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Sensaciones mundialistas cafeteras (1ª parte)

Desde Café Fútbol abrimos un poco nuestro corazón (y nuestros recuerdos) al exterior para mostraros las sensaciones de cada uno de nuestros componentes de cara a la Copa del Mundo que se inicia hoy mismo. En esta primera entrega, cuatro de nuestros componentes dan el pistoletazo de salida

Martín

Historia, recuerdos, imágenes que permanezcan en la mente colectiva por décadas. Eso es lo que espero de Sudáfrica 2010. Y en cierto sentido, tengo la seguridad de que lo obtendré.
Porque en este mundo donde nada perdura, donde la actualidad salta de un punto a otro del globo sin cesar, donde ningún acontecimiento parece que suceda realmente si no sale en televisión, es muy difícil decir que va a quedar o no en el recuerdo, o que se olvidara dentro de una semana, un mes, un año…






Y sin embargo, ciertos episodios siempre aseguran ofrecer instantes inolvidables, garantizan con total certeza el paso a la inmortalidad de algunos nombres. Uno de estos eventos es el Mundial de Fútbol, ese mítico escenario en donde todo aquel que ha amado el fútbol en algún momento de su vida ha soñado con actuar, con lograr el gol de la victoria, con alzar esa dorada copa por encima de su cabeza, mientras el mundo entero observaba, admirado, su triunfo, el suyo, el de su equipo, el de todo un país.
Y aunque todos conozcamos el final de la trama, nadie puede asegurar quien de entre los protagonistas se convertirá en el actor principal. Y aun cuando solo uno logré la gloria, siempre algún secundario de lujo puede arrebatarle el cariño del publico, porque lo hermoso de este deporte es que, aunque te muevas , siempre puedes salir en la foto.
Aquí no hay medallas de consolación, ni el bronce ni la plata colgaran sobre los cuellos de los que se quedaron a la puerta del cielo… pero a pesar de que el fútbol se antoje por esto un deporte cruel, donde solo uno gana, la historia de los mundiales, como la historia del fútbol, esta repleta de imágenes de equipos que no lograron ningún trofeo, pero si un lugar en nuestra memoria.
Dentro de un mes el balón dejara de correr en el Sur del continente negro. Y sin embargo, jamás dejara de hacerlo del todo, desde el momento en el que el árbitro pite el final de la final, Sudáfrica 2010 habrá entrado en la leyenda, un puñado de nuevos héroes entraran en el siempre creciente Olimpo del Planeta fútbol, enriqueciendo esa mitología infinita trazada alrededor de la circunferencia de ese único dios, el balón.
Por otro lado, y transitando ahora por una carretera secundaria, mucho más personal, para mi el mundial es la presencia de Nueva Zelanda, es ver a selecciones desconocidas enfrentándose a las grandes potencias, a jugadores casi anónimos ante las estrellas mas brillantes del firmamento mundial…sin eso, sin esos combinados inesperados, sin esa mezcolanza de estilos, procedencias y color, el mundial no seria nada. Por eso, porque aun representa todo aquello que el dinero aun no ha podido arrebatar al fútbol, aun puedo creer que esta copa del mundo sigue siendo mía…hasta el día que los que creen que el fútbol debe reducirse a un selecto club elitista donde no cabe nada fuera de lo que sus estrechas mentes consideran como la perfección logren su propósito. Entonces lo mejor será apagar la luz, cerrar los ojos… y creer que todo fue solo un hermoso sueño.

Garrincha

Escasos días, apenas algunas interminables horas son las que quedan para que se inicie la gran cita que todo futbolero ama apasionadamente pero anhela 4 largos años hasta su pistoletazo de salida. La misma dará comienzo este próximo viernes, aunque para mi la verdadera Copa del Mundo empezará el miércoles cuando los míos, España, disputen su primer envite como serios candidatos al título.
Sin duda tal etiqueta es algo que hay que demostrar no solo con la trayectoria previa, sino especialmente a la hora de la verdad, esa que diferencia a los buenos de los mejores, Olimpo al que creemos merecer entrar junto a los combinados de leyenda pero que solo un mes puede chafarnos la ilusión alimentada durante todo este período, esta vez, con galardones significativos como la Eurocopa gloriosamente lograda en Viena en 2008 además de un buen puñado de exhibiciones ante conjuntos de toda talla y categoría, llamasen Inglaterra, Argentina, Francia o Italia, todos ellos ampliamente superados y derrotados.

Todo muy bonito, ¿no? Sin embargo, la pelota poco entiende de justicias, pues la única ley incuestionable en esto del fútbol es que vencerá aquel que más goles anote. Así pues, la trayectoria previa que avala un estilo tantos años buscado y por fin encontrado como sello inconfundible de La Roja, no es más que un sello tan inconfundible como efectivo con el que esta vez si hay ir hasta el final (incluso ante un batacazo prematuro), siendo conscientes de que una mala tarde colectiva, algún error puntual, una indecisión en el peor instante o la mala apreciación arbitral en un momento determinado pueden derribar un castillo perfectamente cimentado sobre una base tan sólida como nunca en la historia de nuestra selección.
Por todo ello, si siempre fui optimista respecto a mi selección nacional, hoy lo soy más aún. Ello no me impide ser consciente de que no solo no somos un equipo perfecto (¿acaso eso existe?) pese a la casi inmaculada relación juegos-resultados, sino de que todo se puede estropear en un santiamén por aquellos intangibles del fútbol que siempre están ahí.
¿Mis sensaciones? Honestamente, me encuentro tan optimista como atemorizado. Si bien lo hecho desde hace 2 años a esta parte nos coloca en el pelotón de favoritos por derecho propio no es menos cierto que esta vez el tortazo puede doler más que nunca. Deseo desde siempre ver a España campeona del Mundo, siendo hasta ahora ésta la mejor ocasión para ello en función al como y el cuando llegamos, sin con ello pretender faltarle al respeto a ninguno de los otros combinados que no solo pueden derrotarte por su presente sino también por el peso de la historia.
Por todo ello mi pronóstico colocaría a España en semifinales. No es que piense que ese es su tope, sino el mínimo que se le puede exigir a esta generación, la cual estoy convencido de que puede alcanzar la gloria máxima pero de la que haga lo que haga estaré orgulloso porque me han permitido a mi y a otros muchos millones de españoles soñar más alto que nunca.

Juampex
El tiempo, a veces amigo del hombre, todo lo deja atrás...(Kase O, de Violadores del Verso, en "Vivir para contarlo")

El tiempo deja atrás todo, convirtiendo en recuerdos cosas que hoy vivimos como hechos "objetivos", si es que eso de la objetividad existe. Cuatro años han pasado ya desde el último mundial, cuatro años que en lo personal han supuesto un salto desde la etapa de la universidad hasta una cierta madurez, por mucho que una camiseta, de mis favoritas, rece "Post-adolescente del siglo XXI" en el pecho.

Claro que, quizá pensándolo bien, no son conceptos tan antagónicos. Como dice esa frase, el tiempo también puede ser amigo del hombre. Creo que en este momento tengo a mano, en igual medida, las mejores cosas de la adolescencia y de esa madurez: los amigos, mi familia, las ganas de cambiar cosas, las ganas de escribir, responsabilidades, y sobre todo, una especie de mezcla de experiencia por lo conocido con ilusión por todo lo que me falta por conocer.

Creo que a mi selección le ha pasado lo mismo, o que al menos, hemos pasado por momentos similares. Tras el último mundial, en el que volvíamos a ser favoritos para irnos apeados, llegó una Eurocopa a la que se llegó con dudas y se salió con un trofeo y una filosofía bajo el brazo, con varias redenciones por el camino: La maldición de los cuartos, el no saber competir, hasta la pizca de suerte que otras veces tanto echamos en falta. Todo eso ya es historia. Creo de igual manera que la selección tiene ahora mismo tan a mano la ilusión del que se quiere comer el mundo como el conocimiento y la serenidad para saber reaccionar en cada momento.

Y ahora tenemos una oportunidad para demostrarnos, y de paso demostrarle al mundo, que aquello no fue un sueño de una noche de verano. En un mundial, que no deja de ser 32 equipos representando a diferentes partes del globo, diferentes culturas, diferentes propuestas, diferentes credos, incluso diferente fútbol, y cada uno de esos 32 representantes acude con sus mejores argumentos. Nosotros, por una vez, tenemos todo eso a lo que aludía antes: la juventud, la madurez, y la calidad necesarias para poder hacerlo, para ser la que de esas 32 vuelve con la sonrisa en la boca, o con la sonrisa más grande.Tenemos, a la vez, todas esas cosas que se suponen en las personas, o en los colectivos, cuando alcanzan el siguiente paso en su evolución.

El siguiente paso en mi vida no lo daré yo: lo dará mi futura hija, a la que esperamos para Septiembre. Asi que, aunque Julia solo podrá ver el mundial grabado en algún tipo de soporte, no puedo ocultar el deseo de que el día de la final todo el país cante un gol tan fuerte que ella, desde el vientre de su madre, pueda oirlo.


Estoja

Mis primeros recuerdos de una Copa del Mundo son los de México’86. Sin embargo no recuerdo haber visto ningún partido de ese mundial. Lo único que recuerdo es una breve conversación con mi padre en la cocina; hablábamos de Butragueño. En cambio, si que recuerdo haber seguido el Mundial de 1990 en Italia. Y todo empezó con la colección de Panini. Aún guardo ese álbum en mi casa de La Coruña y le tengo mucho cariño. Nunca olvidaré esas postalillas de Gascoigne, Chendo, Van’t Schip que había nacido en Canadá pero jugaba con Holanda, el “chacho” Versavel, Kasey Keller con flequillo recortado y trovillas, Mc Leish que parecía un muñeco, los dos melenudos porteros colombianos (Eduardo Niño e Higuita), el mítico John Jairo Tréllez, las postalillas dobles y mucho más. A mis casi 30 años, y después de varios años de pausa, he vuelto a coleccionar (aunque no es lo mismo que cuando era niño).
Todos los mundiales los vivo con mucha intensidad. Además, desde que vivo fuera de España los vivo quizás un poco más intensamente, por eso de no vivir en mi país. Tengo que reconocer que me encanta la primera fase, cuando hay tantos partidos que ver, y tan seguidos. Por supuesto, también disfruto las eliminatorias a un partido pero ya de otra manera.
Creo que el gran favorito es España; también veo a Inglaterra muy bien. Y bueno, los brasileños son los brasileños. Pero el equipo más completo y que mejor fútbol está desplegando es España.
¿Cómo viviré el Mundial este año? Pues lo viviré en Viena (excepto la final, que estaré en La Coruña). Veré algunos partidos en casa y algunos en algún local de Viena. Y los veré con gente de distintas nacionalidades, con italianos, franceses, polacos, nigerianos, austriacos y puede que también con gente de otros países.
Los mundiales que más me gustaron fueron los de 1990 y 1994. Y quizás el partido que más me gustó fue el España-Alemania de 1994.



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