La culminación de un proyecto (de nuevo).
Rodri levanta el trofeo de la Copa del Mundo rodeado por sus compañeros. Todavía recuerdo cuando mis amigos se reían de mí en el instituto cuando les decía que algún día España sería campeona del Mundo. De hecho afirmaba que por lo menos dos veces lo lograría, aunque a estas alturas de mi vida tengo la esperanza de haberme quedado corto con la predicción. Solo el tiempo dirá. Lo que sí es cierto, es que mi desmedido optimismo tenía razones de ser: una liga potente, clubes ganadores en Europa con muchos españoles en sus filas, y sobre todo generaciones de jugadores de categorías inferiores que no se cansaban de ganar títulos continentales con la selección. En algún momento, eso debía tener impacto en la absoluta. Quizá la cuestión era creérselo para aspirar a una gloria que siempre moría como máximo en cuartos de final. Éramos buenos, pero no los mejores. O quizá sí lo suficientemente para lograrlo, aunque sin la fe que alemanes, brasileños, argentinos...