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'Mané' Garrincha, la alegría del pueblo

Ayer en Fiebre Maldini homenajearon a Manuel Francisco dos Santos ‘Garrincha’, mi jugador favorito de todos los tiempos, al que le debo el amor incondicional que profeso por este deporte. Hace poco preparé algo sobre él, un escueto perfil para un ejercicio académico. Hoy lo comparto con todos, espero que os guste:

En un país pobre tan dolido aún por el Maracanazo que llegó a cambiar el color blanco de la indumentaria por el amarillo con ribetes verdes y medias azules, surgió un chico de Pau Grande que llenaba estadios con su sola presencia. Fue una suerte que recalara en Botafogo, ya que Vasco lo rechazó por no traerse las botas mientras que del Fluminense se marchó antes de tiempo para alcanzar el tren. No sucedería eso en el Fogão, donde tras humillar a toda una institución como Nilton Santos, éste reclamó encarecidamente su fichaje.

Rebautizado como ‘Garrincha’ por su hermana Rosa, un ave del Mato Grosso que le recordaba a él debido a los problemas congénitos en columna, cadera y una de sus piernas, Mané fue un hombre de carácter divertido y despreocupado. Se podría contar su vida a través de las anécdotas que rodean su figura. Así, mientras todo Brasil sollozaba por la derrota ante Uruguay en 1950, él se había marchado ese día a pescar, enterándose luego del resultado. El uruguayo Eduardo Galeano lo definió así: “Cuando él estaba allí, el campo de juego era un picadero de circo, la pelota un bicho amaestrado, el partido, una invitación a la fiesta. Garrincha no se dejaba sacar la pelota, niño defendiendo su mascota, y la pelota y él cometían diabluras que mataban de risa a la gente; él saltaba sobre ella, ella brincaba sobre él, ella se escondía, él se escapaba, ella lo corría.”

Los triunfos con Botafogo lo catapultaron a la selección, donde en 1958 junto a Pelé, Vavá, Zagallo y Didí conformaron la delantera del primer Brasil campeón. Antes, a punto estuvo de perderse la expedición por unas pruebas psicológicas que no superó. Ya en Suecia, ni él ni Pelé comenzaron jugando, pero los jugadores con mayor peso específico convencieron a Vicente Feola para que los alineasen a ambos. El resultado salta a la vista: Brasil arrasó y conquisto su primera copa del mundo.

En 1962 la historia se repetiría todavía con mayor peso específico de Garrincha, ya que Pelé se lesionó al inicio de la competición. Mané capitaneó a la verdeamarelha a su segundo entorchado, erigiéndose como mejor jugador y máximo goleador de la competición. Logró además una racha de imbatibilidad que se prolongó hasta una derrota ante la Hungría de Florián Albert en Inglaterra’66. Fue la única vez que perdió vistiendo la zamarra nacional, un día que no jugó Pelé, junto al que nunca fue derrotado pero con el que nunca se llevó bien.

El propio Garrincha fue su mayor enemigo, el que trampeó su carrera. Tras aquella eliminación dejó la selección y comenzó a dar tumbos por varios equipos brasileños y extranjeros. El alcohol le hizo estragos, sus tres matrimonios y sus amantes con los que tuvo 14 hijos (reconocidos) le desangraron económicamente, aunque dicen que solo amó de verdad a la cantante Elsa Soares. Además Botafogo le pagó menos de lo que valía en sus años dorados. Pero a él, que dijo de sí mismo “yo no vivo la vida, la vida me vive a mí”, olvidaba todo eso, prefiriendo mezclarse con el pueblo en el carnaval, en los partidos descalzo en las favelas

No es que inventase el jogo bonito (que lo hizo), es que él era el jogo bonito, padre de los Gerson, Jairzinho, Sócrates, Zico, Romario o Ronaldo que lo heredaron dignamente. El charrúa Alfredo Zitarrosa le dedicó una canción con su nombre, todo un himno que describe a la perfección la alegría y hundimiento de un personaje tan singular como irrepetible. En su tema se preguntaba, como todos ¿quién le llenó su copa en la soledad? ¿Quién lo empujó de golpe a la realidad? ¿Quién lo volvió al suburbio penoso y turbio de la niñez? ¿Quién le gritó en la cara: usted no es nada, ya no es usted?

Dicen que cuando falleció, solo, pobre y alcoholizado en las calles de Río, encontraron en su casa dinero pudriéndose en los armarios. Se lo llevó una cirrosis hepática. Todo el país estaba de luto. Se había ido para siempre la alegría del pueblo, enterrado en una tumba abandonada en Pau Grande. Carlos Drummond de Andrade, uno de los mayores poetas de la historia de Brasil, lo lloró: "Fue un pobre y pequeño mortal que ayudó a un país entero a suspender las tristezas. Lo peor es que las tristezas vuelven y no hay otro Garrincha disponible. Se necesita un Garrincha nuevo que nos alimente el sueño”.



5 comentarios:

cityground dijo...

Un grande sin duda, lastima que el alcohol le hiciera tanto daño.

En el Mundial 62 Garrincha fue un espectáculo, sin Pele lesioando y creo que con Amarildo de delantero ganaron el Mundial.

Juampex dijo...

Me pongo en pie ante la figura de Garrincha y ante el texto.

Brillante Domin, espero que te pusieran buena nota al presentar el texto.

Garrincha dijo...

Se queda muy corto para lo muchísimo que hay que contar de él, pero teníamos que ceñirnos a una amplitud máxima intentando englobar no solo sus logros deportivos sino el personaje, el contexto sociodeportivo, etc.

Eso sí, por más que intentemos acotar a Garrincha un papel o un puñado de píxeles, su grandeza siempre será inabarcable.

Saludos!

Juampex dijo...

He visto el reportaje de Fiebre Maldini ahora a mediodia y una vez más hay que felicitarles, la pena que como con tantos jugadores de otras épocas es de suponer que se haya perdido tanto material (y eso que de Garrincha sí que parece que hay material)

En ese sentido establecer comparaciones entre jugadores de diferentes épocas (sí es que eso tiene alguna importancia más allá del puro entretenimiento) no deja de resultar injusto.

rafael botafoguense dijo...

Gracias por tanto, Mané! Muy bueno el post y lo vídeo, nunca habia visto.

Una lástima que se tiene tan poca imagenes de el. Debe ter hacido mucho más y no sabemos.

Suerte de mi padre, que estuvo en el Maraca en la final de 62 ante Flamengo.