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Sueños de grandeza alvinegra

Qué duda cabe que Brasil es uno de los mejores países en la historia del fútbol, hablemos de su selección nacional o de sus clubes. De muchos de ellos ha salido la mayor cantidad de estrellas que recuerda nuestro amado deporte, una constelación que no por archiconocida no merezca recordar una vez más a los Pelé, Garrincha, Zico, Falcao, Gerson, Nilton Santos, Romário, Ronaldo Nazario y un larguísimo y maravilloso etcétera.

De los cuatro estados de mayor peso balompédico en el inmenso país sudamericano han salido sus 10 campeones diferentes de la Copa Libertadores. En Río Grande do Sul, Grêmio e Inter de Porto Alegre se coronaron dos veces campeones de América cada uno. En Minas Gerais, Cruzeiro suma dos trofeos, mientras Atlético Mineiro se quitó la espina hace cuatro años. En el estado de São Paulo, tanto el club homónimo como Santos levantaron tres veces la Copa cada uno, por un entorchado tanto para Palmeiras como para Corinthians (éste último apenas en 2012). Además, el modesto São Caetano casi logra consagrarse a primeros del presente siglo. Del estado de Paraná, el Atlético Paranaense también alcanzó una final en la que cayó ante el tricolor paulista. Por último, en Río de Janeiro tres de sus cuatro grandes alcanzaron el momento decisivo. Flamengo y Vasco da Gama lograron campeonar en una oportunidad, mientras Fluminense cayó ante Liga de Quito la única vez que llegó a la final.

Por todo lo anterior, la noche del jueves 10 de agosto será muy especial para un club que debía haber sido mencionado al menos una vez en la relación de los párrafos precedentes, pero que pese a su indudable grandeza e historia nunca ha peleado de verdad por la Copa Libertadores. Hablamos de Botafogo, que en la fecha señalada recibirá a Nacional en el Nilton Santos de Río de Janeiro. Lo hará, pleno de ilusión, con la esperanza de hacer bueno el 0-1 logrado en Montevideo ante el cuadro tricolor, sabiendo que en caso de avanzar habrán logrado su mejor clasificación en el máximo torneo continental desde que en 1973 alcanzasen por segunda y última vez la penúltima fase. Eran los tiempos de Jairzinho, Fischer, Marinho Chagas o Dirceu, seguramente el último gran plantel del que gozó la hinchada de la Estrella Solitaria, capaces de apalizar a Flamengo 6-0 así como de luchar por el título nacional.

Como muchos de los grandes de su país, el Fogão no se ha librado de convulsiones los últimos años. Alternaron campañas brillantes con otras penosas. Una de ellas le llevó a un hoyo del que pudo salir en apenas una temporada. Un año más tarde, de celebrar el retorno se pasó a festejar una nueva oportunidad en la Copa Libertadores, la segunda vez que se iba a disputar este siglo, tan solo tres años después de la edición anterior. Con un grupo bastante difícil, se las apañó para superar al campeón Atlético Nacional y al experimentado Estudiantes de La Plata para dar la sorpresa al avanzar de la mano del Barcelona de Guayaquil.

Además en el Brasileirão las cosas van bastante bien para los hombres de Jair Ventura, que pese a no tener mucha artillería arriba se han hecho fuertes atrás, base que les permite situarse en un esperanzador sexto lugar (lejos del inabordable Corinthians pero a tan solo 6 puntos del segundo, Grêmio) tras imponerse anoche al Sport Recife por un apretado 2-1.



Para aquellos que llevamos muchos años siguiendo al club, guardándole un cariño especial, esta temporada está siendo realmente ilusionante. El equipo se muestra fuerte, sólido, con una buena idea de conjunto, dirigidos magistralmente por alguien de la casa como Jair Ventura. El técnico, que lleva casi una década enrolado en el club en diferentes etapas y categorías, es el hijo del mito botafoguense Jairzinho, entroncando así la tradición que toda entidad necesita para retroalimentarse, además de recordar con su presencia y el buen andar del plantel que Botafogo es un club importante. 

Pelear por un campeonato nacional en el que el líder les aventaja en 16 puntos (en 8 al segundo, en 14 a tercero y cuarto) es una quimera que seguramente nadie se plantee en las filas alvinegras. En cambio, el buen hacer en el torneo local permitirá rotar al bueno de Jair con el sueño de la Libertadores en la psique de todos. Primero les tocará un rival aguerrido, con una historia repleta de proezas. Sin embargo, ¿por qué no va a ser esta la vez en que por fin Botafogo puede hacer algo realmente importante? Falta tiempo, pero los que hinchamos por ellos no podemos negar que estamos cada vez más ilusionados.

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