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Amargura

Deivid (Coritiba), salvador de los suyos y verdugo de Botafogo
El dolor puede tener muchas aristas, especialmente en un deporte con tantas vertientes como el fútbol. Hay clubes que nunca ven colmada su aspiración por ascender. Otros que siempre quedan a las puertas de algún título. Los hay que bajan tras un efímero paso por la élite, o tras una desastrosa campaña que mancha décadas entre los grandes. A veces hasta los gigantes lloran, cayendo en un círculo vicioso del que cuesta mucho salir, recibiendo su hinchada las burlas de los humildes que los vencen así como de sus clásicos rivales que festejan sus copas y las que ya no logran sus viejos adversarios. El fútbol puede llegar a ser la excusa más inverosímil y maravillosa del mundo para estar feliz, pero convendremos que la mayoría del tiempo es una putada, y de las gordas, de las que no se libra nadie en el mundo. Porque sí, aquí en España ganan siempre Real Madrid y Barcelona, pero incluso ellos lloran a veces por la gloria del otro o por la que se les escapa en Europa. Nadie es invulnerable, por eso cada triunfo, especialmente el que va trufado de confeti levantando un trofeo, sabe como un trocito de cielo por el sufrimiento para llegar hasta él, además de porque puede que sea el último en mucho tiempo.

Imaginaos ahora lo que debe ser hinchar por un club grande que ha vivido éxitos recientemente pero ve muy de cerca el abismo. Fluminense, campeón nacional en 2010 (al año siguiente de una salvación milagrosa) y 2012, uno de los máximos favoritos este año para pelear tanto en Brasil como en la Copa Libertadores por los objetivos más ambiciosos, está a punto de bajar. Tan solo un milagro les salvaría, pero los últimos meses la suerte no ha pasado de forma positiva por las Laranjeiras. Su máximo realizador los últimos años y mejor jugador, Fred, lleva meses sin jugar por lesión. Los traspasos de jugadores importantes como Thiago Neves y Wellington Nem no han sido bien suplidos, no pudiendo tirar solos del carro Rafael Sóbis y Diego Cavalieri. Lo curioso sería que el deseado retorno ya oficial de Darío Conca se diera en la B.

Será el Fluzão... o Vasco da Gama. Matemáticamente ya es seguro que uno de los dos bajará. O puede que incluso ambos. El Gigante da Colina, a un solo punto de la salvación tras dos triunfos consecutivos, acusa también la perdida de calidad en sus filas respecto a la campaña anterior. La venta de Dedé al Cruzeiro debilitó su zaga, perdiendo también en la portería a Fernando Prass. El aporte arriba de Alecsandro era importante, pero más vital aún Juninho Pernambucano, cuyas prolongadas ausencias han repercutido muy negativamente en el rendimiento de la escuadra. Tan solo una victoria en su visita al Atlético Paranaense, 3º y con su plaza en la Libertadores en juego, puede darles posibilidades... y quizá ni eso les valga.

En la misma cara de la moneda pero con diferente tesitura se ve Botafogo. Esta vez los alvinegros no pelean por mantener la categoría, pero tras todo el curso pugnando en dos frentes con la oportunidad de lograr algo grande parece que van a quedarse una vez más con la miel en los labios. Desde el siglo pasado no se celebra un título en General Severiano ni se saborea un partido de Copa Libertadores desde 1996. Ha llovido muchísimo desde entonces (descenso incluido hace una década), han nacido o pasado nuevos ídolos por la entidad botafoguense pero no se han logrado más que títulos estaduales, bonitos pero poco útiles a la hora de elevar la grandeza del club.

Dos derrotas escocieron especialmente éstos últimos meses. Por un lado el 3-0 ante Cruzeiro que dilapidaba sus opciones de título. Por otro, el 4-0 con el que Flamengo, el eterno rival, los apeó de una Copa que se acabaría llevando. Además la multitud de empates en el descuento en partidos prácticamente ganados, como ante el propio Flamengo en la primera vuelta, ante Vasco tras ir 2-0 antes del minuto diez de encuentro o en la visita a Atlético Mineiro, han hecho perder puntos vitales que tras la derrota anoche ante Coritiba dejan la sensación de año perdido. Aún hay chances matemáticas de clasificar a la Copa Libertadores, pero no dependen de sí mismos, debiendo ganar en el choque final además de esperar el pinchazo de Goiás o At.Paranaense. Y sin embargo puede que ni el 4º puesto salve el año del Fogão...

Todo dependerá de lo que suceda con Ponte Preta, que entre éste próximo miércoles y el siguiente disputará la final de la Copa Sudamericana, con el añadido al campeonato de una plaza para el ganador en la Copa Libertadores 2014, lo que eliminaría directamente al 4º del Brasileirão en caso de que el club paulista se alzase con el título continental. Ello es debido a que la CONMEBOL no permite que ninguna federación nacional envíe a más de un representante extra de los previamente asignados a cada país, por lo que siendo Atlético Mineiro campeón de la Libertadores 2013 (el participante extra) si Ponte Preta lograse el título tan solo acudirían al torneo internacional tanto la Macaca como los tres primeros de la Serie A que concluirá éste domingo (además de Flamengo como campeón de Copa do Brasil).

Lo único seguro es que los próximos días en Brasil supondrán una locura por lo mucho que puede suceder tanto por arriba como por abajo, especialmente en lo referente a los clubes de mayor enjundia envueltos en ello. Eso sí, será difícil igualar lo vivido en Recife con el ascenso del Santa Cruz, campeón de la Serie C con 60.000 almas en su estadio. Es la magia del fútbol brasileño.

                 

1 comentario:

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El dolor puede tener muchas aristas, especialmente en un deporte con tantas vertientes como el fútbol。
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