Historia de una zamarra del WBA

¿Nunca os ha sucedido eso de quedaros embobados con una camiseta de fútbol y por alguna extraña circunstancia no haberla comprado nunca pero anhelarla como si fuera vuestro tesoro perdido? Supongo que algo así es lo que me sucede desde hace tiempo con una camiseta del West Bromwich Albion.

Esta historia se remonta al pasado mes de Mayo en Birmingham, Inglaterra, si bien tiene raíces "sentimentales" en la vecina Isla Esmeralda, la preciosa Irlanda.

El caso es que en un viaje con mi pareja para visitar a mi familia política en Birmingham pasamos por un centro comercial en el que había una enorme tienda deportiva con una sección exageradamentea maravillosamente grande para el fútbol. Mientras ellos daban una vuelta yo me metí ahí durante una hora empeñado en encontrar alguna joya. Es tradición en Reino Unido, al menos en las ciudades que he visitado, que las camisetas de otras temporadas estén regaladas, a precios irrisorios que invitan a adquirirlas. 

Así, compré las de Egipto o el Kaizer Chiefs sudafricano en Londres en 2010, un par de zamarras bellísimas que en su conjunto no me costaron más de 50 libras, quizá menos. Y ambas son bonitas a rabiar. Bueno, pues regresando a la tienda de Birmingham, había muchos modelos atractivos del nuevo NY Cosmos, una camiseta de Beckham en el Real Madrid (!), alguna que otra de talla enorme de Olympiakos... pero entre todas ellas destacaba un descubrimiento magnífico: era la zamarra del WBA de una o dos temporadas antes,  diría que la 2010-11. Encajaba conmigo a la perfección, no tenía publicidad, y aunque las camisetas de manga larga para el fútbol nunca me gustaron del todo, aquella me encantó. Umbro, como toda buena equipación inglesa y a tan sólo 10 libras, aquella equipación me conquistó.

Pero por cosas del destino, de novias impacientes y de una cola eterna, tuvimos que irnos dejándola por el camino. Aquello me fastidió la tarde. De hecho, cada vez que veo un partido del West Brom la nostalgia me invade, porque esa camiseta tan chula, tan bella y molona, debía estar en mi colección. Incluso pedí a mi cuñada que regresara por ella días más tarde, pero alguien más avezado se había hecho con ella, dejando hecho trizas mi corazón.

Y os preguntareis, ¿qué relación tiene todo esto con Irlanda? Unos años atrás viví durante un tiempo entre Bray (de ahí mi apoyo al modestísimo y perdedor Bray Wanderers) y Dublín. En la capital pude disfrutar mucho del fútbol, si bien recuerdo como día negrísimo la eliminación del Real Madrid a manos del Liverpool en la Champions, coronado con un lapidario 4-0 en Anfield Road. Ese día acabó mal para mí, litigando hasta límites desconocidos en mí mismo con un hincha rival que no dejó de insultarnos e incluso golpeó a uno de mis amigos por la espalda durante el partido. 

Es por ello que si bien nunca he tenido especial animadversión por el Liverpool (y eso que me tira mucho el Manchester United), desde entonces cada derrota de ellos lo tomó como un triunfo. Sé que es un sentimiento mezquino, pero me acuerdo de aquel bastardo y lo fastidiado que andará por el equipo de sus amores. ¿Y cómo enlaza eso con esta historia? Bueno, anoche el WBA ganó 0-2 a los reds, diría que de forma injusta dada la gran cantidad de ocasiones de las que gozaron los de Brendan Rodgers. Además en el encuentro inaugural de la Premier League el propio WBA encajó un sonrojante 3-0 al Liverpool, partido del que disfruté el pasado verano en una terraza malagueña junto a mi padre, otro día que volví a pasar lamentándome una vez más por no llevar puesta mi añorada zamarra de los Baggies.