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Lato, el prodigioso puñal polaco (y II)

En la primera parte de nuestro reportaje despedimos a nuestro protagonista cayendo en Copa de Europa en Mestalla ante el Real Madrid. Era 1976, un año lleno de momentos especiales para Grzegorz Lato. Ganó su segunda liga polaca con el Stal Mielec, obtuvo la plata olímpica en Montreal y se enfrentó al por entonces seis veces ganador de la máxima competición continental. 

La trayectoria de Lato es curiosa. Si bien nunca alcanzó un estatus de superestrella (sobre todo porque no lo fue) si que tuvo una carrera plena de satisfacciones aunque siempre se quedó a un pasito de entrar en la leyenda con su país, con el que llama la atención que en las dos listas más importantes de su selección nacional, la de máximo goleador y más presencias, sea segundo tras los no menos míticos Włodzimierz Lubański y Michał Żewłakow respectivamente. Esa constante le marcaría, a tenor de lo visto y de lo que nos queda por ver. 

Argentina’78 
Tras acabar lejos del campeón Górnik Zabrze en el 77 y casi descender de categoría al año siguiente, el extremo del Stal Mielec encaraba un nuevo desafío en el horizonte. Llegaba el Mundial de Argentina, donde integraba una selección madura a la que se unía el prometedor Zbigniew Boniek, por aquel entonces aún jugador del Widzew Łódź, y Lubański, ausente en la anterior Copa del Mundo por su grave lesión ante Inglaterra. Un equipazo. 

En la primera fase todo fue sobre ruedas aunque no pudieron tomarse la revancha contra una Alemania Federal no tan poderosa como la que les privó de la final en Frankfurt y con la que empataron a cero en el primer choque en el Monumental. Precisamente un pinchazo germano ante Túnez permitió a Polonia vencer el grupo tras superar por la mínima a los norteafricanos con un gol de Lato y batir a México por 3-1 con un doblete de Boniek en el Gigante de Arroyito. 

De nuevo en la segunda fase, tener que enfrentarse a tres poderosas selecciones sudamericanas no iba a resultar sencillo. Otra vez en Rosario, jugaron contra la anfitriona Argentina que ya conocía el resultado del otro partido de la jornada, un claro 3-0 con el que Brasil venció a Perú. Polonia jugó como siempre, con la portería contraria entre ceja y ceja, saliendo de frente ante una albiceleste con figuras como Kempes, Passarella, Ardiles y Houseman. 

Argentina llevó desde el principio el peso del encuentro, encontrando su recompensa al cuarto de hora cuando Kempes alojó un cabezazo en las redes de Tomaszewski. Pero reaccionaron. Una fulgurante contra conducida por Lato acabó en pies de Szarmach, que sorteó a un rival y cayó en el lateral del área. Tras la falta Kempes despejó con la mano bajo palos el empate. Incomprensiblemente, Deyna lanzó flojo al centro y Fillol detuvo el penalti. 

Tras el descanso una gran internada de Boniek en el área local permitió a Lato una clarísima ocasión que el extremo desaprovechó con todo a favor para igualar. Argentina, tambaleada en su casa, no se sentía bien ante el descaro de su rival. Pero tenían a Kempes, una máquina que no había anotado un gol hasta esa noche, y que en una jugada de Ardiles anotó su segunda diana. Luego Fillol realizó otra parada antológica al sacarle en la escuadra una falta a Deyna, que acabó aquella noche al borde de la desesperación ante el partido que se iba… y se acabó yendo. Habían comenzado a contrapié, pero pese a la dificultad aún tenían una oportunidad.

                  

La derrota obligaba a imponerse al último campeón de la Copa América, el gran Perú de aquella época, la mejor de la historia del combinado de la franja. En aquel plantel destacaba sobremanera la actuación de Teófilo Cubillas, hasta ese momento goleador de la Copa con 5 dianas en su haber. Además, llegaban en la misma situación que Lato y los suyos, ya que habían caído contra Brasil en el partido anterior, por lo que ambos bloques se jugaban sus opciones a todo o nada. Un solitario tanto de Szarmach mediado el segundo tiempo tras un gran centro de Lato dio la victoria a los europeos, que mantenían así viva la esperanza de cara al último choque, una complicada misión que requería de la complicidad peruana ante Argentina. 

El 21 de Junio, dos horas y media antes del Perú-Argentina, polacos y brasileños se jugaban el liderato provisional a la espera del resultado del otro choque. Justo antes del cuarto de hora inicial un potente derechazo de Nelinho al saque de una falta ponía en ventaja a Brasil. Polonia no quería volver a quedarse a las puertas de una final mundialista, por lo que apretó a su rival hasta que Lato igualó la contienda instantes antes del descanso. 

Con energías renovadas Polonia saltó de nuevo al césped en busca de la gesta, pero enfrente la pujanza brasileña pudo más, materializando Roberto Dinamite sendos tantos que enterraron las ilusiones polacas. Argentina sería finalista y campeona ante Holanda, repitiéndose la secuencia dada cuatro años antes, cuando el conjunto anfitrión apeó a Polonia de la final para posteriormente imponerse a la Naranja Mecánica. 

Con la miel en los labios 
La magnífica campaña 78-79 tanto en su club como en la selección quedó empañada justo en el momento decisivo, cuando las sensaciones se transforman en triunfos consolidados en vez de sinsabores por lo que pudo haber sido y no fue. En el Stal Mielec, Lato quedó a tan solo tres puntos de conseguir su tercera liga polaca, por detrás de Ruch Chorzów y Widzew Łódź, aunque al menos lograron billete para la Copa de la UEFA. Con el combinado nacional la fase de clasificación a la Eurocopa deparó un complicado grupo junto a Holanda y Alemania Oriental, con Islandia y Suiza como cenicientas. Los pinchazos contra los alemanes, ante los que únicamente obtuvieron un punto, además del empate en Ámsterdam del último choque privaron a Polonia de disputar el campeonato continental, para el que Holanda obtendría el pasaje, repitiéndose el trauma de 1976, cuando igualados a puntos con los neerlandeses se quedaron fuera por la diferencia de goles. 

La 79-80 pues, no había empezado bien. Tampoco en su club de toda la vida, con el que caería en la primera ronda de la UEFA ante el AGF Aarhus danés. En liga finalizaron en una mediocre decimotercera posición. Poco después, a sus 30 años tomaba la determinación de proseguir su carrera en el extranjero, enrolándose en las filas del Lokeren de Bélgica, que por entonces contaba con un campeonato bastante potente.

Pugnando con un rival en su estadía en el Lokeren
Por primera vez en su dilatada carrera, Lato experimentaría lo que es realizar una buena campaña europea con su club, en el que conformaría una delantera letal junto a Elkjaer-Larsen, Mommens y su compatriota Lubanski. El Lokeren, que había sido cuarto la temporada anterior, disputó la UEFA con una actuación notable, eliminando consecutivamente a Dinamo de Moscú, Dundee United y Real Sociedad antes de caer en cuartos ante el AZ, a la postre subcampeón del torneo. Además, como en liga mantuvieron el nivel, alcanzaron el segundo puesto por primera y única vez en la historia de la institución flamenca, lo que les permitió presentarse en Europa nuevamente al año siguiente, alcanzando la tercera ronda tras superar a Nantes y Aris de Salónica hasta toparse con el Kaiserslautern, que les pasó por encima. Con el cuarto puesto en liga y una nueva clasificación europea, Lato hizo de nuevo las maletas, esta vez rumbo al exótico fútbol mexicano.
  
España’82, el último gran baile polaco 
Antes de aterrizar en México, Grzegorz Lato tuvo su merecido canto de cisne en la escena internacional con otra gran actuación junto a los suyos. Clasificados tras arrasar a Malta e imponerse a Alemania Oriental (de la que por fin se vengaban), la renovada selección polaca llegaba a un campeonato que por primera vez albergaba a 24 selecciones tras la ampliación aprobada por la FIFA para el magno evento. Mezcla de talento joven con veteranos experimentados, en éste último grupo se encontraba un Lato que sabía que sería ahora o nunca. 

El debut se produjo en Balaídos (Vigo) ante una Italia que fue mejor, aunque el resultado no se movió a lo largo del encuentro. El siguiente duelo, en La Coruña ante Camerún, mostró una versión polaca superior, pero ni Lato ni Boniek ni Szarmach ni Smolarek fueron capaces de batir al habilísimo N’Kono, ayudado de sus postes y sus zagueros salvadores, aunque siendo justos a la verdad, los africanos, capitaneados por Roger Milla también gozaron de suficientes ocasiones para hacerse acreedores de una victoria que fue esquiva para ambos contendientes. 

Al último encuentro los cuatro equipos llegaron igualados a puntos, por lo que una victoria ante Perú los clasificaría para la segunda fase. El escenario fue nuevamente Riazor, que gozó de un gran encuentro, especialmente en la segunda mitad, cuando Polonia destrozó a su adversario con una gran actuación colectiva que llevó a cinco jugadores diferentes a marcar gol (entre ellos Lato) en un tramo de 20 minutos, sellando un demoledor 5-1 que les dio el pase junto a Italia, clasificada pese a empatar nuevamente pero por tener más goles marcados que Camerún. En el horizonte aparecían Bélgica y la URSS, dos rivales temibles.

El primer choque fue ante los belgas en el imponente Camp Nou, donde poco antes habían derrotado a la vigente campeona Argentina. Sin Eric Gerets ni Jean Marie Pfaff por decisión técnica, Los Diablos Rojos naufragaron ante la antológica actuación de Boniek (autor de un hat-trick para firmar el 3-0), que comenzaba a demostrar a ojos de todo el mundo el crack que ya era, y cuya espectacular actuación le abriría tras ese Mundial las puertas de la Juventus.

Estampa de crack
Con la confianza por las nubes el choque ante la URSS determinaría cual de los dos pasaría a semifinales, con ligera ventaja para Polonia ya que los soviéticos también habían derrotado a Bélgica aunque en este caso por la mínima. Los soviéticos, que llevaron la iniciativa la mayor parte del tiempo y gozaron de las mejores ocasiones, no fueron capaces de batir a un seguro Josef Mlynarczyk. Arriba las contras comandadas por Lato y Boniek amenazaban a un rival que se movía sobre el alero y acabó eliminado víctima de su desacierto. El 0-0 otorgó soñado el pase a semifinales para Polonia, que volvería a encontrarse con Italia. 

Por tercera vez consecutiva volvía a presentarse la oportunidad de alcanzar la gran final, el anhelo del que primero Alemania Federal en 1974 y posteriormente Argentina y Brasil les privaron hacía cuatro años. Sin embargo la empresa no sería sencilla. Italia había crecido mucho desde aquel primer encuentro entre ambos. Paolo Rossi llegaba enchufadísimo tras superar sorprendentemente a Brasil en un choque histórico en Sarriá. Para colmo, una tarjeta a última hora ante la URSS privó a Boniek de participar en el duelo. 

Italia dominó con solvencia, adelantándose gracias a la picardía de Paolo Rossi mediado el primer tiempo. Polonia lo intentó por todos los medios, gozó de ocasiones pese a lo marcado que estuvo Lato, unas veces por Bergomi y otras por Oriali. Pero todas sus esperanzas morían a manos de un inconmensurable Dino Zoff, viejo zorro que no realizaba concesiones. La segunda mitad fue más de lo mismo. Si, más chances desperdiciadas por ambos, hasta que la pelota llegaba a los pies de Paolo Rossi, que la mandaba guardar en las redes eslavas. No hubo nada más que hacer, se perdió una oportunidad que jamás iba a regresar. La victoria ante Francia (3-2) en un precioso partido por el tercer puesto disputado en el Rico Pérez de Alicante coronó una excelente participación de la mejor generación de futbolistas polacos de la historia, que se despedía a lo grande del concierto internacional, en el que sus apariciones desde entonces se contarían como anecdóticas tras perder el poderío de antaño.

México y Canadá antes de colgar las botas 
Resulta curioso que Lato emprendiera la aventura mexicana dos años después de rechazar la propuesta de Pelé para jugar en el Cosmos neoyorkino. El Atlante, subcampeón mexicano, recibía al ya veterano atacante polaco, protagonista de una excelente performance a su arribo, logrando 15 tantos en 36 partidos. Sin embargo, la 83/84 perdería la titularidad, participando poco justo cuando Los Potros de Hierro lograban su primer título internacional, la Copa de Campeones de la CONCACAF, conquistada ante el débil SV Robinhood de Surinam. Tras la experiencia azteca pasó sus últimos días como jugador en el Polonia Hamilton, un modesto club de emigrantes polacos radicado en el estado canadiense de Ontario donde Lato jugó 5 años hasta colgar las botas cuando los 80 tocaban a su fin. 

El paso lógico fue el de entrenar a los que hasta entonces habían sido sus compañeros, por lo que tomó los mandos del North York Rackets Club de Toronto. Más tarde, también dirigiría a su querido Stal Mielec además de Olympia Poznan, Amica Wronki y Widzew Łódź. Tras pasar por la política, con los años los problemas de corrupción de la federación polaca y su ambición le llevaron a la presidencia de la misma, cargo que ocupa desde el 30 de Octubre de 2008. Por desgracia, su buen presente no se corresponde con el del Stal Mielec, que actualmente se desempeña en la Tercera División, encuadrado grupo Lubelsko-podkarpacka donde purga los malos gerenciamientos del pasado que les hundieron en el pozo. ¿Regresará algún día su hijo pródigo para rescatarlos?

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