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Piratas del Río Avon - Historia del Bristol Rovers (I)

Por sugerencia de Martín he decidido que salga del cajón esta serie de artículos sobre la historia del Bristol Rovers, un club que se nos hizo simpático desde que empezamos a conocer sobre él. Consta de varias partes, espero que las disfruten.


“… sometimes I have a great notion, to jump into the river and drown…”. Desde tiempos muy lejanos, los partidos del Bristol Rovers siempre tuvieron al Río Avon como espectador privilegiado. Fue por eso que sus fanáticos, identificados con esa frase cada vez que su equipo perdía, tomaron como propia la canción “Goodnight, Irene”, tan popular durante los años ’50. Bañada de la enorme y seductora tradición que rodea al fútbol británico, la hinchada de este equipo siempre tuvo su toque de distinción.

Formación
La pasión fue siempre la misma, pero es la historia lo que va formando la identidad de una institución. Mucho cambió el mundo desde aquel distante septiembre de 1883, cuando se estableció la primera piedra de lo que hoy es el club. Todo comenzó en un restaurante de la avenida Stapleton, donde un grupo de jóvenes liderados por el docente Bill Somerton decidieron formar un equipo para practicar el deporte que comenzaba a ganarse el amor del pueblo: el fútbol. Así fue que nacieron los Black Arabs, con una denominación que provenía por un lado de las camisetas negras que compraron y por otro del nombre de un equipo de rugby que entrenaba próximo al lugar de fundación. Estos entusiastas disputaron diez partidos ante otros conjuntos de la región durante su primer año de vida, en el que se ganaron el mote de “Purdown Poachers” (los pescadores de Purdown) debido a su hábito de intentar convencer a los rivales para que se les unieran. Los Black Arabs ya estaban en marcha.

Primeros encuentros
A pesar de que su existencia era muy breve, la forma de llamar al incipiente club pronto cambió por la de Eastville Rovers. Se eligió hacer referencia a la región de la ciudad a la cual representaban con el objeto de atraer la atención del público. Los colores tampoco fueron los mismos desde ese entonces. La camiseta original, negra cruzada en diagonal por una franja amarilla, fue sustituida por otra blanca con finas rayas azules horizontales. No obstante, la indumentaria sufriría modificaciones frecuentemente durante los años posteriores. Aprovechando la serie de cambios, el club se mudó desde la región de Purdown hacia un pequeño campo llamado Three Acres. Mientras continuaba disputando partidos amistosos y luego de adjudicarse por primera vez la Gloucestershire Cup, la institución se convirtió en uno de los miembros fundadores de la Liga del Distrito de Bristol en 1892, en la que comenzó a saborear la competición oficial. Este torneo, que pocos años después fue renombrado como Western League, representa actualmente parte del noveno nivel en Inglaterra.

Cambios de fin de siglo
A medida que el siglo XIX se iba apagando, grandes sucesos comenzaron a tener lugar en los Rovers. Primero fue la aparición en el torneo de fútbol más antiguo del mundo, la FA Cup, en 1895. A pesar de que ese debut resultó en derrota por 0-2 ante el Warmley FC —un equipo que supo ser creador de la Western League pero desapareció por completo en 1905—. Es sabido que todos los clubes necesitan un oponente especial, un rival al que sus hinchas siempre quieran ganarle. El segundo acontecimiento para destacar en esos años tiene que ver justamente con eso, ya que a principios de 1896 se produjo el primer enfrentamiento ante el Bristol South End —poco tiempo más tarde Bristol City—. Aunque nadie se dio cuenta en ese momento, el gran clásico de la ciudad había nacido. Otros cambios importantes ocurrieron en 1897, cuando el club se volvió profesional y varió su nombre: desde ahí se llamaría Bristol Eastville Rovers. Sin embargo, apenas dos años más tarde se suprimiría el segundo vocablo para dejar inmortalizada la denominación con la que se lo conoce actualmente.

El último evento destacado del siglo fue la compra de unos terrenos al club de rugby Harlequins. En ese predio se construiría el Eastville Stadium, hogar de los Rovers desde 1897 hasta 1986, cuando fueron obligados a abandonarlo por sus problemas financieros. El campo de juego, demolido en 1998, estaba situado cerca de un gasómetro, cuyo olor derivó en el apodo de “Gasheads”, con el que se conoce a los hinchas del equipo.

El camino en la Southern League
De disputar los torneos de la Western League y la Liga del Distrito de Birmingham en simultáneo, el club, con su nombre ya confirmado como Bristol Rovers, pasó a formar parte de la Southern League en el comienzo del nuevo siglo. Esta competencia sería el lugar del equipo durante dos décadas cruelmente interrumpidas por la Primera Guerra Mundial. En 1905, los Rovers se alzaron con su primer y único título en esta liga. Ese mismo año, en el que ganaron por tercera vez la Gloucestershire Cup, Jack Lewis fue convocado a la Selección de Gales, convirtiéndose en el primer jugador del club en disputar un partido internacional. La Southern League siguió su rumbo. Sólo paralizada durante los conflictos bélicos, tenía como conjuntos más representativos al Tottenham Hotspur, Southampton, Portsmouth, Fulham, Crystal Palace y Queens Park Rangers. Para su participación en esta liga, el Bristol Rovers adoptó un nuevo uniforme: blanco y negro a rayas verticales.

La nueva liga
No fue fácil unificar el fútbol inglés en torneos nacionales. Cuando se creó la Football League en 1888, el torneo —ganador por el Preston North End— tenía apenas una división conformada por 12 equipos. Cuatro años después, la otra asociación fuerte del país, la Football Alliance, se incorporó a la liga dando origen a la segunda división. Con esas dos categorías se disputaron los campeonatos durante casi tres décadas. La pausa obligada durante la guerra hizo que se dificultara reclutar más equipos. Terminados los primeros años difíciles —aunque no serían los últimos— se decidió crear una tercera división en 1920 incorporando a las instituciones de la Southern League. Ahí estaba el Bristol Rovers, que se ubicó décimo en su primer torneo bajo el nuevo sistema. Apenas un año más tarde, la liga admitió un gran número de clubes del norte del país en un intento de balancear el certamen. De esa manera se creó una distinción entre la Third Division South y North.

Los años previos a la Segunda Guerra Mundial
Pese a la notable convocatoria de público, el andar de los Rovers en la incipiente liga se mantuvo casi siempre de mitad de tabla hacia abajo. Sus actuaciones demostraban que nunca fue un serio candidato al ascenso. Incluso finalizó último en 1939. Claro que la suspensión de actividades durante la Segunda Guerra Mundial hizo que el club pudiera volver a ocupar su lugar en la liga de 1946 tras ser elegido para la readmisión.

Pero no todo había sido malo en esos tiempos. Con la llegada del Capitán Albert Prince-Cox a la dirección técnica del equipo, se introdujo la camiseta azul y blanca dividida en cuatro partes, ya que el entrenador creía ésta hacía que los jugadores se vieran más grandes sobre el césped. Esta indumentaria, si bien fue cambiada en algunas ocasiones, se adoptó definitivamente en el club y es la que se utiliza en estos días. También se realizaron las primeras giras por el extranjero, en las que los Rovers se enfrentaron, entre otros equipos, al poderoso Milan y a la Selección de Holanda. En 1935, otro trofeo se sumó a las vitrinas del club, luego de vencer al Watford por 3-2 en la final de la Division 3 South Cup. Envuelto nuevamente en bajos rendimientos, la liga se vería interrumpida una vez más por los conflictos internacionales. Habría que esperar unos cuantos años para que la pelota pudiera volver a correr en libertad.

2 comentarios:

Martín dijo...

Me encanto en su momento, y me sigue gustando ahora, posiblemente esta serie fue uno de los motivos más importantes para unirme al Café, así que le tengo mucho cariño.

Y si, desde la misma, el Bristol rovers tiene un lugar en mi corazoncito.

Garrincha dijo...

Todo el misticismo, el encanto, la pureza que desprenden los clubes británicos (no quisiera centrarme solo en los ingleses) no tienen parangón. Historias como esta son sensacionales.