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El Espíritu del Viejo Campo

Me muero por besarte,
dormirme en tu boca,
Me muero por decirte, que el mundo se equivoca…

Allí estaba yo, escuchando el estribillo de una maldita canción de amor (¿no se dieron cuenta de que las mejores canciones de amor…son las de desamor? Da que pensar), en mitad de un concierto…en mi campo.

Si, lo último de todo no es una mera localización geográfica, el definir mi situación y la de lugar de celebración del evento…no, es al tiempo una descripción ajustada y una reclamación de pertenencia.

Mi campo…para muchos de ustedes un estadio de fútbol no será posiblemente mas que un lugar casi siempre vacío, y que de vez en cuando se ve rellenado (aunque la mayoría de domingos, ni siquiera eso), por una masa informe de seres ignorantes en busca de dar emociones fáciles a sus tristes vidas.

Si son de los que piensan eso, lo mejor es que no sigan leyendo….Bueno, en realidad, si son de los que piensan eso, lo mejor es que intenten ser un poco mas humanos, solo eso.

Otros, a quienes la enfermedad del balón atrapó de una u otra manera, lo vera como una especie de templo pagano donde, al calor de la comunidad de almas (tal vez, lo más importante realmente de todo), mil corazones vibran al ritmo de una zancada, se emocionan con la geometría de un pase ajustado, estallan con el esquivo premio del gol…un partido es como un libro que se escribe en 90 minutos, donde se sabe quienes son los actores, pero nadie conoce el guión.

Sin embargo…yo tengo una visión distinta del campo…de mi campo. Los que los odian, jamás pisaran un estadio, salvo que como hoy, sean usados para mancillar el césped con algún tipo de espectáculo musical, entonces si, saltaran con rabia, como fanáticos pisoteando con saña el santuario de una religión rival.

Los que lo aman, pueden llegar una hora antes, tardar algo en marcharse, irse a regañadientes, pero…al final, lo abandonan.

Para mí en cambio, el estadio es mi hogar. Y lo es desde aquel lejano día en el que un duro poste paró, para siempre, mi estirada eterna en pos del esférico.

Alguien dejo poco después un ramo de flores allí, y aunque ya marchitas hace lustros, juro que aun permanece en mi espíritu la fragancia de su aroma.

He visto construir gradas, cambiar el césped, poner asientos, quitar vallas. He asistido a mítines, he escuchado conciertos, incluso alguna vez, estado en un bautizo masivo. Pero sobre todo, he vuelto a vivir cada vez que mi equipo ganaba un partido, cada vez que su hinchada cantaba, al son de Machín, la estrofa que un día, alguien compuso en mi honor:

Somos los herederos de la vieja escuela,
Los hijos descastados del todo Madrid,
Los que nunca fallan, los que animan siempre,
Los que nunca olvidan al arquero heroico,
Al ángel de Parla, a Marcos Marín

Y ahora…el otro día, en un papel caído, tras un partido deprimente, de esos donde no te juegas nada, leía un artículo que hablaba de que el campo, mi campo, iba a ser trasladado. Se había quedado obsoleto, estaba en un sitio céntrico, y ya era hora de modernizar el club…en resumen, querían convertir mi hogar en un megacentro comercial, y llevarse a las afueras los recuerdos y los goles.

En cierto sentido, me sentí herido, ¿a que venia ese desprecio? ¿Era mas importante disponer de unos palcos mas lujosos que del espíritu eterno y cercano del barrio? ¿De verdad el cambio era necesario, nos ayudaría a mejorar?

Lo dudo.

Lo peor es que creo que estoy condenado a muerte…de nuevo. Cuando derriben las gradas, cuando se lleven el césped, cuando entierren bajo asfalto la portería… ¿Dónde quedare yo? Sueño con volar, con trasladarme al nuevo campo pero…en cierto sentido, se que eso no sucederá, y en parte…me alegro. Sin el viejo estadio, ya no seria lo mismo…

Pero…no, no se depriman. No me arrepiento de nada, ni mi vida ni mi muerte estuvieron vacías. Y aunque no puedan oírme, se que mi espíritu forma parte, de algún modo, de todos los aficionados que alguna vez se sentaron en las gradas de la vieja cancha.

Es hora de dejarles, el concierto continua, y aunque yo me quedé en la época de Nat king Cole, no es cosa de despreciar lo que tocan estos muchachos de ahora, tan jóvenes ellos…total, podría ser peor, un día vino aquí un tal Bustamante…prefiero no contarles demasiado…solo decirles que si, que es cierto. Los fantasmas no podemos usar tapones…ya nos gustaría.

Hoy te intento contar
que todo va bien
aunque no te lo creas
aunque a estas alturas
un ultimo esfuerzo
no valga la pena.

Hoy los buenos recuerdos
se caen por las escaleras
y tras varios tequilas
las nubes se van
pero el sol no regresa”…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

martin brutal , simplemente brutal, x cierto komo podria acer yo parqa escribir en el blok? soy london road

Garrincha dijo...

Hola London Road. Ante todo te agradecemos el interés pero ten en cuenta que para escribir con nosotros todo el mundo debe cumplir una serie de requisitos básicos, entre ellos tener un blog propio en el que podamos ver el estilo y calidad del bloguero así como la criba entre los editores ya existentes, quienes normalmente somos los que nos hemos acercado a nuestros compañeros para ir ampliando una plantilla que de por sí ya es bastante amplia. De hecho si todos pudiésemos escribir con cierta regularidad tendríamos muchos más artículos de los que la mayoría pudiéseis leer/disfrutar.

Por tanto te agradecemos el interés, pero a día de hoy y durante un tiempo probablemente no variemos el estado del plantel.

Un saludo!

cityground dijo...

Muy bueno el artículo, los estadios nuevos son mas cómodos, modernos y con mas servicios que los antiguos pero nunca tendrán su magia y encanto.

Para mi Wembley siempre sera el viejo, el que ya no esta, el nuevo es otra cosa, y así me pasa con todos los estadios, como el estadio de la Real siempre sera Atocha aunque fuera feo y viejo.

Anónimo dijo...

esk me interesaba muxo escribir sobre los fixajes en la football league de inglaterra, soy london road