La resiliencia del Alavés

Los jugadores alavesistas celebran un gol en Balaídos.

El mes de marzo comenzaba en Vitoria con un jarro de agua fría. El Chacho Coudet, que se había asentado en el club babazorro en el año y pico que llevaba en la entidad, acordaba su marcha para incorporarse a River, donde ya triunfase en su etapa como futbolista. Ello precipitó la llegada de Quique Sánchez Flores al banquillo del Deportivo Alavés, todo un especialista de contrastada experiencia en el fútbol español. Y si los blanquiazules nunca se han caracterizado por ser un cuadro endeble, lo cierto es que su nuevo jefe les ha dotado de un superpoder que no les permite rendirse hasta el pitido final.

Aunque la puntuación obtenida en sus 5 encuentros dirigiéndoles no llame la atención por la cantidad obtenida, si que destaca mucho lo sucedido en esos choques. Especialmente en el tramo final de los mismos. El debut llegó en Mestalla, donde un doblete de Boyé les estaba dando el triunfo, aunque la mala suerte les hizo acabar perdiendo 3-2, con Sivera y Guevara expulsados. Todo ello en 10 minutos fatídicos que culminaron con una pena máxima que no desperdiciaron sus rivales.

La siguiente cita fue en casa. Se mostraron muy serios ante uno de los rivales más potentes del campeonato, un Villarreal ante el que se adelantaron gracias a un tanto en propia meta de Rafa Marín. Sin embargo, otra vez el tiempo añadido les condenó, pues Nicolás Pépé igualó con un golazo. Tras dos buenas presentaciones, el Alavés acumulaba únicamente un punto con su nuevo técnico. Todo cambiaría la siguiente jornada, en un duelo que ya es historia de La Liga.

En Vigo un Celta que volaba se colocó 3-0 poco más allá de la media hora inicial. Todo apuntaba a goleada celeste, con los de Giráldez en plena ebullición tras eliminar al Olympique de Lyon unos días antes en 8os de final de Europa League. Empero, Toni Martínez tiró de orgullo. No quiso rendirse tan pronto, abriendo una rendija a la esperanza el tanto que anotó instantes antes del descanso. La desventaja seguía siendo importante, pero con 45 minutos por delante todavía tendrían opciones. Y tanto que fue así, pues a lomos del entusiasmo del delantero más el coraje de un renacido Rebbach, el Alavés le dio la vuelta a un partido imposible, ganando 3-4 en una cancha muy complicada.

Quique le había dado la vuelta a la tortilla. Recuperada la moral de los suyos, tocaba ir a por más. Tocaba recibir a Osasuna en Mendizorroza. Los rojillos, uno de los cuadros más sólidos del momento, se adelantaron dos veces en el marcador, pero una vez más el empuje alavesista conllevó premio al empatar Lucas Boyé una vez sobrepasado el minuto 90. Ya este fin de semana, visitaban San Sebastián para enfrentarse a la Real Sociedad, una de las sensaciones de los últimos meses (también desde su cambio de técnico). Dos veces se puso por delante el Alavés, pero una combativa Real llegó a colocarse 3-2. De nuevo, el descuento tuvo premio para la insistencia vitoriana, que logró rascar un empate con gol de Boyé en el 90+7. El delantero argentino suma la nada desdeñable cifra de 8 goles en lo que va de 2026, unos registros muy importantes que están ayudando a mantener a los suyos a flote.


Como decíamos antes, el balance de puntos no es precisamente espectacular. Eso sí, todos han sido peleadísimos, ante rivales de la zona medio-alta de la clasificación (más el Valencia en Mestalla). El empate obtenido in-extremis en Anoeta es el que les permite situarse justo por encima del descenso que marca el Elche. La sensación de seriedad, de plantel que no se rinde, capaz de sobreponerse constantemente a contratiempos, tiene que empezar a transformarlo el Alavés en algunas victorias más. Porque no son uno de los tres peores equipos de La Liga (aunque torres más altas han caído), si bien la evidente mejoría en el juego debe empezar a plasmarse en triunfos que demuestren que esta resiliencia no será en vano.

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