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Venus Bucarest: un campeón marcado por la tragedia

La historia del balompié en varios de los países con mayor tradición del Este de Europa confluye en un punto común que resulta vital para entender tanto sus orígenes como su presente. Si tras la II Guerra Mundial aparecieron clubes esenciales en el panorama como Partizán, Estrella Roja, CSKA Sofía, Dinamo y Steaua de Bucarest con gran relación político-militar, antes de todo aquello no solo hubo vida, sino que algunos de esos poderes fácticos segregaron la existencia de aquellos que no compartían sus ideales, y entre ellos se encontraba el Venus de Bucarest

El club de la capital rumana, cuyo bello nombre debía al barrio que lo albergaba (y que tampoco existe ya) fue fundado un soleado día de verano de 1915, aunque debido a la Primera Guerra Mundial no disputaría su primer campeonato nacional liguero hasta la campaña 1919-1920. En él se proclamó campeón por primera vez, éxito que repetiría la siguiente temporada. 

Los años siguientes comenzaría una rivalidad con el Rapid que podía considerarse la más fuerte en aquellos años. También entrarían en escena el Chinezul Timişoara de Jenő Konrád (coronados 6 veces consecutivas entre 1922 y 1927) y el Ripensia Timişoara, aglutinadores de la gloria de la época. 

La década de los 30 trajo prosperidad y gloria a partes iguales para el Venus. Cuenta la leyenda que Alexandru Elădescu, uno de los fundadores de la entidad, vendió un bosque privado para poder financiar la edificación de la nueva casa del equipo. En 1931 inauguraron el remozado “estadio Venus”, con capacidad para 15.000 espectadores y primero del país con césped e iluminación artificial. Toda una joya, orgullo de los Negrii din Splai. Los títulos ligueros fueron cayendo poco a poco hasta alcanzar el octavo y último entorchado en 1940, año en que se completó el penúltimo torneo nacional antes del parón por la Gran Guerra. 

La espinita clavada que siempre le quedó a los hinchas del Venus fue no poder alzarse con la copa. Hasta en cinco ocasiones les apeó el Rapid en semifinales, y una vez que alcanzaron la instancia definitiva, el propio Rapid les ganó en el Stadionul Republicii en el cuarto partido (2-1), ya que tuvieron que disputar ¡hasta tres desempates!, todo ello de entre 1937 y 1942. Con ocasión de las finales, en la cuarta y definitiva les prometieron una motocicleta por jugador si vencían, aunque tuvieron que quedarse con las ganas. 

Como campeones nacionales tuvieron la ocasión de disputar en tres ocasiones la Copa Mitropa, cuya primera ronda nunca superaron. Primero los apeó el Ujpest húngaro, luego el Bologna italiano y por último el Beogradski SK, hoy OFK Belgrado. 

Plattkó y sus hombres, por siempre en la memoria 
El tiempo nos consume lenta y silenciosamente, aunque por fortuna siempre hay alguien dispuesto a recoger los hechos para que podamos retrotraernos hasta el momento en que sucedieron. Y aunque cueste creerlo, aunque el fútbol estaba a años luz de la importancia que tiene hoy día y estemos hablando de sucesos acaecidos antes de que Europa quedase asolada por la guerra y la muerte, aún a día de hoy es posible encontrar datos sobre ello. 

Una de las historias más recordadas en el fútbol rumano es la de los hermanos Vâlcov: Colea, Volodea y Petea. Este último falleció luchando contra los soviéticos, mientras que a Volodea se lo llevó una tuberculosis años más tarde. El más longevo también fue el mejor de los tres sobre el césped, Colea, gran goleador que destacaba por su anticipación y sus potentes testarazos. 

Iuliu Bodola, delantero procedente del CA Oradea, jugó desde el 37 hasta el 40 en el Venus, logrando 47 goles en 61 partidos. Además de contribuir a los últimos éxitos en la breve historia del club, también fue durante mucho tiempo un referente en la selección rumana, en la que además de disputar los Mundiales de Italia y Francia de aquella década, sus récords de partidos jugados y goles anotados permanecieron vigentes muchos años hasta que Mircea Lucescu y Gica Hagi respectivamente superaron ambos baremos.

El gran portero de aquella mítica escuadra era Mircea David, apodado Il Dio tras una gran actuación en tierras italianas. El punta de origen griego Kostas Humis, los zagueros Gheorghe Albu y L.Sfera o los medios Eisenbeisser y Lupas también fueron figuras destacadas de la época. Sin embargo, el que seguramente sonará a más de un aficionado del fútbol español será Ferenc Plattkó, de inconfundible nombre húngaro y leyenda del FC Barcelona de los años 20. 

 El que fuera portero culé durante los dos primeros campeonatos de Liga Española (la inaugural la vencieron con él bajo palos) comenzó su trayectoria como técnico en el FC Mulhouse, en el que acababa de finalizar su carrera deportiva. De ahí pasó al RC Roubaix y luego al Barça antes de desembarcar en el Venus, en el que tan solo estuvo un año pero consiguió dejar una huella imborrable. Siguió viajando por el mundo e incluso volvió a entrenar a su querido Barcelona a mediados de los 50, aunque jamás regresó a Bucarest.


En pie: G. Albu, Lazăr Sfera, "Petea" Vâlcov, S. Ploeşteanu, Gorgorin, Eisenbeisser-Feraru, Iuliu Bodola, Nicolae Ene, A.Bărbulescu; Agachados: Nicolae Iordchescu, Lucian Gruin (IFHHS)

El régimen extingue al Venus Finalizada la II Guerra Mundial las competiciones nacionales volvieron a disputarse en 1946, aunque el Venus es reintegrado en la Divizia B para aquella temporada 46-47. Con el comunismo instaurado, desde el poder se les exigió a los clubes ya existentes su adhesión a alguno de los sindicatos o de las instituciones gubernamentales, pasando el equipo a fusionarse con el UCB (Uzinele Comunale Bucuresti, la Administración de sistemas de alcantarillado (?) para convertirse en el Venus-UCB y jugar en la Divizia III desde 1948, año en que se fundó el Dinamo (justo el anterior lo hizo el Steaua). 

En 1949 se afilian al ICAS (Instituto de acuerdos de Investigación y Forestal), aunque la disolución de su división, según fuentes gubernamentales porque la gente que jugaba en ella no acudía a sus puestos de trabajo, supuso meses después la desaparición definitiva del Venus Bucarest. Su estadio, en el que el Steaua jugó tres primeros encuentros, sería finalmente demolido en 1952. 

En apenas un lustro el régimen comunista había hundido al club, lo forzó a unirse a estamentos cuyas actividades nada tenían que ver con el deporte y demolió su innovador estadio. Fue el triste final de un club que con apenas 37 años de existencia alcanzó la gloria así como un hueco en el corazón del pueblo rumano, tanto que a finales de los 80 hubo algún intento de renacer en una liga de aficionados e incluso ya en este siglo se constituyó un equipo infantil con el nombre, aunque por el momento no son más que vanos intentos de revivir un pasado cada vez más lejano que parece que nunca se materializará de nuevo.

1 comentario:

Ricardo Carranza dijo...

Es una de tantas historias de clubes que empiezan en la gloria y terminan en el olvido a pesar de ser ganadores, saludos a todos los cafeteros, gracias @Garrincha
ATTE @rikydiablo85