.

.

Lo que deseamos para 2019 (y para siempre)

En la era de las fake news, la viralización, la frivolidad, la inmediatez, el populismo y el cada vez mayor auge de la extrema derecha en lugares como Brasil, Austria, Italia, Alemania o España (¿acaso la historia no nos ha enseñado nada?), vamos a pedir algo que cada día parece más difícil: empatía, respeto y el fin de lacras que desgraciadamente afectan a todos los niveles sociales, por lo que el fútbol no se libra del racismo, la homofobia y el machismo.

Icardi apoya a Koulibaly tras los desagradables incidentes en San Siro
Nunca lo entenderé, menos aún en un mundo tan globalizado. ¿Cómo se posible que tipos que alientan a jugadores de todo tipo de origen insulten a sus pares de los otros equipos? ¿En qué cabeza le cabe a un seguidor del Inter realizar ruidos de macaco o proferir maldiciones a Koulibaly cuando en su propio equipo juegan Keita Baldé o Miranda, e incluso han tenido ídolos de color recientemente como Samuel Eto'o? La contradicción es cuanto menos ridícula teniendo en cuenta que el FC Internazionale Milano basa su nombre en las bases de su nacimiento: el AC Milan no aceptaba jugadores extranjeros, por lo que una serie de socios protagonizaron una escisión para erigir una sociedad sin restricciones a los jugadores independientemente de su nacionalidad. De ahí su nombre, con un futbolista suizo como primer capitán. Pero además, ¿qué más da el color de piel de una persona? No se es mejor ni peor por el tono o color que tengamos nosotros o los demás. No, no hay razas, ni religiones, ni etnias, ni idiomas, ni nacionalidades, ni banderas, ni lugares de nacimiento/procedencia mejores que el resto. Todos somos personas, algo que cuanto antes comprendamos más nos servirá para avanzar hacia un futuro en un marco de respeto y progreso para bien común. 

Lo anterior aplica también para la homofobia (LGTBI-fobia en un sentido más amplio). Os adelanto algo: no, una persona homosexual no atenta contra la seguridad de nadie, ni contra la raza humana ni mucho menos contra las familias. Antes de que comencéis a cuestionarme (se admite siempre desde el respeto) os diré que provengo de Torremolinos, uno de los lugares de referencia en el mundo gay desde hace más de medio siglo. En mi población somos tolerantes hacia estas personas (SON PERSONAS, que a veces se nos olvida) pues no dañan a nadie, tan solo quieren vivir en libertad. Y creedme, conozco a muchos y muchas, son personas excepcionales en todos los ámbitos, varios de ellos muy buenos amigos míos. Jamás se me han insinuado ni me han "agredido" en modo alguno, conocen mi condición de heterosexual y ya está, somos tan solo personas que comparten una amistad. Para el fútbol aplica lo mismo. ¿No se trata del deporte más democrático y acogedor del mundo? Pues si jugamos personas de todos los orígenes, ¿qué más dará la condición sexual de cada uno? Por desgracia el mundo del balón sigue siendo muy homófobo, razón por la cual estos jugadores no salen del armario ante las represalias de público, clubes e incluso compañeros. Es tan triste lo que sucedió con Justin Fashanu que se entiende perfectamente que aún tras casi 4 décadas prácticamente ningún importante futbolista de élite se haya animado a dar el paso.

El machismo. "Vete a fregar", "tu lugar está en la cocina", y mierdas del estilo sobran. Simbolizan la mala educación, la falta de respeto a nuestras madres, esposas, amigas, hermanas, hijas, compañeras. Que una mujer no pueda arbitrar con tranquilidad en supuestamente algunas de las sociedades más desarrolladas del Siglo XXI es una vergüenza intolerable que debe cambiar radicalmente desde ya, pues vamos con mucho atraso. 

Por último otra gran lacra del balompié de nuestros tiempos: los problemas que generan los adultos en el Fútbol Base. Lo que debería girar en torno a la ilusión de niños y niñas acaba convirtiéndose demasiadas veces cada fin de semana en otra muestra de hooliganismo de muchos padres que no entienden que sus vástagos son solo niños que juegan al fútbol. Relea la frase si no la ha comprendido. Incluso si su hijo de 12 años demuestra una calidad muy superior a la de sus compañeros y rivales de generación ello no es motivo para comportarse como un animal, ni para faltar al respeto a otros padres, árbitros, entrenadores, rivales, compañeros e incluso a su propio hijo. Está más que dicho, pero lo importante para una persona es que se cultive a través de los muchos valores positivos del deporte, que le reportará a lo largo de su vida empatía, saber estar, desenvolverse eficazmente para trabajar en equipo, voluntad, esfuerzo y un largo etcétera. Otro factor más: ese chico debe estudiar, pues aunque sea Maradona con 16 o 20 años una desafortunada lesión podría apartarle para siempre de los terrenos de juego. Sin embargo haberse cultivado en una carrera o profesión le ayudará toda la vida pues tendrá posibilidad de trabajar. Ah, y no presione a su hijo: quiere disfrutar, según crezca querrá competir con mayor voracidad, pero nunca debe perder el foco, ni sus padres convencerle de todo lo bueno que es pues no harán más que crearle problemas. Por último: el fútbol base es formativo. Esto quiere decir que su labor es mejorar integralmente a los chicos y chicas que juegan, ganar NO es el objetivo hasta que sean profesionales, algo que sucede tan solo en un reducidísimo porcentaje.

Todo menos formación: el ejemplo que nunca hay que dar a nuestros hijos
La próxima vez antes de menoscabar la dignidad de una persona de otra raza (etnia, religión...), a una mujer, a alguien homosexual o simplemente a cualquier persona, pregúntese, ¿le gustaría que le tratasen a usted así, que gritasen eso a sus padres o a su familia? Quizá llegó el momento de reflexionar ante el sinsentido.

Listo, hay más, siempre se puede mejorar para hacer una sociedad mucho mejor, y por ende un deporte también más limpio y sano. Ahora me reclama mi hijo recién nacido, por el que lucharé a diario para inculcarle estos valores para que respete al diferente y sea empático, quizá una de las virtudes más infravaloradas a la par que importante.

Ojalá 2019 nos acerque pronto a una era de mayor cordialidad, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.