La buena estrella del Sevilla

Castrín celebra su gol al Espanyol (jornada 35).

Todos sabemos lo que ha vivido el sevillismo en los últimos 20 años. Hace unos días se cumplía la efeméride de las dos décadas desde su primera Copa de la UEFA, aquella conquistada tras la emotiva semifinal ante el Schalke 04, con el gol del malogrado (y añorado) Antonio Puerta y la posterior goleada al Middlesbrough. Mucho tiempo después, la actualidad del cuadro hispalense dista mucho de la gloria de aquellos días. Hoy la pelea es la de una sufrida supervivencia, un embrollo en el que no deberían estar (ni tampoco el Valencia, pero esa es otra historia), pero cuyo final ya se vislumbra con cierto optimismo.

He de reconocer que este texto lo escribo por mi compañero Martín, al que quiero mucho y sé que lleva una temporada sufriendo con sus colores. Al Sevilla no le tengo tanto aprecio. Soy malaguista, gozaría su descenso tras tantos años de burlas y agravios de su afición hacia nosotros, pero tarde o temprano nos vamos a encontrar para saldar cuentas. Ojalá en unos meses, pero sin bajada de categoría mediante para los hispalenses. Mejor que sea un derbi como mandan los cánones, con ambos en Primera. Aclarado esto, continuemos.

Sevilla es una ciudad muy emocional. Intensa, seguramente exagerada en su propia percepción, si bien ello es parte de su encanto e idiosincrasia, haciéndola muy especial ese amor propio de su gente. Y si ya merece la pena la capital andaluza por su historia, gente y arquitecturapara cualquier aficionado al fútbol la rivalidad entre sus dos clubes es una gozada. Esa dualidad se ha revertido en los últimos años, con buenas actuaciones del Betis a nivel nacional e internacional. Al Sevilla le ha tocado pugnar por evitar el descenso, justo en una de las mejores épocas de su eterno rival.

Pese a que la etapa de Almeyda en el banquillo comenzó relativamente bien, poco a poco el equipo se fue hundiendo en la tabla hasta acabar inmiscuido en la lucha por la salvación. Con Luis García Plaza da la sensación que les está yendo un poco mejor. De hecho, incluso la fortuna les está acompañando. En teoría su calendario, con partidos recientemente ante Real Sociedad, Atlético de Madrid o Villarreal tenían que suponer un dolor de muelas. Sin embargo, las diversas distracciones de esos adversarios, o el hecho de que ya hayan cumplido objetivos, ha facilitado una tarea que de otro modo habría sido claramente más complicada dado el nivel y entidad de esos contrincantes. Aglutinar esos 9 puntos les ha dado aire, qué duda cabe. Entre medias ha habido otros duelos, como el del pasado fin de semana ante el Espanyol, cuyo resultado dieron la vuelta en los instantes finales con Nervión en plena ebullición.

Sin duda, el incansable apoyo de su afición ha sido un factor determinante. No juegan, pero alientan a los suyos sin desánimo, apretando a un contrario que no lo pasa bien en el Sánchez Pizjuán, como en sus buenos tiempos. La savia nueva que ha llegado desde la cantera ha revitalizado al equipo, donde Kike Salas, Carmona, Castrín u Oso están dando alas en pos de lograr el objetivo. De hecho, un gran gol de Castrín (fichado para el filial sevillista en 2024) sirvió para empatar ante el Espanyol hace unos días, en un duelo directo que pudo dejar muy tocados a los blancos. El nigerniano Akor Adams, muy enchufado últimamente, acabaría anotando el tanto del triunfo.

En una penitencia que recuerda a esa Semana Santa que tan devotamente viven en la ciudad, ayer tocaba una dura prueba ante un Villarreal que disputará la próxima Champions. Muy fuertes en casa, los de Marcelino ganaban 2-0 tras solo 20 minutos disputados. Con el recuerdo del 5-1 al Levante apenas 10 días antes, al Sevilla no le quedó otra que ir a por todas. Fuera por hambre o desesperación, pero también con buenas dosis de fútbol, lograron revertir el resultado para ganar 2-3. Oso y Kike Salas, sangre sevillista, y de nuevo Akor Adams, culminaron una remontada que les acerca a la deseada salvación.


La igualdad es tal, y la importancia de los dos últimos resultados tan enorme, que de no haber logrado vencer el Sevilla ocuparía ahora mismo puestos de descenso. No han culminado la faena, si bien 4 puntos por encima de la quema auguran un final tranquilo. O al menos, un destino en sus propias manos, sin depender de terceros. Vista su dinámica, y su próximo rival (un Real Madrid enturbiado por sus propios fantasmas), creo que el fin de semana van a celebrar con alivio la salvación en un Sánchez Pizjuán que volverá a engalanarse por los suyos.

Ya sea la zurda de diamantes que les protege desde el más allá, la suerte de un calendario que debía ser duro pero ha acabado ayudando a su cometido, el empuje de la savia fresca, la experiencia de Luis García Plaza, la inminente venta del club o un compendio de todo ello junto, lo cierto es que la buena estrella no abandona a un Sevilla que estoy seguro que más pronto que tarde hará que mi apreciado Martín deje de sufrir (al menos durante el verano).

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