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Dignidad



A veces conviene detenerse un instante, descansar el cuerpo, abrir la mente, trascender por encima de las miserias cotidianas y abandonar nuestro espíritu a merced de los latidos del corazón y los recuerdos del alma.

En esos momentos descubriremos, tal vez con sorpresa, lo inmenso de nuestra soledad en este mundo. No se trata de que el mundo nos odie, no es que la gente sea (aunque en ocasiones así suceda) egoísta, desconsiderada o desalmada. No. Simplemente nuestros sentimientos, sufrimientos, dolores, amarguras (y si, también nuestro gozo y nuestra alegría), no son intercambiables, son únicamente de uso personal.

Aunque tengamos el alma pura, aunque nuestra sensibilidad se desborde, aunque intentemos ponernos en la piel del otro…jamás podremos lograrlo, al menos en toda su intensidad. Podemos creer comprender como se siente el otro, pero en realidad sabemos que solo es eso, un creer, un intentar, no un saber, no un conseguir.

Nunca vas a saber como me siento, nadie va a adivinar como te recuerdo…si pienso en ti siento que esta vida no es justa...”

Puede que si, que sea injusta…o puede que tal vez simplemente sea.

Y puede que si seguimos pensando, y avancemos a través del futuro, nos demos cuenta de la única verdad eterna, indiscutible y absoluta de nuestras vidas. Que al final, perderemos, que nuestra carrera por la vida solo tiene una conclusión, y es para todos la misma…y nadie gana.

Uno se puede amargar por eso, uno puede desear luchar contra el destino inevitable, insultar a quien juega con los dados marcados con nuestra vida…o puede vivirla con dignidad, sabiendo que al menos es la forma más honorable de transitar por el camino de la existencia. Uno puede perder, pero perder con clase, no esta en manos de todos.

Echemos una mirada al futbol. Pensemos en tantos y tantos partidos que concluyen en medio de una bronca, de una granizada de objetos, de una andanada de descalificativos. De cómo la culpa de la derrota se intenta canalizar hacia factores externos, el árbitro, la mala conducta del equipo contrario, la mala suerte…Pocas veces se reconoce la grandeza del rival, su superioridad manifiesta, la entrega del equipo a pesar de la caída…

Pero cuando eso sucede…pocas veces se puede contemplar algo tan hermoso en el mundo del deporte como una ovación a un jugador contrario que hizo una esplendida actuación, o un aplauso sentido hacia los jugadores que se dejaron el alma en el campo, pero que fueron vencidos por la fuerza de las circunstancias.

Vencer esta bien, sin duda es lo mejor, y todos (o casi todos), preferimos hacerlo, aunque sea de rebote, aunque el contrario fuera dueño y señor del juego y la pelota durante todo el partido. Caer derrotados a pesar de ser mejores es posiblemente de las peores sensaciones que nos deja el deporte…y sin embargo, hay mucha mas grandeza en lo segundo que en lo primero. Podemos elevarnos por encima de nuestras derrotas, sin son nobles, pero solo podemos descender desde una victoria miserable. Uno puede alzar el rostro, orgulloso, si pierde con dignidad, y nadie, menos aun los mediocres que solo valoran en este mundo llegar a algo, sin entender que lo realmente importante es como se llega, nos la podrá hacer bajar jamás.

El día en que entendamos que es licito perder (si se pierde con decoro), que esto es un juego y que lo único vital en el es no hacer trampas, ese día, tal vez respetemos mas al futbol, a los contrarios y, lo mas importante, a nosotros mismos. Porque podemos engañar a todos, pero no a uno mismo…aunque lo intentemos.

Posdata: Y ya que estamos, una recomendación literaria, “El desierto de los Tártaros”, de Dino Buzzati, tan pequeña en extensión como inmensa en su mensaje. Y si, sin duda este misero artículo es deudor de lo que me transmitió tan bella obra en su lectura…

3 comentarios:

carlos dijo...

Grande! Me encantó! La verdad es que, como dices, es muy grande aplaudir a tu equipo cuando pierde. Yo recuerdo el partido de Copa, Murcia-Depor (incluso el de hace varios años que acabó 4-3 y nos eliminaron), de hace unos meses, acabó 0-1, pero jugamos un partidazo, para lo que es el Murcia y para lo que es el Deportivo, pero finalmente ni siquiera marcamos... eso sí, los jugadores se llevarón su ovación, se dejaron la piel.

Un saludo Martín!

Carlos Pérez dijo...

Martin, que 'carlos' soy yo, pero con la cuenta de mi padre jeje... pa que sepas que soy yo...

Otro saludo!

cityground dijo...

Muy bueno el artículo, lastima que para muchos de los aficionados al fútbol lo que dices les suene a chino, su equipo siempre es el mejor y solo pierde por los árbitros o por mala suerte.