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Cruel muerte en la orilla

Las eliminatorias a 180 minutos, dos partidos, a veces ofrecen un desarrollo que arrojan dos merecidos ganadores, si bien es tan solo uno el que avanza dejando al otro con la miel en los labios. En ocasiones se trata de dos choques igualadísimos, con un alto nivel táctico, técnico e incluso de diversión para el aficionado. No fue así en esta ocasión, en que cada uno hizo méritos en su casa para alzarse con la victoria final. Si en la ida Tigres pareció sentenciar al derrotar a Pumas por 3-0, en la vuelta los universitarios lograron igualar el marcador global en una exhibición de fútbol y tesón, llevándose el choque a una prórroga que culminó sus emociones en una infartante tanda de penaltis.

No obstante no se trataba de un cruce cualquiera. Era la final del fútbol mexicano, siempre tan apasionante como imprevisible. Sobre todo, porque tras las dos últimas actuaciones de los Pumas (duras derrotas 1-3 ante América sufriendo ante 9 hombres y en la mencionada ida de la final) pocos podían esperar una reacción así ante un cuadro teóricamente superior. Pero esto es lo bello del fútbol, que a veces te deja boquiabierto, con duelos para el recuerdo como este. O para el olvido, según seas hincha de uno u otro, ya que ¿es mejor perder la final tras morir cruelmente en la orilla o haber caído de forma indiferente tras la goleada de la ida? Sea como fuere, hoy el aficionado puma experimentará una mezcla de orgullo y amargura.


Tigres festeja in extremis su cuarto título de campeón nacional (segundo este siglo), cerrando un 2015 magnífico en el que alcanzó la final de la Copa Libertadores, donde cayó ante River Plate.