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Mucho tiempo desde la última

45 años, toda una generación, sin alzar la copa más importante; 38 sin ni siquiera alcanzar la final. Mucho, demasiado tiempo para un club que fue verdaderamente grande y que tras aquella época de gloria se convirtió en la metáfora del fracaso y la desgracia. Desde el 2006, ya sea por los escándalos que ha vivido el fútbol italiano o porque, por probabilidad, algún proyecto de Moratti tenía que cuajar, todo cambió: el Inter ha recuperado el cetro italiano con cinco títulos consecutivos y vuelve, su asignatura pendiente en los últimos años, a luchar por el reinado europeo.
Pero sí, demasiado tiempo sin ver al Inter, un clásico de un país clásico, en lo más alto. Las dos Copas de Europa que lucen en el palmarés de los nerazzurri se consiguieron en años consecutivos, en 1964 y 1965, en el contexto de aquella Grande Inter dirigida por Helenio Herrera, cuya alineación (Sarti, Burgnich, Facchetti,...) todos los aficionados recitaban de carrerilla. Y el paso del tiempo siempre hace que fluya la nostalgia, siempre mitifica un pasado que no siempre tuvo que ser idílico, pero es cierto que fueron dos finales plagadas de anécdotas e historias de otro fútbol.


En 1964 se enfretaron el Prater el Inter y el Real Madrid, un Madrid que había cedido su hegemonía a Benfica y Milan, pero que todavía contaba con Di Stéfano, Puskas y Gento. HH había anunciado en verano que vencerían "todo, campeonato y copa de los campeones", pero a los italianos les costó llegar hasta Viena: en la primera ronda eliminaron al Everton por un solo gol de diferencia y en las semifinales tuvieron que luchar como nunca para salir vivos en su enfrentamiento contra el Borussia Dortmund. Pero una vez a las puertas del Prater, un ser tan metódico como Herrera no dejó nada a la improvisación: no sólo asignó cuidadosamente los marcajes al hombre, sino que además repartió los retratos de quienes tenían que cubrir para que sus jugadores no dejaran de pensar en su tarea. Y vaya que cumplieron: el malogrado Tagnin (porque también en la Grande Inter hay una leyenda negra) era el encargado de marcar a Di Stéfano. Éste se encontraba defendiendo en su propia área, pero su incansable marcador le seguía hasta allí. El argentino le preguntó si hasta ahí le iba a acompañar y Tagnin le respondió: "te seguiré hasta el baño".

El partido, 2-1, con dos goles de Mazzola, fue una metáfora del cambio de hegemonía en el fútbol europeo, en el que acababa el dominio implacable de los de Bernabéu. En el túnel de vestuarios, minutos antes de la final, con ambas formaciones en fila, el joven Mazzola se quedó medio embobado, medio paralizado viendo a su ídolo Di Stéfano. Luis Suárez, con más experiencia en este tipo de partidos, tranquilizó a Sandro y le dijo que había que jugar un partido. Tras el partidazo que jugó, Mazzola fue corriendo a intercambiar su camiseta con su ídolo, pero Puskas, lo paró antes para entregarle la suya: "He vuelto a ver en ti a Valentino, tu padre", le dijo, como en homenaje y reconocimiento a la nueva generación que llegaba. Fue además la última final de Di Stéfano: al año siguiente se marcharía del Madrid enfrentado con Muñoz.

Un año más tarde, el Inter repetía título en su propio estadio contra otro de los dominadores de los últimos años en Europa: el Benfica de Eusebio y Coluna. La final, a la que los milaneses llegaron tras una victoria épica ante el Liverpool (eliminatoria en la que fue clave un gol de pillo de Peiró al estilo Tamudo), no pasará a la historia de las más bellas. De hecho, quizás ni se tuvo que jugar: una tromba de agua en una noche fría dejó San Siro convertido en una piscina y los lisboetas reclamaron aplazar el partido. Eran otros tiempos, claro, con otra logística y era difícil una marcha atrás. Al Inter, epítome del catenaccio, le bastó un gol, cantada mediante de Costa Pereira (lesionado después, en un tiempo en el que no existían los cambios), para hacerse con su segunda Copa de Europa.

Desde entonces, nunca más. Pasaron los Beatles, Vietnam, la música disco, cayó el Muro, llegó internet, el fútbol perdió romanticismo y ganó en globalidad, pero el Inter nunca volvió a saborear una Champions. Demasiado tiempo. Algunos ven en Mourinho un Helenio Herrera aggiornado a la nueva era que vivimos. ¿Será esta Inter de Milito, Julio César y Etoo una nueva Grande Inter?

5 comentarios:

Garrincha dijo...

Gracias por un post tan bonito con tanto sabor añejo, Chimo.

Espero que si, que vuelva la Champions a las vitrinas del Inter tras tantísimo tiempo de espera, fracaso y decepciones.

La trayectoria, el plantel y todo lo logrado hasta ahora van en esa dirección, así que espero llorar mañana ... de alegría.

Un saludo!!

Jokerman dijo...

El Bayern, como el Madrid de Di Stéfano (salvando las distancias) juega al fútbol de verdad. El Inter de Mourinho, como el de HH, juega a no dejar jugar y aprovecha los errores del contrario para liquidarlo. ¡Y aún así algunos se van a poner a llorar si esta banda de mataos pierde mañana!

cityground dijo...

Pues esos 45 años es una de las razones por las que prefiero que gane el Inter.

Si gana el Inter, segundo triplete seguido de Etoo, seria histórico.

hugo charles dijo...

No pudo ser mejor expresado el sentir neorroazurri en estos momentos previos a la final. Demasiados años para un grande pero ya llego y no hay que desaprovechar.
Saludos!

Darío dijo...

Felicitaciones Inter!.