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Clubes históricos V: Cuando CSKA significaba grandeza

Hristo Stoitchkov
Europa del Este siempre ha tenido algo rústico, misterioso pero a la vez encantador por sus gentes y cultura que se nos hace imposible no mirar con cierto recelo algunas naciones que pese a la caída del telón de acero parecen seguir ocultas bajo su velo. Su fútbol, cómo no, no se escapa de esta impresión. Durante décadas muchos de los mejores deportistas balcánicos, soviéticos y eslavos apenas salieron de sus naciones para competir ya fuera con la selección nacional o en algún encuentro internacional de clubes, teniendo bastante fortuna aquellos que al final de su carrera obtenían la "libertad" por parte del Estado de fichar por un club extranjero, como el gran Dragan Džajić. Si en la actual Champions League podemos disfrutar con jugadores como Mkhitaryan en el Borussia Dortmund, hasta finales del siglo pasado (Stoitchkov en el Barça, Djorkaeff en el Inter, Karpin y Mostovoi en el Celta...) esto era impensable.

Precisamente uno de los clubes más famosos en aquel entorno era el CSKA de Sofía, club por antonomasia del ejército búlgaro. Desgraciadamente para ellos nunca obtuvo la Copa de Europa como sí harían Estrella Roja y Steaua de Bucarest. Su destino se parece más bien al del Dinamo de Kiev, al menos en la máxima competición continental, ya que ambos han quedado a las puertas de la gran final en varias ocasiones (eso sí los ucranianos gozan de un fabuloso palmarés con varios títulos europeos obtenidos).

Una decena de nombres les contemplan, fusiones con otros clubes para ser lo que hoy son, muchas convulsiones con un nacimiento oficial en 1948 (aunque tiene antecedentes que datan de un cuarto de siglo antes)... pero también más gloria que nadie en Bulgaria, si bien llevan seis años sin ganar una liga búlgara que el último lustro se han repartido Litex Lovech y Ludogorets, siendo éste último no solo el vigente monarca por partida triple, sino también el primer club nacional que disputa la fase de grupos de la Champions League en unos cuantos años. Algo que sin duda toca bastante el orgullo de la hinchada roja, así como de sus archirrivales del Levski.

Empero, hoy no toca hablar del presente, sino de algunos de los hitos del pasado que, mientras nadie diga lo contrario, han convertido al CSKA Sofía en la institución futbolística más importante de la historia de Bulgaria prácticamente desde su nacimiento, ya que en su primer año compitiendo en la máxima categoría (que nunca ha abandonado) se proclamó campeón. La década de los 50 significó la consolidación del poderío del club, conquistando todas las ligas desde 1951 en adelante hasta 1962 (excepción hecha del título logrado por el Levski en 1953). No obstante, pese a las muchas oportunidades de las que gozaron, tan solo en la segunda edición de la Copa de Europa lograron cierta notoriedad al debutar (1956-57) goleando por 8-1 al Dinamo de Bucarest para alcanzar unos cuartos de final en los que caerían ante el Estrella Roja yugoslavo.

D.Penev, 3 Mundiales y 80 internacionalidades.
No sería hasta una década más tarde cuando asombrarían a propios y extraños al plantarse en las semifinales de la Copa de Europa, logrando romper aquella barrera de los cuartos tras muchos años de intentos infructuosos. El Olympiakos griego fue su primera víctima, seguido de un Górnik Zabrze polaco que les hizo sufrir lo indecible. El Linfield norirlandés tampoco fue pieza sencilla, pero tampoco pudieron con los búlgaros. Ya en semis tocaba el mayor ogro europeo del momento, el Inter de Milán de Helenio Herrera que movía Luis Suárez con maestría. En una eliminatoria durísima que pudo caer de cualquier lado, el empate a uno que se dio en ambos encuentros obligó a un nuevo choque de desempate. Ahí, un solitario tanto de Renato Cappellini en el tramo inicial les dejó con la miel en los labios. Hubieran disputado la histórica final de Lisboa en 1967 ante el Celtic escocés, a la postre campeón.

Con las fuerzas centradas en la travesía europea, perdieron la hegemonía nacional a manos del Botev Plovdiv, que caería en la siguiente temporada en primera ronda ante el Rapid de Bucarest, no pudiendo repetir los éxitos de su homólogo nacional. Pero no todo fue negativo, ya que se estaba gestando otra gran generación que no tardaría demasiado en dar buenos réditos al CSKA. En 1965 había aterrizado en el equipo Dimitar Penev, procedente del Lokomotiv Sofía, a la postre uno de los mejores jugadores de la institución y del país en toda su historia, enlace en las que han sido todas las grandes generaciones del club a lo largo de varias décadas, ya fuera desde el césped, dentro del organigrama técnico o como entrenador principal.

Para la siguiente ocasión en que el CSKA se prodigó a lo grande ya se había producido el relevo en gran parte del once rojo. Nikolai Radlev, Boris Stankov o Ivan Vassilev ya no formaban en ataque, sino Dimitar Marashliev, Stoil Trankov, Stefan Mihailov o Asparuh Nikodimov. No solo eso, diez de los once héroes que casi superan al Inter ya no contaban, siendo Dimitar Penev, ya capitán, el único que se mantenía en la formación. 1973, como decíamos, significaría una nueva irrupción con fuerza del conjunto búlgaro. Tras apear al Wacker Innsbruck austríaco en la primera ronda los octavos les harían chocar contra el mejor Ajax de la historia, un plantel que ya les había eliminado con rotundidad apenas doce meses antes.

En esta ocasión el cuento tendría un final bien distinto. Johan Cruyff, indiscutible mejor jugador del mundo en aquel momento, había fichado por el FC Barcelona aquel verano. Los ajaccied, tricampeones, perdían a su máxima figura aunque mantenían un bloque poderoso. En Ámsterdam los locales impondrían la lógica con un único tanto obra de Keizer, pero en Sofía el CSKA plantó cara hasta llevar el duelo a la prórroga gracias al acierto de Marashliev mediado el segundo tiempo. En una batalla de nivel como se recuerdan pocas en Sofía, Mihaylov anotó en el 116' el definitivo 2-0 que daba el pase a los locales y dejaba en la cuneta a unos holandeses que se habían mostrado intratables durante tres largos años de dominio absoluto.

Petar Zhekov, Bota de Oro europea 1968-69
Quiso la Diosa Fortuna que su siguiente adversario fuera el Bayern Múnich, una incipiente escuadra germana que venía de colocar en sus vitrinas la cuarta Bundesliga de su aún humilde palmarés (al menos si lo comparamos con lo que han logrado a día de hoy). Los cuartos de final de aquella Copa de Europa les pondría por delante a aquellos llamados a tomar el relevo del Ajax. La base de la selección alemana que se proclamaría campeona del mundo meses más tarde goleó inmisericordemente al CSKA por 4-1 con un doblete del sueco Conny Torstensson y sendos goles del kaiser Beckenbauer y el torpedo Müller. En la vuelta una meritoria victoria por 2-1 (Kolev, Denev; Breitner) fue insuficiente para superar a un grupo destinado a dominar Europa y el mundo los siguientes años. De hecho, seis de los jugadores titulares del Bayern en aquel cruce levantarían apenas 4 meses más tarde la Copa del Mundo en el Olympiastadion muniqués.

Las siguientes aventuras europeas no tendrían ni la magia ni la suerte de otras ocasiones. En la 74-75 el Dinamo de Kiev de Oleg Blokhin les echó a las primeras de cambio de una Recopa que acabarían alzando. En la 75-76 sería la Juventus las que les despidiría en su regreso a la Copa de Europa. Un año más tarde la Vecchia Signora levantaría ante el Athletic Club la Copa de la UEFA. De nuevo en la máxima competición continental, el Saint-Étienne de Platini que meses antes perdió la final (ante el Bayern) les derrotaría. Al término de aquel curso el mítico Dimitar Penev colgaría las botas tras doce años de servicio a los colores de su vida, un idilio que finalizaba sobre el césped pero continuaría en otros menesteres.

Los inolvidables años 80
La década de los ochenta supuso las últimas grandes alegría continentales del CSKA, que gozó de dos fabulosas generaciones separadas por un breve lapso de tiempo que aún son motivo de orgullo de su numerosa hinchada (sus 785 peñas repartidas entre Bulgaria y el extranjero cuenta con más de 180.000 adeptos). El trayecto en un nuevo curso de la Copa de Europa comenzaba con un reto magnífico ante el Nottingham Forest de Brian Clough, vigente bicampeón del torneo.

Los británicos nunca habían perdido en su primer partido de la copa desde que debutasen dos años antes, hasta que Yenchov hizo arder de emoción Sofía. La primera manga fue favorable para los balcánicos, pero tocaba visitar una guarida en la que muchos grandes habían hincado la rodilla recientemente. La buena defensa en el City Ground, anulando a los atacantes del Forest para sorprender a la contra valió otra nueva victoria al culminar Kerimov una buena transición a la media hora de partido, una losa que el Forest ya no pudo levantar. Era el segundo campeón vigente al que se cargaba el CSKA. 

La segunda ronda les enfrentó al sorprendente Szombierki Byton, que acababa de ganar su primera (y última) liga polaca y se plantó ahí tras superar al Trabzonspor turco en la eliminatoria anterior. Una gran actuación de Yonchev bastó para dejar clara la diferencia entre ambos, finalizando el global con un contundente 5-0 para los búlgaros. Ya en cuartos de final esperaba el Liverpool, un gigante que pasaba por su mejor ciclo histórico, pues venía de obtener cinco títulos europeos en la década anterior, entre ellos dos Copas de Europa (77 y 78). La continuidad del dominio inglés, por tanto, se ponía más en entredicho que nunca. O al menos eso parecía sobre el papel, porque los reds arrasaron en el primer envite en Anfield en una noche mágica de Graeme Souness, autor de un hattrick demoledor. El 5-1 lo corroboraron los 'reds' con un escueto 0-1 en Sofía. Dos meses más tarde los hombres de Bob Paisley alzarían en París su tercera Orejona al vencer al Real Madrid.

El dolor por la clara derrota ante los ingleses tardaría menos de lo que esperaban en apaciguarse. Un nuevo entorchado liguero les permitió encarar a la Real Sociedad en la primera ronda de la Copa de Europa 1981-82. Dos partidos más que igualados se desnivelaron en los últimos instantes del choque de ida cuando Yonchev anotó el único gol de la eliminatoria. Decepción española en la campaña que finalizaría con el Mundial en tierras ibéricas (gran fracaso del anfitrión), pero nuevo salto de calidad para los búlgaros. El Glentoran norirlandés sería la siguiente piedra en el camino, un rival duro al que vencieron 2-0 en casa pero que fue capaz de llevar a la prórroga el partido de vuelta. Un gol de Dimitrov en el minuto 115' le convirtió en héroe y salvador, dándoles la oportunidad de tomarse su esperada revancha.

Marcador del Vasil Levski que refleja la victoria sobre el Liverpool
3 de Marzo de 1982. Anfield reedita un choque que ya vio apenas un año antes, esperando despedazar nuevamente a los visitantes. Con la lección bien aprendida, el CSKA pierde por 1-0 (gol de Whelan), manteniendo intactas sus opciones de cara a resolver en Sofía. En un auténtico patatal consumarían su venganza con un doblete de Mladenov. Primero, al castigar de cabeza un error clamoroso de Bruce Grobbelaar. Ya en el tiempo suplementario al bajar en el área un balón que remató en semifallo para decantar el cruce en favor de los suyos.Tercer campeón vigente al que aniquilaba al que ya se conocía en el Viejo Continente como matagigantes.

Nuevamente en semifinales, el 7 de Abril de aquel año jugadores y aficionados no solo soñaron, sino que fueron capaces de sentirse los mejores de Europa durante un buen rato. El cruce les puso enfrente al Bayern Múnich, verdugo ocho años antes cuando caminaban hacia la primera Orejona del fútbol alemán. La llave se abrió en la capital balcánica, con una exhibición inicial absolutamente memorable que seguro no han olvidado los 70.000 espectadores que colmaban el estadio nacional. En apenas 16 minutos Dimitrov, Yonchev (de espectacular tiro libre) y Zdravkov, de penalti, pasaron por encima de los germanos, apabullados por una apisonadora que venía del Este y amenazaba con una goleada histórica. No obstante, el juego alegre del CSKA y el orgullo de su rival propiciaron un cambio radical. Un golazo de Dürnberger y otro tanto de Dieter Hoeneß acallaron el graderío, que vivió una nueva explosión de entusiasmo cuando Yonchev puso el 4-2 en el marcador. El CSKA tuvo opciones para aumentar de nuevo la diferencia, pero una buena combinación culminada por Breitner dejó el resultado en un 4-3 muy abierto para la vuelta. Ya en Múnich, los alemanes aniquilaron el sueño búlgaro con una paliza por cuatro a cero con sendos dobletes de Breitner y Rummenigge.

                     
Nunca antes ni después estaría tan cerca del cielo el CSKA de Sofía, aunque aún les quedaba por disfrutar una década que no había hecho más que comenzar. Tras algunas aventuras que tocaron pronto a su fin (una de ellas, otra vez ante su particular ogro, el Bayern), a finales de los 80 un nuevo trofeo continental pareció ponerse a tiro.

La Recopa 1988-89 expuso a nivel internacional lo mejor de una nueva generación llamada a grandes logros para el balompié nacional, como reflejó el periodo 94-98 con clasificaciones para dos Mundiales (en el primero de ellos alcanzaron las semifinales) y una Eurocopa. Bajo el mando de Dimitar Penev los Stoitchkov (al que trajo en 1985 nada más hacerse cargo del equipo), Kostadinov (al que hizo debutar), Ivanov, Lubo Penev y compañía brillarían con un CSKA al que tan solo pudo frenarle un equipo aún más grande destinado a escribir en breve la más gloriosa de sus páginas legendarias. 

El camino de aquella Recopa comenzó con un hattrick de Penev en Bratislava ante el Inter (2-3) que aún formaba parte de lo que pronto dejaría de ser Checoslovaquia. Una exhibición colectiva (5-0) en la segunda manga condujo a octavos de final, donde eliminarían sin mayor problema al Panathinaikos por un global de tres a cero, nuevamente con dos tantos de Penev, que ya acumulaba siete dianas en las dos primeras eliminatorias. El Roda JC neerlandés les esperaba en cuartos, un cruce complicado que resolvieron en la tanda de penaltis en el antiguo Gemeentelijk Sportpark Kaalheide de Kerkrade. Poco importó que esta vez Penev errase su lanzamiento, ya que sus compañeros Ivanov, Mladenov, Georgiev y Stoitchkov, que transformó el último, dieron el pase a semifinales a los suyos.

Ahí esperaba el Barcelona de Johan Cruyff, una escuadra que tres años más tarde se proclamaría campeón de Europa. Aún bajo el yugo nacional del Real Madrid, en la región catalana se estaba gestando un cambio de orden que comenzaba a dejar sus primeros grandes momentos. Un Camp No semivacío presenció un fabuloso encuentro en el que primó el fútbol ofensivo e imaginativo de ambos contendientes, pero sobre todo que sirvió para que los locales se enamorasen de Hristo Stoitchkov, que haría un doblete en la derrota 4-2 de los suyos y ficharía un año más tarde por los blaugranas. También en Sofía anotaría Stoitchkov (y le sacarían un balón bajo palos), pero el Barça se impuso por 1-2, dejando por enésima vez con la miel en los labios a un club que pese a sus múltiples gestas europeas se ha quedado varias veces a las puertas de una final que hasta ahora jamás han paladeado. De todas formas el final de aquella temporada fue mágico, ya que el CSKA conquistó los cinco títulos nacionales a los que aspiraba: Liga, Copa, Supercopa, Copa de la Armada Soviética y la Republic Spartakiada Cup, además de lograr repetir la mayor goleada que jamás han conseguido ante el Levski (5-0, al igual que en 1953).

Desde entonces varias perlas bien dirigidas por Dimitar Penev como Berbatov, Martin Petrov y Stilyan Petrov, alguna victoria de mérito como las logradas ante la Juventus (UEFA 94-95) y el Liverpool (3ª previa de la Champions League 2005-06) aunque sin final feliz y poco más es de lo poco que puede rescatar la afición de un CSKA que ha visto como sus últimos años en Europa no han sumado más que decepciones, al igual que a nivel local (no ganan la liga desde 2008 ni la copa desde 2011), donde el Ludogorets Razgrad se ha convertido en el gran dominador nacional al imponerse en los tres últimos campeonatos. Un duro presente que no manchará el recuerdo del mejor conjunto búlgaro de siempre, aquel que hizo soñar a la nación con reinar alguna vez en Europa.


CSKA Sofía 1973-74, el primer matagigantes.

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