisar ante la repentina ausencia de Robben, llevándose a Douglas Costa a la derecha para darle la banda de éste a Ribéry. En casa, con ventaja parcial, con la lección bien aprendida por los suyos, encaraban a una Juventus necesitada. Sin embargo Allegri rompió los esquemas iniciales con una inteligente presión alta de los suyos. A los alemanes, que con Pep no regalan un balón por mayor que sea la asfixia a la que les sometan, les costaba sacar limpio el esférico en el inicio de la jugada. Ello forzó un error de Neuer que Pogba aprovechó para adelantar al cuadro transalpino. Se llevaban escasos minutos de juego, pero la propuesta visitante, ejecutada a la perfección por un colectivo solidario e inteligente (partidazo de Khedira, por cierto), ahogan a los bávaros. La dinámica se mantuvo, con un Bayern incapaz ante una Juve segura que llegaba poco pero bien. Morata, al que le anularían erroneamente un gol, realizó una jugada maradoniana para regalar a Cuadrado el 0-2 que hacía temblar a la Múnich blanquirroja. Antes de marcharse a vestuarios entre el poste y una mano milagrosa de Neuer negaron a Cuadrado un gol con aroma de sentencia.

Cuadrado, en el momento de anotar el 0-2
Tras el receso hubieron cambios tácticos por parte de Guardiola, si bien estos tardaron en surtir efecto. Benatia dejaba su sitio a Bernat para que los muniqueses lograsen por la izquierda la profundidad que nunca habían tenido hasta el momento. El lógico paso adelante germano abría un escenario goloso para su adversario: balones al espacio para que Morata explotase su velocidad. En menos de cinco minutos el atacante español pareció imparable, generando tres claras ocasiones de gol en las que adoleció de aquello que más sigue acusando: su falta de puntería. Un delantero de super-élite hubiera anotado al menos una de las ocasiones para sentenciar el cruce. Él, pese a su buen hacer, no lo logró, dejando vivo a su rival. Eso sí, el miedo que insufló en la zaga que tenía delante obligaba al Bayern a no estirarse demasiado ya que su sociedad con Cuadrado amenazaba con fulminarles a la mínima (fin acto 3).

Todo está bajo control bianconero. Los hombres de Pep no encuentran el modo de meter mano a un rival que empantana el último tercio del terreno de juego. Para más inri, si siguen llegando las oportunidades de Morata, o él o alguno de sus compañeros finiquitará la contienda más pronto que tarde. Ante tal escenario, ¿qué hace Allegri? Sustituir en un breve lapso de tiempo a Khedira y a Morata en un 'harakiri' incomprensible. Sturaro no aportó los mismos intangibles que el alemán silencioso, mientras Mandzukic nunca representó la punta de lanza que si era el español. Sin salida, el Bayern se lanzó ahora sí al ataque. Sin demasiada claridad, todo sea dicho, pero cada vez con menos temor a un contraataque mortífero. Así, aún con tiempo para la épica, Lewandowski cabeceaba impecablemente un centro perfecto de Douglas Costa, el que más creía, el que más lo intentaba en las filas bávaras. El gol levantó los ánimos en las filas muniquesas, ya decididamente volcadas en pos de un nuevo tanto que reequilibrase encuentro y eliminatoria. El Bayern rondaba el área juventina pero apenas creaba nada parecido a una ocasión: balones altos desde los costados que Buffon atrapaba con sencillez o pelotas filtradas por raso que se perdían en la maraña bianconera. Hasta que Evra cometió un error fatal en el 91. Coman no tuvo más que ponerla para que Müller, desaparecido en combate hasta entonces, elevase las tablas al electrónico (fin acto 4).

PRÓRROGA
Negados a su destino, los hombres de Allegri salieron a morder en el tiempo suplementario. Neuer desbarató el posible 2-3 tras una buena combinación por la derecha de la Juve, a la que sostenía el orgullo pese a la trompada moral que se habían llevado minutos antes. Las dudas invadieron a ambos. El Bayern no forzaba intervenciones de Buffon, pero Neuer tampoco vivía intranquilo. En esas Guardiola realizó un cambio lógico para reestructurar a los suyos, sacando a un Ribéry agotado por Thiago, el cual se haría dueño de la parcela central, tomando el lugar que alguna vez fuera de Xabi Alonso. 

El tanto del éxtasis que culminaba la remontada.
Cambiaron de lado, no así de dinámica. Excepto en la cabeza de dos tipos muy inteligentes. El renacido Müller se asoció con Thiago, que fresco y resolutivo batió por bajo a Buffon para algarabía de compañeros e hinchada. No habría penaltis, de eso nos privó el hispanobrasileño. Sin tiempo que perder, la Juventus se volcó. Ello dejó unos espacios que no habían cedido en toda la velada, por lo que Coman, carne de su carne (cedido en Múnich por la Vecchia Signora), agarró la pelota en un costado, aún cerca del área del Bayern, y echó a correr galopando por una banda por la que parecía inalcanzable. Al llegar a los metros finales bailó para colocarse cuidadosamente el esférico en su pierna buena, trazando un disparo ante el que nada pudo hacer Buffon. El 4-2 supuso el final en la cabeza, pero sobre todo en los corazones, de todos los que lo presenciamos. Quedaban diez minutos, aunque ya nada volvería a ser igual para nadie (fin acto 5).

Sufridores

El fútbol es como la vida, hay muchas formas de encararlo, todas ellas lícitas pero cada una muy diferente de la otra. Hay personas que lo toman como un divertimento, otras como una rutina para acompañar a un familiar, para otros es un hobby pasajero. Otros lo afrontamos, porque queramos o no es parte de nosotros. Yo siempre lo he reconocido: estoy enfermo por este deporte. Desearía no que no me gustase, sino que no fuera tan poderoso ese sentimiento que me ha hecho viajar por el mundo para ver partidos, que me hace dormir menos algunas veces entre semana para ver la Copa Libertadores, o no tener planes con mi chica por ver algún que otro encuentro. Quizá lo mío es más común de lo que pienso, pero ¿merece la pena tanto esfuerzo? ¿Hay recompensa al final del camino?

No hay ninguna fiesta como la del fútbol. Cualquiera que haya viajado con la hinchada de su equipo lo sabe. O que haya ganado un derby de máxima rivalidad festejándolo en cancha propia (ajena gusta incluso más). O la increíble sensación de gozar de un ascenso de categoría. O que haya tenido la fortuna de saborear un título, un premio muy exclusivo al alcance de muy pocos clubes (o selecciones) cada año. Por ello merece la pena, además de por los lazos que implica. Es mi excusa semanal para juntarme con los amigos a jugar un rato, por más que estemos agotados tras el trabajo. También mi pretexto para ilusionarme con la goleada del Inter a la Juventus del miércoles o robarle horas al descanso anoche para aguantar un soporífero Boca-Racing. O para no dejar a la deriva el Café, lugar de reunión de amigos durante casi una década.

Pero el camino es áspero, largo, muy truculento a veces. Normalmente, además, no suele disfrutarse. El proceso para alcanzar una meta grande, esa que quedará para siempre en nuestra memoria, de la cual no olvidaremos ningún detalle, implica un desarrollo que puede ir desde los meses en el mejor de los casos hasta años para que culmine un proyecto. O puede entrar el factor sorpresa, como cuando el Montpellier ganó inesperadamente la Ligue 1 en 2012, España la Eurocopa 2008 tras décadas de fracasos o el Wigan Athletic alzo la FA Cup ante el Manchester City para estupefacción de todos.

En lo que un equipo va superando etapas, se conjunta como es debido, el proyecto toma forma real sobre el césped, ha podido pasar mucho tiempo desde el último éxito, si es que alguna vez el hincha de esa entidad lo disfrutó. Porque, ¿qué aficionados disfrutan realmente sabedores que probablemente su equipo gane uno o varios títulos al final del curso? Tomemos como referencia los continentes europeo y latinoamericano, donde el fútbol ha tenido siempre mayor arraigo. La inestabilidad de los proyectos en Sudamérica ante la constante fuga de estrellas al Viejo Continente (ahora también a Oriente Medio y Asia) supone que haya clubes inmensos que pasen años e incluso décadas sin festejar nada, por más grande que sea su masa social y más brillante su pasado. ¿Y en Europa? ¿Hay alguien más allá de Barcelona, Bayern Múnich, PSG y Juventus que tenga asegurado el éxito prácticamente cada temporada?

La magnífica labor de esas instituciones en cada uno de sus países y contextos les ha llevado a una posición dominante que difícilmente puede ser contestada si sus rivales no comienzan a hacer las cosas mucho mejor, como en los casos de Real Madrid, Inter y Milan, siendo más difíciles los casos de franceses y alemanes. Pero ahí lo tenemos: cuatro se reparten el pastel mayoritario, mientras para el resto quedan los sinsabores, el que no te respeten los árbitros, te fichen los jugadores a mitad de campaña sin poder reaccionar o se lesione la figura para la que no hay suplente. Ello si no se está peleando para no descender. 

En efecto la fiesta es global, sus monarcas unos pocos, pero todos somos sufridores ansiando una satisfacción inigualable. Los grandes dominadores actuales también han pasado por penurias, algunos no hace tanto: hace once años el Barça volvía a ganar un título tras un lustro negro que rompieron los Deco, Eto'o, Puyol, Ronaldinho, Giuly y compañía. El Bayern no hace tanto que encajaba 5 tantos en la final de la DFB Pokal ante un BVB que le tenía domado y le ganaba las Bundesligas. La Juventus ha purgado en Serie B sus pecados mientras el Inter se recuperaba e incluso ganaba la Champions. Tampoco ha sido sencillo para los aficionados del PSG, oscurecidos durante décadas por los triunfos de OM, St.Étienne, Mónaco u OL, pero que hoy día pueden gozar con un plantel espectacular. 

Aunque parezca mentira, esos hinchas también lo han pasado mal. A su manera, es cierto, pero no debe ser agradable que se burle de ti todo un país (o un continente), si bien para un club más humilde la trifulca no pasará del vecindario o su región como mucho. Porque todos, al menos una vez en la vida para desquitarnos, para saber que ha merecido la pena esta pasión, merecemos ganar algo, y si es con la familia (hinchada) de tu equipo, aún mejor. 


Eso sí, que no haya que esperar tanto.

Fútbol argentino: una nueva dimensión

El Decano asaltó La Bombonera

Siguen saliendo promesas prematuras (Dybala ni llegó a debutar en Primera), jugadores jóvenes sin formar que apenas dejan unos pesos en sus clubes de procedencia para probar suerte en otras latitudes más acaudaladas. A su vez regresan muchos veteranos curtidos en mil batallas (D'Alessandro, Germán Denis o Lisandro López son algunos de los últimos) mientras otros aún guerrean y golean como llevan haciendo toda la vida, que se lo digan a Pepe Sand. Poco parece haber cambiado en el fútbol argentino más allá de la despedida de Grondona (¡por fin!) o el habitual descontrol en la AFA, pero deportivamente el nivel ha crecido bastante. ¿Quién lo hubiera dicho cuando se proyectó la locura del torneo de 30 equipos en la máxima categoría?

Pero así es. Yo marcaría una fecha para este renacimiento: a mediados de 2014, coincidiendo con la llegada de Marcelo Gallardo a River Plate. Él cambió el paradigma de los 'millonarios', logrando combinar su histórico juego bello de ataque con  la competitividad que les devolvió primero la admiración y posteriormente la gloria continental, alzando así la tercera Libertadores del club en 2015 tras dos décadas de espera. Eso sí, aún queda como asignatura pendiente para el Muñeco la obtención del cetro nacional, ese que le arrebató Racing Club en la espectacular remontada que protagonizaron los hombres de Diego Cocca con Diego Milito como mariscal. O el que ganó Boca el año siguiente.

Boca fue un buen campeón, sólido, resolutivo en los momentos clave, aunque poco brillante. Recuperó alegría y confianza con Tévez, Lodeiro volvió a sentirse importante, la defensa recuperó contundencia pese a un par de descalabros importantes (como ante Unión en La Bombonera), pero ni el maravilloso proyecto del Chacho Caudet en Central ni la solidez de San Lorenzo pudieron arrebatarles el campeonato. Incluso Independiente realizó un muy buen torneo en su retorno, aunque perdió la clasificación para la Libertadores de este año a manos de su eterno rival.

Pese a algunas salidas (sobre todo en River) 2016 pinta espectacular. No solo porque los grandes parecen haber dejado las enormes crisis que lastraron a muchos de ellos durante la pasada década, también porque los más humildes ya no ganan por no ser los menos mediocres, sino porque lo merecen al imponerse a rivales reconstruidos, de nuevo fuertes y poderosos. Así, el sorprendente Atlético Tucumán lidera el grupo B tras dar sendos golpes sobre la mesa ante Racing en casa y anoche en el hogar de Boca, que tras perder 4-0 ante San Lorenzo la Supercopa, huele a que Arruabarrena tiene las horas contadas. Junto a ellos Aldosivi y Lanús, que ya sabe lo que es pelear y vencer a los mejores.

En el grupo A, con mayor cantidad de candidatos, Colón y Central atesoran la punta, éstos últimos tras imponerse con claridad a Newell's en el clásico (ver vídeo). Les siguen de cerca San Lorenzo a Independiente, ambos a buen tono. Y luego River, que cayó 3-2 ante un Belgrano sensacional que cimentó en la primera parte una ventaja irrecuperable para los millonarios pese a su insistencia.


Total, que el siempre apasionante fútbol argentino ya no solo desbordará emociones en sus impresionantes graderíos: ahora nos ha devuelto el juego vibrante, de nervio, calidad y gambeta sobre el césped. Se lo debían a sí mismos, y también a aquellos que siempre hemos esperado pacientemente a que el espectáculo regresase a sus orígenes.

¿Lo imposible?

Un GRAN equipo ha aplastado al gran favorito.

La Championship es una liga brutal. Su nivel económico es uno de los mayores del mundo, abrumador tomando en cuenta que nos estamos refiriendo a la segunda categoría del fútbol inglés. Solo unas pocas competiciones europeas poseen un mayor poder adquisitivo que ellos. Como imaginaréis, la competitividad es tan salvaje que clubes con una palmarés envidiable como Leeds United o Nottingham Forest (por cierto, hoy se enfrentaban entre sí) están estancados en la categoría desde hace años. Tras una década en la que llegaron a visitar el tercer escalafón del fútbol inglés, el Leicester City ascendía a la Premier en 2014 luego de una sorprendente campaña en la que arrasó en la mencionada Championship.

Ya en la Premier, el curso del retorno, la 2014-15, estaba siendo desalentador hasta llegar al último tercio de la misma. El equipo parecía encaminado irremisiblemente a perder la categoría que tanto costó recuperar (en la jornada 25 eran colistas a 5 puntos de la salvación), pero una milagrosa racha final les permitió recuperarse para sorpresa de todos. Ya al comienzo de la actual campaña nada hacía presagiar que aquella racha se mantendría en el tiempo. Se mantuvieron invictos hasta la 7ª fecha, en la que el 2-5 encajado ante el Arsenal parecía que les devolvería a la tierra.

Sin embargo regresaron pronto a la victoria, alzándose con el liderato justo antes de Navidad al encadenar 8 triunfos (más dos empates) en los siguientes diez encuentros. Mahrez hacía estragos en las defensas rivales con la plasticidad de sus regates e imprevisibles asistencias, Vardy lo metía absolutamente todo, Kasper Schemeichel se mostraba sobrio bajo palos, Okazaki definía arriba, el despliegue de Kanté y Albrighton daba alas a los suyos... un plantel de desconocidos alteraba la Premier de la noche a la mañana, sin preaviso, derrocando prejuicios a base de buen fútbol. Cayeron 1-0 ante el Liverpool de Klopp, pero se han levantado a lo grande, siendo capaces de derrotar en poco más de un mes al Tottenham (a domicilio) o a los propios Reds, a los que ajusticiaron el pasado martes con doblete de Vardy. Hasta hoy.

Lo que han hecho este sábado 6 de Febrero de 2015 pasa sin duda a engrosar la historia del campeonato inglés para siempre. Contextualicemos: tras 24 jornadas el Leicester City, líder con tres puntos de ventaja sobre el Manchester City, visitaba precisamente a éstos (campeones en 2012 y 2014, una de las entidades más ricas del mundo del fútbol). El partido comenzó con los Foxes atacando, quizá buscando sorprender, quizá tratando de autoconvencerse de que podían asaltar el fortín de su adversario. Pronto darían respuesta a esa pregunta, pues a los tres minutos Huth se adelantaba a la marca de Demichelis para lograr el 0-1 en una jugada a balón parado. Después Joe Hart hizo gala de su velocidad para mantener a los suyos vivos en el encuentro, si bien poco a poco el City fue haciéndose con un dominio territorial que no supo transformar en ocasiones.

Tras el descanso el choque se reanudó como un calco del primer tiempo: el Leicester buscando sorprender a un City que salió a verlas venir y se llevó un nuevo guantazo: golazo tremendo de Mahrez, que volvió a desnudar las carencias de Demichelis. Poco después Huth cabecearía a la escuadra el 0-3 que nos dejaba a todos atónitos. Los dos tantos supusieron un shock para jugadores, técnico y afición skyblue, quedando tocados ante algo tan inesperado. De hecho, las contras de los hombres de Ranieri anunciaban una humillación, pero no llegaron a culminar ninguna de sus múltiples ocasiones. Finalmente Agüero maquilló el resultado para los locales con la grada ya semivacía.


De este modo la diferencia entre ambos asciende a 6 puntos a falta de 13 jornadas, eso sí con Tottenham y Arsenal en disposición de robarle el 2º lugar a los de Pellegrini y colocarse a 5 puntos. Sería también increíble que Claudio Ranieri, que llegó al club el pasado mes de julio tras fracasar estrepitosamente con la selección griega y de cuyo último gran éxito ha transcurrido bastante tiempo, lograse su primer título de campeón liguero con el Leicester City en la ultrapoderosa Premier League. ¿Es este el mayor cuento de hadas del fútbol del Siglo XXI? Sin duda ocupa un lugar de honor en el que también están la propia Grecia campeona de Europa 2004, el Alavés subcampeón de la UEFA o el São Caetano subcampeón sudamericano. En sus manos está pese a un calendario difícil en el que le quedan por visitar Arsenal (próxima semana), Manchester United y Chelsea (última jornada).

Por lo pronto se han ganado el derecho a soñar con levantar el primer título importante de su historia: nada menos que la liga más rica del mundo, una bellísima utopía en los tiempos que corren. ¿Imposible? En Leicester parecen desconocer el significado de esa palabra.