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El lugar donde nació el Futuro

Llega nuestra semanal aproximación al mundo de la simbología futbolística, a través en este caso de una insignia que nos transportara a los años en el que el mundo cambio para siempre…Podéis como siempre encontrar el articulo original en El Enganche, a continuación, la versión del director, con extras opcionales.

A principios del siglo XIX, poco después de las guerras napoleónicas que ensangrentaron Europa, el mundo se redujo de repente.

Y lo hizo impulsado por la fuerza del vapor, tanto en el mar como en la tierra.

El ferrocarril, que permitía comunicar con prontitud tierras que parecían muy lejanas, es el emblema por antonomasia del decisivo progreso de las comunicaciones que se produjo en aquellas décadas. Ni el automóvil, ni siquiera el avión, han significado tanto en la historia del transporte como aquellas humeantes maquinas atravesando los antes tranquilos campos. El “Caballo de Hierro” no solo hizo el viajar mas fácil y rápido (y no solo a los pasajeros, sino, tal vez incluso mas importante, a las mercancías), sino que transformó mentalidades y cambio hábitos…si los tiempos modernos tuvieran que ser reducidos a una sola imagen, esta debería ser una traqueteante locomotora.

La escala temporal varió, ya no se pensaba en días, sino en horas, el ritmo de vida se comenzaba a acelerar, y aun no ha terminado de hacerlo, para satisfacción de los psicoanalistas. Lo que ayer era el “extranjero” (lo que en la mayoría de la historia equivalía a todo lo que estuviera a partir del siguiente valle) hoy parecía estaba a unas pocas millas de distancia…la medida ya no la media el paso humano, sino la caldera del tren.

Los viejos tiempos finalizaban, la industria había triunfado, se decía adiós a nobles y reyes, era la época de los burgueses y la aparición de la clase obrera, del colonialismo y el imperialismo, el crecimiento de las ciudades y la lucha social.

Eran días en el que aunque el presente aun se mostraba turbio, el futuro parecía lleno de promesas, la palabra Progreso se oía en todas las bocas, como una especie de mantra, todo parecía conducir a un mañana mejor.

Y todo ello, tuvo un punto de origen, Inglaterra. Rica en minas, dueña de un extenso imperio ultramarino y una soberbia flota, era el marco natural para el desarrollo de lo que ahora conocemos como revolución industrial, el nacimiento de nuestra civilización actual, basada en las maquinas.

Surgida, tras la caída de Bonaparte como potencia dominante, con su flota como baluarte de su poderío, y una soberana de tan largo Reinado que dio nombre a la época, era conducida (y a la vez, conduciendo el resto del mundo), por hombres capaces de decir cosas como “La Hora de las pequeñas naciones ha pasado, ha llegado la de los Imperios”…

Si, Inglaterra era por entonces lo más parecido a una locomotora acelerando…

En una época de cambios y de innovación, no fue extraño que alguien no tardara demasiado en pensar que tal vez se podría aplicar la maquina de vapor a algún tipo de vehículo. Y aunque con los típicos problemas y fallos de cualquier nueva creación (esos que se dan entre en momento en el que alguien dice “no puede funcionar” y el de “No se como podía vivir la gente antes de que existiera”, pasando por el inevitable: “¿ves? Te dije que no funcionaria”), la idea se desarrollo, creció y alcanzo unas dimensiones extraordinarias…en la segunda mitad del siglo XIX, se tendían una media de 18000 kilómetros de líneas de ferrocarriles al año. Y todo a pesar de que en 1835 un grupo de médicos y científicos alertaban del peligro de los viajes en tren, debido a su descabellada celeridad, que daría lugar a dolores de cabeza y desfallecimientos…en esa época, la media de velocidad del tren era de poco mas de 20 kilómetros por hora…

Nacido para transportar minerales extraídos de una mina, de transportar solo carbón a la primera línea de pasajeros apenas pasaron unos años. Esta se inauguro un 27 de septiembre de 1825, la “The Stockton and Darlington Railway”, tendida por la compañía del llamado padre del Ferrocarril, George Stephenson.

Y es aquí, en ese preciso lugar, cuando historia y deporte se unen…en Darlington.

Situada al noreste del país, con algo menos de 100.000 habitantes, su principal representante futbolístico, El Darlington FC, nacido en 1883, se unió a la Football League en 1920, y desde entonces, es un casi eterno componente de la ultimas divisiones de la misma, con mínimos éxitos (si a éxito se le puede denominar disputar un par de temporadas en segunda división allá por 1925), y una gran tragedia, su descenso a la conferencia en 1989(fue uno de los primeros equipos que bajo a la misma desde la liga profesional), rápidamente subsanada por el ascenso del año siguiente…poco mas se puede decir deportivamente de un club de trayectoria tan anodina, que desde 1992 permanece en la League Two…

Su escudo nos va a explicar en gran medida el porque de ese inicio tan ferroviario…


Dos imágenes destacan en el mismo, un sombrero, a su vez relacionado con el sobrenombre del club, que aparece en la parte inferior, y una locomotora.

Centrémonos primero en la maquina. No es una representación esquemática, simbólica, de una locomotora cualquiera, sino más bien el dibujo de una en especial, única en su especie.

Se trata de la Locomotion No. 1, la encargada de mover ese primer tren de pasajeros de la historia. Diseñada por Robert Stephenson unos años antes de su legendaria Rocket (la considerada primera locomotora moderna), la maquina se encuentra conservada en el museo del Ferrocarril de la localidad, y aparece también en el escudo de armas de la ciudad (un emblema moderno, de la segunda mitad del XX, tal vez incluso posterior al del club).

Dicho todo lo cual, tampoco viene mal añadir que en 1828, en el tercer año de uso, la caldera estalló, matando al conductor…Se trató de una de las primeras explosiones de la historia de ese tipo. Con posterioridad fue reconstruida, permaneciendo en servicio hasta 1841.

Pero…nos queda aun desvelar el significado de ese extraño gorro negro.

Como había comentado antes, esta en conexión con el sobrenombre del club, inscrito dentro del escudo, los cuáqueros.

Se trata de una corriente religiosa caracterizada por su ardiente pacifismo, austeridad e ideas avanzadas para su época (como la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte), que gozaba de cierta importancia en la región de Darlington.

Para los cinéfilos, existe una gran película protagonizada por Gary Cooper, La Gran Prueba (ambientada en la época de la guerra de secesión), donde aparece el actor como un esforzado padre de familia cuáquera.

Su inclusión dentro del emblema se debe sobre todo a la familia Pease (miembros de dicha comunidad), una de las mas importantes para la historia moderna de la localidad, ya que dos de sus miembros, Edward y Joseph, fueron quienes impulsaron precisamente ese ferrocarril pionero, con el propósito de unir sus minas de carbón con un puerto cercano, con la idea inicial de un tren tirado por caballos, para después, convencidos por Stephenson, descartar la tracción animal en beneficio del vapor.

Gracias al impulso de estos hombres, la ciudad creció y se desarrollo, y en homenaje a ellos y a su contribución, se adopto por parte del club como uno de los símbolos de la entidad, ese sombrero… Lo que pasa es que mas que típico entre los antiguos cuáqueros, ese gorro fue usado por los Puritanos , para posteriormente ser popularizado para la posteridad (al igual que el Pavo de Navidad)por los famosos “peregrinos” llegados al nuevo mundo.

Con graves problemas económicos que le han llevado a recibir diez puntos de sanción, que le van a impedir disputar el ascenso a tercera (del cual estaban muy cerca), debido sobre todo a la megalomanía de uno de sus pasados dirigentes, un tal George Reynolds (un hombre de negocios “controvertido”), que hizo construir un estadio nuevo(al cual dio su nombre) de tamaño desproporcionado para la entidad.

A los “Cuáqueros” solo les queda confiar en un futuro mejor…cuando tengan dudas, que miren su escudo, al menos encontraran esperanza…

4 comentarios:

Garrincha dijo...

Tremendo Martín, que clase de historia y cuanto se aprende con tus artículos sobre heráldica. Enhorabuena y gracias ;)

Martín dijo...

Pues esperate a que empiece a poner examenes :-P

El Sr. Ska dijo...

me lleva tendre que ponerme a estudiar que no recuerdo muy bien que digasmos las primas clases :P

Como siempre muy buen articulo y gracias por compartinos ese parte de la historia de un club que aveces pensamos no existe

gracias:)

saludos desde Mexico

Ariel dijo...

Brillante como siempre ;-)

No había tenido tiempo de leerlo ayer, pero sabía que me esperaba algo bueno con sólo haber visto el título.

En contraste con nombres como Cremonese, al Darlington se lo puede ubicar dentro de la categoría de "Clubes sedentarios". Son todo lo contrario a un ascensor. Viven felices de la vida correteando año tras año por la misma división. Rara vez se acercan a la pelea por algo.