martes, 29 de enero de 2013

Por un gol



Aquella mañana de domingo, mientras se preparaba para ir al partido de la liga de aficionados en la que participaba desde hacía ya más de diez años, a su hija le dio por decir que si aquel día metería un gol para celebrarlo como Cristiano, abriendo y cerrando los puños. El padre la miró con cara de "me pones en un compromiso, si yo no soy de meter goles" mientras buscaba una respuesta que no decepcionara a la pequeña. Pero ante su duda ella, con su capacidad para detectar debilidades, insistió haciendo el gesto con las manos hacia el padre.

Este pensó que la niña probablemente se olvidaría del asunto en cuanto él saliera por la puerta, así que le acabó diciendo:

- Hoy voy a intentarlo, y si lo consigo te lo dedicaré haciendo como Cristiano.

De camino al campo de juego, meditaba sobre la conversación mientras conducía. Tenía muy claro que sus diez mejores partidos ya los había jugado. Que le quedaban pocos goles por marcar, quizá ninguno. Y en el trasfondo de todo ello, que le encantaba el fútbol, sí, pero en realidad comenzaban a juntarse todos los ingredientes que uno puede suponer se juntan en la mente de un profesional a la hora de tomar la decisión sobre la retirada. Los dolores cada vez que uno terminaba de jugar, un cierto hartazgo de la rutina de jugar cada fin de semana, incluso el hecho de ver cómo la palabra jugar va perdiendo su aspecto lúdico para irse convirtiendo en ocasiones, en algo casi obligado por compromiso con uno mismo, con la idea del equipo que habían formado los amigos hace ya tanto tiempo cuando la mayoría no tenían ni novia, o por -quizá- miedo a poner el punto y final a una etapa tan dulce de la vida.

Además el fútbol había cambiado hacia algo distinto a lo que era cuando el lo conoció.  No ya por aspectos meramente económicos como los patrocinios relacionados con el juego de los grandes -y no tan grandes- equipos sino por cómo observaba determinadas situaciones evolucionadas a peor a su juicio, como el enconamiento de determinadas posturas que convertían el fútbol en una especie de enfrentamiento político o religioso, o el cómo una cantidad de medios de comunicación habían decidido tomarse tan a pecho la expresión del "cuarto poder" tratando de ejercerlo a cualquier precio. O el cómo cada día se insistía en la idea de relacionar a los deportistas, perdón, más bien a un selecto grupo de deportistas, con modelos de conducta para la juventud y la infancia obviando cómo su fama se debe, única y exclusivamente, a su pericia practicando una actividad física, cosa que él no comprendía.

En definitiva, sentía cada vez de manera más palpable como el fútbol se le iba escapando de las manos.

Pero esa mañana  algo ocurrió. En mitad del partido, un rechace del portero rival al disparo de un compañero le llegó botando a nuestro protagonista al filo del area pequeña. Y reventó el balón de una chut que acabó llevándolo hacia el fondo de las mallas, con ese sonido tan característico, tan poderoso  y silencioso a la vez. Y de repente, todas esas comeduras de cabeza, todo ese "fútbol, ni contigo ni sin ti" desapareció del mapa.  Por un rechace, por un gol, por un gol en algo tan poco relevante como una liga social , todo eso se disipó y le volvieron a meter de lleno en el fútbol, en el partido, concentrado en cada pequeño gesto que pudiera suponer que su equipo lograra el objetivo.

Y la celebración? al llegar a casa de vuelta, Julia estaba comiendo sentada en su trona. Y  cuando papá entró le dijo que había marcado el gol que habían dicho. 

Ambos levantaron las manos como Cristiano y sonrieron, aunque al momento ella se olvidó del asunto.

Pero él no.

2 comentarios:

Garrincha dijo...

Julia es una crack absoluta, le tienes muy bien entrenada desde que hace ya tiempo gritase "gol" con un tanto de Touré Yayá para el City.

Respecto a lo otro, el fútbol es mucho más nuestro que suyo. Ellos son una super élite, pero muy reducida. El fútbol se juega indistintamente en cualquier lugar, pero mayoritariamente en una calle, en un campo de tierra o en cualquier lugar en el que haya una pelota y alguien dispuesto a jugar. Ellos son los ángeles del juego, la cantera y los que lo consumen, sin los que la super-élite no existiría, y nunca al revés.

Por cierto, no juego desde agosto y tengo un "mono" terrible. Ya va siendo hora de arreglar eso :)

julio expertos en adwords dijo...

Cristiano un jugador espectacular pero no puede hasta ahora conseguir el balon de oro