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Destiñendo escudos, robando historias

Esta semana el artículo que realizó en colaboración con el Enganche sobre escudos no esta dedicado al emblema en si, sino mas bien a la extraña situación del equipo (o equipos) implicados. Ya veréis a que me refiero…

En el límite occidental de la Latina Rumania, se alza la ciudad de Timisoara. Por largo tiempo dominada por potencias exteriores (y durante siglos con una población mayoritaria de etnia alemana entre sus muros), siempre estuvo a la vanguardia del país (fue la primera población del mismo con iluminación eléctrica en las calles), y de allí también surgieron los vientos revolucionarios que derribaron al dictador Ceaucescu (de hecho, recibió el titulo de “ciudad Mártir” debido a la gran cantidad de victimas sufridas durante dichos acontecimientos).

Y en cierto sentido, en los últimos tiempos se esta asistiendo a una nueva ola revolucionaria en la villa, movimiento al que podríamos denominar violeta…y es que eso, unos colores, es lo que esta en juego.

El equipo emblemático de la población (al menos tras los tiempos heroicos) es sin duda la Politécnica de Timisoara, pero… ¿de que equipo estamos hablando ahora, si nos referimos a el?

Y es que tenemos ante nosotros uno de los más extraños casos del futbol mundial (que recuerda en parte a lo ocurrido con el Bohemian de Praga), un enredo de identidades, traslados y juicios que dejan, antes que nada, un amargo sabor de boca.

Fundada en 1921, en el seno de la universidad politécnica de la ciudad, el club cobró fuerza sobre todo tras la segunda guerra mundial, coincidiendo con la desaparición de los que hasta entonces habían sido principales representantes de la población. Más de treinta temporadas en la máxima categoría, dos copas y el contar con la posiblemente más fiel afición de Rumania, no fueron sin embargo suficiente para evitar lo que vino a continuación…

A finales de los 90, el equipo comienza un declive deportivo, descendiendo de la máxima categoría, y cayendo incluso hasta el cuarto nivel, donde ahora se encuentra.

Por ese tiempo, un empresario italiano, Claudio Zambon, compra el club, que se había desvinculado de la institución académica. Tras un tiempo, en el 2002, y descontento por el escaso “apoyo” (A su juicio) recibido en su gestión por parte de autoridades y los antiguos dirigentes del equipo, decidió trasladar al equipo a una pequeña localidad cercana a la capital, Bucarest, en cuya liga local juega en estos momentos. Ese momento significo para muchos la muerte de su club…


Mientras tanto…

Un exjugador rumano, Anton Doboş, internacional en diversas ocasiones, se hizo con el control de un club llamado Rocar Fulgerul Bradigaru (Que había estado alguna temporada en la elite), al que traslado a la capital, con el nuevo nombre de AEK Bucarest, en homenaje a su estancia en dicho equipo de la capital helena. Este equipo ascendió en el 2002 a la primera división (el mismo año que la histórica Politécnica, descendía a tercera y se trasladaba a Bucarest), pero…

El flamante ascendido recibió la propuesta de un grupo de los aficionados, directivos y fundadores de la Politécnica para fijar su sede en Timisoara y ocupar el puesto del trasladado conjunto histórico. Aceptó, y el equipo pasa a llamarse Politécnica-Aek Timisoara, para borrar con posterioridad lo de AEK.

Desde entonces, es el club, de largo, con mayor asistencia de publico al estadio, lo que deja claro que , al menos para los aficionados, es este equipo la verdadera Politécnica, la que mantiene el espíritu del equipo universitario, a pesar de que en otro sentido, podría hablarse de un “clon”, y es que la única diferencia entre su caso y el del Poli es el muchísimo mayor numero de seguidores de este…no creo que a los aficionados del antiguo Fulgerul le hiciera mucha gracia todo el asunto…

Pero…las cosas no acaban aquí. El nuevo conjunto, adoptó el nombre y los colores violetas del antiguo equipo (colores que proceden de los del Chinezul Timişoara, mítico club de la ciudad, ganador de seis ligas rumanas consecutivas en los años 20), pero esto no gustó al propietario italiano de la “original” politécnica, que reclamó ante el comité de arbitraje de la FIFA, para impedir tanto el uso del nombre, como de los colores.

La FIFA dio la razón al empresario, y conminó al nuevo club a evitar la apropiación de “identidad”…aunque el reclamante de la misma, se hubiera cargado gran parte de la misma con el traslado del equipo a una ciudad a centenares de kilómetros de su sede…

La nueva entidad, reticente al cambio, intentó eludirlo recurriendo a ciertas triquiñuelas…para empezar, cambiando en sus estatutos la denominación de los colores oficiales, de violeta a “malva”.

Esto no se tomó demasiado bien por parte de la Federación rumana como un engaño, lo que provocó una sanción de seis puntos al equipo al comienzo de la liga…esos seis puntos, son los que le impiden estar lideres de la liga, como se merece. En su momento, esto provocó multitudinarias manifestaciones de los hinchas, indignados por la situación, que acusaban (y acusan) de corrupción a la federación…incluso montaron una web para “denunciar” la situación.

Ante esto, el club decidió tomarse en serio el asunto, cambió el nombre (pasando a ser FC Timisoara) y abandono completamente el uso del violeta (malva o como se quiera llamar), tanto en el uniforme (que paso a ser blanco), como, y esto es lo mas curioso, en el escudo.



Y así es como podemos comprobar que en el emblema (adoptado poco después del traslado del equipo desde Bucarest), parece que actuó un detergente de lo mas eficiente, dejando todo blanco, blanquísimo, sin rastro de color…

Ese Yelmo negro, el caballero, simboliza por una parte las raíces medievales de la localidad, y por otro la nobleza del duelo, el deportivo, que de eso se trata en suma un partido de futbol. Mientras, los tenentes, los caballos, son los mismos que aparecían sosteniendo el antiguo escudo de la ciudad (y que en cambio desapareciendo del blasón municipal).

Como habréis comprobado, difícilmente se puede liar más la madeja, el equipo “original” en Bucarest, el nuevo llegado desde allí, y reconocido como el propio por los aficionados…es algo tan extraño, tan rocambolesco, que da pie a muchas preguntas. ¿Qué es lo que verdaderamente hace a un club, sus colores, su escudo, su nombre, sus aficionados? ¿Quién tiene los derechos reales, no los jurídicos, sobre la historia y el espíritu de un equipo? En suma, ¿Cuál es la autentica Politécnica?

¿Os atrevéis a contestar?

3 comentarios:

Carlos Pérez dijo...

No teeeeengo ni idea. Pero es que hace ya tiempo que este interrogante se me apareció, y creía que lo ibas a descifrar, jeje. Yo pensaba que Wikipedia estaba equivocada, con dos equipos iguales de diferente ciudad... yo que sé, un lío de narices...

Un saludo, gran artículo!

tomenos dijo...

yo creo que la autentica politecnica ha desaparecido y si acaso alguien tuviera sus derechos deberia ser el club que se mudo a Bucarest

Estoja dijo...

Vaya lío. Interesantísimo artículo Martín. La verdad es que es muy difícil saber quien es el verdadero equipo pero creo que el italiano pasó un poco de la gente de Timisoara desvinculando al equipo de su ciudad. Yo creo que una vez haces eso deberías perder algún derecho sobre la historia del club, no? sobre todo si hay un grupo de aficionados de Timisoara que quieren el club en su ciudad.

Es un tema muy espinoso y difícil de opinar sobre él.