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La soledad del Arquero

Tienes demasiado tiempo para pensar, solo, en mitad de la multitud. O te vuelves filósofo, o te alcanza la locura. A veces, ambas cosas”.

De “La soledad del arquero” (L.Yashin)

Es difícil ser único en un mundo estandarizado. Todos, incluso los que pretenden ser diferentes, acaban formando parte de un grupo, una tribu. Si te vistes de negro al completo y dejas que tu cara tome una tonalidad que asustaría incluso a un miembro del KKK, te veras pronto rodeado de otros seres de similar tendencia. Si decides que el pelo pincho es lo que se lleva, acabaras metido en algun after sin saber que hora es ni cuanto tiempo llevas sin dormir, pero eso si, tu coche brillara mas que las estrellas en la noche y serás mas ruidoso que el motor de un Boeing. Tú fliparas, pero mejor nunca sepas lo que la gente te desea cuanto se ve obligada a disfrutar de tu selección musical.

Pero algunos, pocos, si que logramos conservar nuestra independencia entre las masas. Incluso siendo parte de un grupo, apenas lo somos nominalmente. En el momento decisivo estamos solos, somos diferentes, lo sabemos…y nos gusta.

Soy portero. Guardameta, cancerbero, arquero, meta…tantos nombres para una sola figura, aislada, solo en mitad de la multitud.

Si, tienes otros diez compañeros dentro de tu equipo, algunos de ellos incluso muy cercanos (a veces, y con ciertos entrenadores, muchos y aun mas cercanos). Pero…no son como nosotros. De hecho, ni siquiera vestimos igual, estamos marcados, para que nadie pueda evitar reconocernos. El contacto de sus manos con el esférico es pecado, el nuestro, salvador. En el área nadie manda más que yo, soy el rey, el tirano…pero si salgo de ella, es como si entrara en un mundo diferente, más oscuro y cruel, el reverso tenebroso del portero. En cierto sentido cuando nos arriesgamos a trascender la línea blanca que marca la frontera de nuestro reino, nos convertimos en émulos de aquellos exploradores de antaño, que partían hacia lo desconocido…

Somos odiados. Lo sabemos. Si, nuestra afición nos aplaude cuando evitamos un tanto, respira cuando desviamos un tiro, pero…en el fondo de los corazones de todos los hinchas, de cualquier amante del futbol, existe un rincón de profundo resquemor contra nosotros. El futbol es gol, solo se gana si se marca uno más que el contrario… y nosotros, maldecidos por el destino, somos los encargados de negar lo más sagrado de nuestro deporte. Somos como Judas, necesario para que la historia se cumpla, pero no precisamente alabados por nuestro protagonismo.

Pero a veces, muy de vez en cuando, uno de los nuestros, en nombre de todos, se toma cumplida venganza. Un gol de un portero es la paradoja suprema de nuestro deporte, y para mi, personalmente, la confirmación de que nunca se debe perder la esperanza, de que incluso los condenados pueden esperan ser redimidos, aunque sea por un breve segundo.

Es difícil mantenerse totalmente cuerdo viviendo siempre al filo del alambre. Podemos estar parados, como si fuéramos simples espectadores privilegiados, la mayoría del partido, y de repente vernos obligados a desatar toda nuestra agilidad en una jugada aislada. Si, puede que sea imposible parar un balón, pero siempre, por muchos defensas que haya, por muy bien que lo hiciera el delantero y por vendido que estés en la jugada decisiva, la culpa final será solo tuya. Serás culpable, y cada uno de los tantos que reciban serán otras tantas pruebas de tu delito. En cierto modo, es como si cometieras un crimen delante de miles de testigos…no puedes escapar.

Es inevitable entonces que a veces cometamos actos que a ojos de los demás puedan parecer desquiciados. De hecho, seguramente lo serán.

Por algún lado tiene que escaparse esa presión intensa que sentimos. Todo ser humano, incluso nosotros, seres apestados, al margen de la sociedad, debería tener derecho a vivir en paz, a no ser atacado una y otra vez. Si, nuestro trabajo es sucio, cuando lo hacemos bien hacemos infelices a miles de personas, deberíamos sentirnos miserables, malvados…y no lo hacemos. La basura huele mal, pero para que todos vivamos bien, alguien tiene que recogerla. Nosotros, en cierta medida, somos iguales. No nos miréis con odio, apreciad nuestros servicios…comprendednos, solo Intentad comprendednos.

Y si no pensad que tal vez algunos de vuestros hijos, poseído por la locura, puede convertirse en uno de los nuestros…nadie esta libre, nadie, recordadlo…y rogad por nuestra alma.

4 comentarios:

FI dijo...

Trasladándolo a un deporte muy arraigado en México, el béisbol, estaríamos hablando del cátcher.

Tanta soledad han hecho que hasta el Tubo Gomez se sentase a leer un libro en pleno clásico.

Iñaki dijo...

Siempre me he fijado en los porteros porque me viene de familia (mi padre lo fue de balonmano y mi hermano de fútbol), así que los intento comprender y suelo ser menos crítico que el resto de la gente.

Yo también juego de portero a fútbol sala y es una gran responsabilidad. En un deporte donde hay que intervenir tanto, el puesto cobra aún más importancia que en el fútbol. Si tú estás mal, hay muchas posibilidades de que pierdas el partido.

Un saludo desde 'El Futbolín'

Mauricio dijo...

Dificil trabajo ser portero. Botito cuento

NIPO dijo...

Precioso post martin! Ese portero tan odiado y admirado, san palop :D