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Érase una vez… Maradona en Newell’s

Hoy me levanté un tanto desganado. Será el clima madrileño, bastante gris últimamente. O quizá las noticias que tanto le animan a uno a salir del país para buscarse una vida no digamos buena, sino al menos digna. Quizá también influya la fascitis plantar que ni me deja salir a correr ni ir a la calle para acudir a mis compromisos. El tema es que estoy algo melancólico. ¿Me habrá afectado la situación de Racing Club con las salidas del ‘Coco’ Basile y Teófilo Gutiérrez? ¿Será la Champions cuya definición me asusta? A lo mejor no es ni el fútbol, pero me puse en modo nostálgico a leer revistas y mirar videos por internet cuando casi sin querer recordé algo: Maradona, el Diego, el Dié, D10S, ese pibe originario de Villa Fiorito cuya vida ha sido un carrusel de vaivenes, jugó en Newell’s Old Boys.

Los más viejos y avezados se acordarán, aunque tampoco sucedió hace tanto. Casi dos décadas atrás y después de una decepcionante campaña en el Sevilla que acabó con el argentino peleado con su compatriota Bilardo y la directiva sevillista, Maradona se dispuso a regresar a su tierra. Todo estaba preparado para que el retorno se produjera con Argentinos Juniors, club con el que debutó en primera. Sin embargo, hay versiones que apuntan a que por culpa de las barras bravas del ‘Bicho Colorado’ acabó aterrizando en Newell’s.

Según reza la leyenda la idea fue del ‘Gringo’ Giusti, ex compañero de Maradona en Argentinos y retirado apenas un año antes, cuando viendo desde la grada un partido de Newell’s (club de su debut) en el que le vencía el aburrimiento le comentó a su acompañante "este club necesita un golpe de efecto. Y yo conozco a la única persona capaz de dárselo". Cómo no, se refería al mejor jugador del mundo.

El Diego perdió 12 kilos, se puso en forma y se enfundó la rojinegra. Poco importó que su paso fuera efímero, que levantase una expectación desbordada que estuvo muy lejos de cumplirse. Hasta los hinchas de Rosario Central le perdonaron que jugase por su mayor enemigo. Incluso el más ilustre de los canallas, el ‘Negro’ Fontanarrosa, dijo respecto a su fichaje que era "como si el más encarnizado de tus vecinos se compra un Rolls Royce. Te mató. Y después no lo puede sacar del garaje".

Entre la puesta a punto (40.000 almas acudieron a su primer entrenamiento), exhibiciones y partidos ligueros no llegó a jugar ni una decena de encuentros con el club rosarino. Entre medias regresó a la selección para capitanearla al Mundial’94 en la repesca ante Australia. Debutó en un amistoso ante Emelec organizado para la ocasión, logrando el que sería su único tanto como leproso. Dos días más tarde jugó su primer choque oficial en el campeonato argentino once años después de su traspaso al Barcelona. Fue en la cancha de Independiente, donde los locales se impusieron por 3-1.

Además del envite ante el Rojo, también se enfrentó a Belgrano, GELP, Boca y Hurarán, partido disputado a principios de diciembre en el que sufriría un desgarro que lo apartaría por unas semanas de la actividad. Volvió para enfundarse por última vez la camiseta de Newell’s a finales de enero para un amistoso contra Vasco da Gama, pero su mala relación con el nuevo técnico, Jorge Castelli, precipitó su salida.

Lo que vendría después serían los disparos con una escopeta de aire comprimido a los periodistas apostados en su casa, el Mundial, el positivo en el mismo, las declaraciones contra Havelange y la FIFA por su posterior sanción, un tiempo de inactividad, rehabilitaciones, las direcciones de Mandiyú y Racing y el fichaje por Boca Juniors. Pero esa es ya otra historia…

*Bonus extra: partido íntegro Newell’s-Vasco

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