USA 2026: el Mundial de la infamia
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| El hijo de mil demonios Donald Trump, juzgado por socavar las elecciones de 2016. |
Se acerca la fecha que cada 4 años más apasiona a los amantes del fútbol. El Mundial lleva cerca de un siglo creando leyendas, alimentando el imaginario colectivo, aunando alegrías, decepciones y todo tipo de emociones, partidazos, jugadas míticas y en definitiva, grandes momentos para el recuerdo. Todo ello, independientemente de los colores de cada uno. Algo tan fastuoso, casi mitológico, va camino de ofrecer una edición que se recordará durante décadas por su terrible infamia. Lo peor es que sigue siendo evitable, pero Infantino, perfectamente conocedor de los males que implica el fascismo de la administración Trump, seguirá adelante porque nada alterará su amistad interesada con la peor persona de nuestro tiempo, el repugnante y pedófilo presidente estadounidense.
¿En qué cabeza cabe celebrar una competición en una sede que amenaza a los miles aficionados que suelen viajar desde todos los continentes? Con el ICE como brazo armado, entrar en Estados Unidos supone hoy un enorme riesgo para toda persona extranjera, como lo es para toda su población. Porque el fascismo de ese país ha ido quemando etapas, hasta asesinar a sus propios ciudadanos sin miramientos, a plena luz del día, mintiendo si hace falta para justificar lo injustificable. No, el Mundial no debe celebrarse en un país en el que deportistas, técnicos y aficionados corren riesgo real de deportación (eso si les dan visado para entrar), encarcelamiento sectario o directamente asesinato.
Gianni Infantino es el máximo responsable de todo esto, porque sabe perfectamente lo que está pasando, siendo consciente del desastre que puede suponer una Copa con un monstruo como Donald Trump al mando. Las primeras consecuencias ya las estamos viendo, pues hay voces que se preguntan si Irán participará. De hecho esta misma semana el Ministro de Deportes de ese país vino a decir que en la situación actual no podrán participar. ¿Cómo no cuestionárselo? Seamos serios. Amamos este deporte, pero las vidas de las personas, reconstruir un país devastado por los misiles y una sociedad tiranizada por su cúpula clerical, es más importante que cualquier competición deportiva.
Lo he dicho varias veces abiertamente, pero lo repito aquí: no iría al Mundial ni aunque me regalasen las entradas, la estancia y los billetes de avión. Por más que adore este deporte (y ni os cuento el maravilloso ambiente de las previas), no estoy dispuesto a arriesgar mi vida, fastidiando a mi familia de paso. Todavía hay tiempo para arrebatarles la sede, para dividir los encuentros que correspondientes a Estados Unidos entre Canadá y México, para aplazar el torneo o para encontrar otro país (o varios) que lo acoja. Sin lugar a dudas, la vida de las personas debe prevalecer por encima de los contratos con los patrocinadores.
Evidentemente nada de eso va a suceder, y de veras que deseo equivocarme con toda mi alma, pero me temo que vamos a acordarnos y a arrepentirnos, durante toda la vida, del Mundial de Estados Unidos 2026. Otra muesca más para una FIFA que nos ha hecho encadenar Rusia con Qatar y ahora con la casa global del fascismo contemporáneo. Un desastre imperdonable.

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