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Del Origen del Futbol en San Mauricio...

-Pueblonuevo…-Dije
-De Arriba, señor- agrego solicito Ramiro.
-Vaya por Dios, que sorpresa- replique con sorna
- Pequeña villa agrícola que goza de hermosas vistas hacia los pestilentes pantanos de pozonegro- añadió gustándose mi guía, que o bien era indiferente a la ironía, o mas probablemente, carecía de malicia suficiente para reconocerla. Bendito país…

Llevaba cinco días en San Mauricio, nación que para quienes desconozcan exactamente su situación, además de ser bañada (en ocasiones incluso, ahogada) por el mar Caribe, es fronteriza con la republica de…………por el norte. A la costa pantanosa e inhóspita le sucede una selva tropical repleta de serpientes, sanguijuelas y cultivos industriales de bacilos diversos, cruzada por una cordillera escarpada, el Gran Pedregal…pocos nombres son llevados con tanta justicia.

Goza el país de un clima de gran regularidad (sequía la mayor parte del año, inundaciones en la estación de lluvias, barros y miríadas de moscas a continuación, y vuelta a comenzar el proceso), de temperaturas agradables (hablando desde el punto de vista de Santa Juana de Arco, mientras se convertía en luz que ilumina…o en Santa a la brasa; según se mire), y aireada atmósfera (con un par de huracanes al mes como para que no lo fuera…hubo un año que se le agotaron los nombres de mujer, por eso al ultimo de ellos le pusieron Elizabeth segunda).

En resumen, tan delicioso paraje no fue precisamente el rincón mas codiciado por los colonizadores, así que quienes allí llegaron eran, cuanto menos, gente bastante especial.

Eso era algo que se notaba en el mapa. Tal vez por que estas fueron de las ultimas tierras en ser pobladas, tal vez que la imaginación era algo desconocido entre este pueblo de gente laboriosa, pero de mente mas estrecha que un spaghetti, pero a una Villanueva le seguía un rioazul, un bosqueverde y un vallegrande…pragmatismo puro, oigan.

Por lo demás, hay que reconocer que la nación gozo tradicionalmente de una estabilidad desconocida entre los estados de su entorno, apenas asistió a medio centenar de golpes de estados desde la independencia, y eso contando incluso aquellos en los que no se había fusilado a nadie.

Bien, sin duda se preguntaran que hacia yo, escritor de reconocido prestigio (al menos en el honrado mundo de los apostadores y en el no menos selecto de los barman), en un lugar así.

No, aunque les pueda parecer extraño, tras mi apasionada descripción, no había venido a disfrutar de las maravillas naturales del país, sino a llevar a cabo un estudio sobre el fútbol Sanmauriciano, por encargo de la FIF….si, esa federación internacional de catadores de Güisqui y gourmets cinco estrellas, que tanto hacen por el desarrollo del deporte del Balón.

A uno, como freelance sin escrúpulos (para que engañarnos, mientras tenga dinero en el bolsillo para inflarme a Manhattans, lo mismo me da escribir sobre la fornicación en el antiguo Tibet que del cultivo del pistacho en Kirguizistán, tema apasionante este ultimo, aviso), se le encendieron los ojitos viendo el fajo de billete que ofrecían por semejante labor, así que raudo y veloz, y tras despedirme de Sisi, Mimi y Kiki (no, a la vez no, en orden alfabético descendente, para ser exacto) hasta mi vuelta, me dirigí al aeropuerto, a embarcar en el avión que me habían reservado.

Si, como era de prever, aquello no era tan bonito como me lo habían vendido. Por supuesto, no había vuelo directo (y tras conocer el país, a uno le sorprende aun menos), y tras cruzar el atlántico hasta Miami, tuve que embarcar allí en un viejo turbohélice que hacia mas ruido que el Ferrari de Fernando Alonso (toma dardo, lobato) y se movía mas que Paris Hilton en una noche de juerga (y se lo que me digo…), que nos llevo hasta la republica vecina. Lo próximo, pensé, será coger un globo y lanzarnos en paracaídas (o sin el), cuando estemos cerca…pero no, tuvimos suerte, nos metieron a todos en un autobús que podría haber servido para transportar las tropas de Patton (y porque los cartagineses iban en elefante), y tras apenas 14 horas de viaje, completamos los 200 kilómetros hasta la frontera.

Allí, por fin, pudimos descansar en la fonda local. No lucia mal, realmente. No estaba dotada de ciertas comodidades, realmente lujos de los que se puede prescindir sin demasiados problemas (como agua caliente, baño privado, sabanas limpias y papel higiénico), pero lo que le faltaba en equipamiento lo suplía en tipismo. Ya me dirán en que lugar se puede disfrutar de un sueñecito amenizado por la presencia de un hermoso ejemplar de Didelphis imperfecta, simpático animal de olor y comportamiento poco menos que exquisito (Les emplazo a que lean a Gerald Durrell para saber mas sobre el…o que asistan a una sesión del parlamento en algún debate tenso).

Por fin al día siguiente se presento en el puesto fronterizo el caballero designado para acompañarme, con puntualidad británica (porque llego como habíamos quedado a las 9, pero hora de Londres), Ramiro Francisco Rivera (de todos los santos y Madre de Dios), responsable de comunicaciones y relaciones externas de la federación de fútbol nacional (es decir, el amigo del hijo del hermano del secretario suplente del presidente). A partir de entonces, empezó mi trabajo. Desde la frontera nos trasladamos a la capital, San Pepe, para iniciar allí la labor de archivo. Lamentablemente, los de la federación dejaban algo que desear. Dado que varias generaciones de porteros demasiado pulcros habían decidido que todos esos papeles viejos hacia feo, la posibilidad de encontrar alguna información mas allá del domingo anterior se hacia casi milagrosa. No es que hubiera lagunas en los datos, aquello era mas parecido al océano pacifico…

Pero seamos serios, vista la calidad del combinado nacional, tampoco había demasiado que contar, aparte de goles de los contrarios. Napoleón aun era cabo cuando la selección ganara su último partido…

Decidido a pesar de todo a realizar mi trabajo, me encamine al estadio Nacional, para visitar sus instalaciones. Podríamos calificar su arquitectura de Neo rustica de inspiración inglesa. También aquí, como allí, grandes columnas estorbaban la visión…solo que si en el caso ingles tenían el practico uso de sostener la techumbre, aquí, donde dicho techo brillaba por su ausencia (en realidad esto es falso, lo que brillaba por su ausencia era el sol, y no vean como se notaba…), nos vemos obligados a lamentar su uso como mero objeto decorativo. Todo sea dicho, los sanmauricianos (mas comúnmente conocidos como Maus o mausitos), que como hemos hecho hincapié antes eran gente poco dadas a lo superfluo, daban uso practico a dichos pilares, y de vez en cuando organizaban una gran colgada, para limpiar las cárceles de facinerosos (y opositores al presidente de turno, con lo que nunca faltaban candidatos…por definición, cada Mausito era un opositor al presidente de turno, al menos que este fuera el mismo o algún familiar).

Necesitando recurrir a fuentes primarias pues, decidí entrevistarme con periodistas, futbolistas y gentes del mundo del balón que hubieran conocido las viejas épocas. Aunque los datos eran poco objetivos en la mayoría de los casos (creo que debí escuchar 100 veces que a los recontraboludos carajotes de los Albos, el apodo del Real Olímpico, el equipo mas laureado del país, los árbitros no es que le ayudaran, es que le abrían paso cual guardia motorizado a un coche oficial…), pero al menos me dieron una pista, tenia que viajar a Puerto escondido, todos coincidían en que el fútbol había entrado al país por allí, a comienzos de siglo.

Bien pertrechado de los objetos más vitales para el viaje (una cantimplora de vodka y dos paquetes de Montecristos), yo y el impagable Ramiro nos dirigimos hacia el Puerto, visitando de camino algunas de las poblaciones del país.

Y es aquí donde llegamos ahora al comienzo de nuestro relato, divisando desde la carretera (si dicho nombre se puede aplicar a una senda fangosa difícilmente diferenciable de sus andenes, salvo por el mejor firme de estos) la villa de Pueblonuevo (de arriba), ultima parada antes de llegar a Puerto escondido, situado al pie de la cordillera.

¿Qué decir del descenso hasta allí? Que ríanse ustedes de rafting, parapentes, descensos de barrancos y otras chominadas semejantes, que algunos osan llamar deportes de riesgo…bajen ustedes por la pista antes mencionada, con porcentajes del 25 %, sin quitamiedos que valgan (¿para que, si en este país todos son muy machos?), en un todoterreno cuyos frenos estaban mas gastados que la canción del verano en septiembre,y conducido por alguien que por otro lado no saben que existen( algo muy común entre los conductores mausitos) y entonces sabrán lo que son las emociones fuertes.

Por fin, el camino mejoro, descendieron los porcentajes, y tras la última curva, lo vimos.

Con las casas arremolinadas sobre una colina colgada junto al mar, las calles siguiendo las curvas de nivel, Puerto escondido se encontraba en una pequeña bahía ceñida entre dos cabos de altos acantilados, que dejaban apenas un pequeño paso entre ellos.
Por fin, aparcamos muy cerca de la orilla del mar, de un color verdoso, a juego con mi rostro del momento.

La zona del muelle era lo mas activo que había encontrado en todo el país (dejando aparte las tabernas)desde mi llegada,, al menos media docena de estibadores descargaban el único barco atracado, mientras medio centenar les observaban con expectación …cuando ví que el cargamento se componía básicamente de cerveza importada, entendí el motivo de tal ajetreo, impropio de una tierra tan ajena al stress.

Nos dirigimos hacia la casa de Don Domingo del Real Amado Casado, alias Dom-king, una de las figuras estelares de la historia fútbol mausito (lo cual no es mucho decir), famoso por el agarrón que le dio a Di Stefano en un partido amistoso de su club contra el Millonarios, y que hizo exclamar a este: “si vos queres mi mano te la concedo, che”. Desde entonces, como era de esperar, fue conocido en el mundillo como la “novia de Dí”…

Dom king moraba en una antigua casona ventilada por la brisa marina, de esplendidas vistas. Allí, mientras tomábamos unas jarras de zumo de cebada, y entre anécdotas sobre su carrera, nos fue revelando el origen del fútbol nacional.

Fíjense que todo fue pura potra, si en lugar del HMS Queen of Caribean, entra al puerto el USS Ulises S. Grant, ahora estaríamos dándole al Béisbol, esa es la realidad, al menos es lo que siempre me decía mi padre, que es quien me contó la historia.

Andábamos allá por los años anteriores a la gran guerra (la del 14, eh), y en el país había estallado otra revolución. Solo que esta vez el nuevo presidente había decidido nacionalizar las compañías extranjeras. Como era previsible, esto no gusto precisamente a las grandes potencias, que decidieron hacer valer sus intereses, mandado algunos navíos de guerra (la política de la cañonera la llamaban) y ocupando un par de puertos. Y al nuestro llego el Reina del Caribe.

Las cosas fueron en realidad tranquilas. El crucero mando un aviso de que iba a bombardear el fuerte, para que se alejara la población civil. Se le contesto que no gastábamos de eso. El capitán del navío, entre sorprendido e indignado por no poder cumplir su misión al pie de la letra, nos pregunto en ingles de Oxford: “¿Y entonces, Caballeros, que debo volar?

Poco después, varios proyectiles destrozaban la delegación de hacienda, blanco designado de forma unánime, entre los aplausos de la multitud.

Siguió a esto el desembarco de una pequeña tropa británica, recibidos por alborozo por los indígenas, ávidos de alguna variación de su rutinaria vida.

Y aquí, en cierto sentido, es cuando los hados empezaron a moverse en pro del balompié. La escuadra de desembarco, como si el rastro de miles de marineros anteriores les indicara el camino, tomo el rumbo que han tomado y tomaran, por los siglos de los siglos, los tripulantes de las embarcaciones que atracan en el puerto, colina arriba hasta la plaza de los faroles rojos, residencia de la nutrida colonia de meretrices locales, uno de los principales motores económicos de la población.

Y allí, con extrema diligencia, como disciplinada parte de la gloriosa marina británica, se dedicaron a “ocupar” los distintos locales de la zona.

Y bueno, entre uno y otro “round”, y para entretener la espera, se cuenta que los marinos se bajaron un balón del barco, y se dividieron para practicar eso que ellos conocían como Foot ball, en mitad de la plaza…lo curioso es como se formaron los equipos. Ya se que es algo no demasiado “honroso” para las pacatas mentalidades de nuestros compatriotas, pero hemos de admitir que los primeros conjuntos que se formaron en el país representaban a los tugurios de prostitución con mas éxito entre los soldados, así que que el primer match enfrento a los chicos de “Las pupilas de Doña Pepita” contra los chicos de “El Serrallo del Sultán”. Lamentablemente desconocemos el resultado final, al parecer a nadie se le ocurrió apuntarlo…pero lo cierto es que entre algunos de los espectadores nativos del evento, prendió la llama de eso del Sport…

Tras el conmovedor relato, Don Dom nos acompaño a la plaza y nos hizo conocer el “ambiente" local (que al parecer, a el si le conocía bastante, porque todas las mozas de la zona le saludaban alborozadas).

Hice unas fotos, nos empapamos de espíritu del lugar, y tras despedirnos de nuestro anfitrión, iniciamos el regreso a casa.

Espero que el informe les guste a mis clientes pero…si, no pude dejar de observar lo curioso de que el origen del fútbol mausito, y el de los algunos de los dirigentes de la FIF…tengan tanto que ver, se puede decir que ambos son hijos de…Británicos.


5 comentarios:

Mauricio dijo...

Jo, tremendo cuento. Aunque no te mereces ni siquiera un comentario. Que pesao tio!!!

Yo diría que tienes algo contra los mausitos y quieres desacreditarlos.

Kementari dijo...

Me ha gustado muchísimo. No pierdes el pulso para los relatos ;-)

Impagables las fotos de MyF y la foto de Cudillero... ¡quién no lo reconocería!

CALIGULA dijo...

Una perla Martín. Muy bueno!

Juan dijo...

Un excelente blog.

¿Intercambiamos links? Si te interesa responde en mi blog: http://marcador-deportivo.blogspot.com/

Un saludo.

Verbal Kint dijo...

Aguante el fútbol Mausito y el señor este Domingo.
Gran relato, compañero