La revancha de una selección (casi) redonda
Había algo más que tres puntos en juego. España e Inglaterra volvían a encontrarse apenas unos meses después de aquella dolorosa derrota en la final de la Eurocopa y de la reciente en Wembley. Y aunque los contextos nunca son exactamente iguales, el fútbol siempre ofrece la posibilidad de escribir nuevas historias. Esta vez, la selección aprovechó la oportunidad para firmar una actuación que rozó la excelencia y enviar un mensaje claro: este equipo es el acutal campeón del mundo. Desde el primer minuto, España salió decidida a imponer sus condiciones. La presión alta fue probablemente una de las mejores noticias de la noche. Las jugadoras inglesas apenas encontraron momentos de tranquilidad para construir desde atrás. Cada recepción estaba acompañada de una camiseta roja, cada pase encontraba una rival cerca y cada intento de progresar se convertía en una carrera incómoda. Inglaterra nunca llegó a sentirse cómoda. Nunca pudo jugar el partido que quería. Pero si la presión fue el punto ...