La revancha de una selección (casi) redonda
Había algo más que tres puntos en juego. España e Inglaterra volvían a encontrarse apenas unos meses después de aquella dolorosa derrota en la final de la Eurocopa y de la reciente en Wembley. Y aunque los contextos nunca son exactamente iguales, el fútbol siempre ofrece la posibilidad de escribir nuevas historias. Esta vez, la selección aprovechó la oportunidad para firmar una actuación que rozó la excelencia y enviar un mensaje claro: este equipo es el acutal campeón del mundo.
Desde el primer minuto, España salió decidida a imponer sus condiciones. La presión alta fue probablemente una de las mejores noticias de la noche. Las jugadoras inglesas apenas encontraron momentos de tranquilidad para construir desde atrás. Cada recepción estaba acompañada de una camiseta roja, cada pase encontraba una rival cerca y cada intento de progresar se convertía en una carrera incómoda. Inglaterra nunca llegó a sentirse cómoda. Nunca pudo jugar el partido que quería.
Pero si la presión fue el punto de partida, la riqueza ofensiva fue el gran salto adelante. La presencia de Imade en ataque y la profundidad constante de Lucía Corrales ofrecieron una alternativa exterior que España no siempre ha tenido. Cuando el rival debe preocuparse por proteger los costados, inevitablemente aparecen más espacios por dentro. Y cuando esos espacios aparecen, pocas selecciones en el mundo están tan preparadas para aprovecharlos.
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Alexia Putellas y Salma Paralluelo celebran un gol ante Inglaterra. EFE |
Porque ahí viven Vicky López, Alexia Putellas, Patri Guijarro y Mariona Caldentey. Cuatro futbolistas capaces de acelerar el juego con una velocidad mental y técnica extraordinaria. La circulación de balón fue tan rápida y precisa que durante muchos tramos Inglaterra pareció perseguir sombras. El balón viajaba de un lado a otro antes de que las inglesas pudieran reorganizarse, generando una sensación permanente de superioridad.
A nivel individual, además, España atraviesa uno de esos momentos en los que varias piezas parecen alcanzar su mejor versión al mismo tiempo. Patri Guijarro volvió a ofrecer una exhibición de control, equilibrio y criterio. El primer gol del equipo obra suya, viene precedido de un gran robo, un soberbio regate y una excelente conducción para que, con una pizca de suerte, su tiro lejano acabe el la red. Alexia continúa demostrando que ha recuperado plenamente el nivel que la convirtió en una de las mejores futbolistas del planeta. Dos goles en muy buenas jugadas colectivas del equipo. La irrupción de Lucía Corrales aporta una dimensión nueva al equipo con la prefunidad y apertura del campo. Y, por si fuera poco, Salma Paralluelo parece estar reencontrándose con esa versión devastadora que parecía capaz de romper cualquier defensa a base de potencia, velocidad y determinación.
Todo ello convierte a España en un equipo tremendamente difícil de detener. Porque cuando consigues neutralizar una amenaza, aparece otra. Cuando cierras el centro, llegan los espacios por fuera. Cuando proteges los costados, las centrocampistas encuentran huecos entre líneas.
Y es aquí donde aparece otro detalle que ayuda a entender la dimensión actual de esta selección. Mientras España dominaba el partido ya por 3-0, en el banquillo esperaban dos futbolistas que serían titulares en prácticamente cualquier selección del mundo. Aitana Bonmatí, triple Balón de Oro y posiblemente la mejor jugadora del planeta, y Claudia Pina, autora del cuarto gol y especialista en hacer lo que mejor sabe: marcar con la camiseta de España.
Por eso el adjetivo "redonda" casi se queda corto. Casi. Porque este equipo todavía tiene margen de mejora, porque ninguna selección alcanza la perfección y porque el fútbol siempre obliga a seguir creciendo. Pero si algo dejó claro el partido de ayer es que España encontró algo más valioso que una victoria. Encontró una respuesta. Una revancha futbolística construida desde el juego, desde la personalidad y desde la sensación de que, cuando todas sus piezas encajan, esta selección es mejor que cualquiera.
Y eso, para quienes aman este deporte, es una noticia extraordinaria. Valoremos como españoles lo que tenemos, porque aún nos queda mucho que disfrutar, y mal haríamos no disfrutándolo.

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