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Where Have All The Flowers Gone

(Oscuro, todo estaba oscuro).

Desde el exterior se filtraba la luminosidad de una farola lejana, pero no lograba derrotar a la oscuridad, salvo en un pequeño sector cercano al balcón, allí se había firmado una especie de armisticio entre los dos oponentes, separados por una tierra de nadie dominada por la penumbra.

En el Sillón, recostado con indolencia, Willie escuchaba de nuevo la canción, por cuarta vez. Apenas oía la letra, la sentía dentro de su cabeza, mientras la melodía sonaba melancólica al fondo.


(Era el final).

Su mirada se dirigió hacia la pared.

Allí, detrás del telón de la noche, sabia que estaba la foto. LA FOTO. No le hacia falta verla de nuevo, recordaba cada detalle de la misma.

Gesto serio en su rostro, preocupado. Sobre su rojo pecho, El cañón. A su lado, algo mas bajo, mar de rizos sobre la alargada cara, Andy. La escena rebosaba intensidad, tanta que incluso había merecido una portada.

Recordaba ese día, paso a paso, porque fue el partido de su vida, ese que todo futbolista tiene, sea mejor o peor, un mastuerzo tuercebotas o un malabarista del esférico.

No fue la suya una de esas exhibiciones de explosividad juvenil, de fuerza desbordante, del poder que solo concede la edad y que el tiempo arrebata inmisericorde.

Tampoco le hizo falta meter siquiera un gol, algo que a pesar de su posición en el campo no le era desconocido.

No, lo de ese día fue algo distinto, mas sutil, mas delicado, si el uso de esa palabra refiriéndose a un central no es algo casi de mal gusto. Se trató de un ejercicio de madurez, de una clase practica de cómo marcar, ir al cruce en el momento preciso, como adelantarse al siguiente movimiento rival. Ni siquiera necesito dar una mala patada. Simplemente, fue magia, o lo más parecido a esta en el mundo real, fútbol en acción.

El, capaz de permanecer impávido frente al muro de imprecaciones que levantaban mas de treinta mil gargantas cada vez que visitaba White Hart Lane, ante las oleadas de odio, de tal intensidad que casi parecían sólidas, (de ese odio que solo quien te amó puede profesarte) que le destilaban los fanáticos de los Spurs, el, un escocés duro, intimidante, profesional, lloro ese día solo, en el vestuario, tras la salida de sus compañeros. Sabia que jamás iba a repetirse, que a partir de aquí, solo quedaba la cuesta abajo.

(Nunca, nunca mas).

Las lesiones se sucedían, así como sus equipos, temporadas para olvidar, descendiendo, pero siempre honrado, dándolo todo, fuera en primera o en cuarta. Y allí precisamente se acabo todo, un noviembre helado, antesala del invierno mas largo, el que jamás se acabaría…

(¿Y ahora, que?)

Ahora, echado aun en el sofá, se dio verdadera cuenta del paso del tiempo. 14 temporadas de carrera profesional. Tres lustros separaban al imberbe joven que debutara en su natal escocia, en aquel Aberdeen camino de la gloria, del actual William. ¿Eran la misma persona? Emocional y físicamente, no. Por un momento su mente paladeo con la duda metafísica de si realmente no éramos entidades diferentes unidas por una misma línea temporal, de que aquel Willie de 19 era tan distinto al William de 35 como este de cualquier otra persona…

Se acabo.

La canción. Y entoncés sonó Puff, the Magic dragón. Y sonrió, como el niño que aun era dentro, tuviera 10 ,30 o 40 años (¿y que hombre no lo es siempre, en el fondo?)

Bah, estupideces, nada que una buena pinta de cerveza(o dos, o tres), no pudiera arreglar, solo faltaría que ahora se fuera a volver filosofo…los muchachos le pegarían de palos solo de pensarlo. Quizás…si, aparte de jugar al fútbol, solo sabia hacer una cosa realmente bien…

(beber…)

Pondría un pub, de trasegar birra sabia un rato…y quizás, podría incluso servir algo de Haggis, tal vez esos ingleses come púdines aprendieran por fin a apreciar la cocina escocesa…

Si, ahora, tenia un objetivo, se levanto de su sillón, encendió la luz, alejando de si esa maldita negrura, casi enfermiza (la de fuera y la de adentro) y…

Se acercó al aparato y volvió a hacer sonar de nuevo when have all the flowers gone, por última vez, como despedida… como pasa el tiempo, sobre todo por ti, Mary



Este pequeño cuento, es una especie de reto personal, quería saber si era capaz de escribir algo, únicamente con una foto, y una canción. Aunque realmente la canción que me inspiro el cuento, no es esta tan absolutamente maravillosa de la que podéis disfrutar por partida doble (por cierto, mirad los dos videos para entender algo más esto), sino la deliciosamente triste La senda del tiempo, creo que hoy me sentí un poco William…pero como el, hay que levantarse (en mi caso, y a estas horas, permitidme que en lugar de cerveza, me decida por horchata…). Vosotros diréis si lo superé

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