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¿Por qué en el fútbol?


Los hechos sorprendieron más por la magnitud y la dureza que por su novedad. Como se sabe, un grupo (bastante grande) de ultras invadió el césped del Franz Horr mientras se disputaba el Austria Viena-Athletic Bilbao. Previamente, habían caldeado el ambiente con bengalas, pancartas de apoyo a cierto dictador español y banderas rojigualdas de épocas pretéritas, en lo que parece que fue un acto de ¿hermanamiento? entre ultras de distintos países. Es noticia por la amenaza que supusieron a la integridad de los jugadores y por la violencia con la que se emplearon, pero, estos actos y esta gente son una lacra bien conocida en la mayoría de los estadios de fútbol: cualquiera de nuestros clubes, de la categoría que sea, del país que sea, tiene un grupo de muchachos de tendencia ultra (mayoritariamente de derecha, pero también de izquierda) y de comportamiento, como mínimo, agresivo.

Ante la reiteración, surge una pregunta: ¿por qué en el fútbol? ¿por qué no en cualquier otro deporte? Porque, en principio, no hay nada intrínseco en el fútbol (ni el césped, ni que sean once, ni que vayan en manga corta) que haga que surjan en su entorno energúmenos con ganas de liarla. No ocurre (al menos, no en esa magnitud) en el fútbol sala o en el rugby, deportes hermanos. Uno podría argumentar que el hecho de ser un deporte masivo y donde sus aficionados se concentran en espacios cerrados y relativamente reducidos, fomenta la aparición de grupos de ultras (aunque sólo sea porque con tanta gente y tan junta de tó tiene que haber). En el ciclismo, por ejemplo, deporte que se desarrolla en un recorrido de más de 100 kilómetros y donde el evento en sí apenas dura unos segundos, sería todo mucho más complicado... Es posible... pero sería éste un factor ni necesario (hay barrasbravas en equipos que no juntan ni 100 personas), ni suficiente (no recuerdo que la cosa se dé en deportes también masivos como el cricket o el fútbol americano).

El hecho de determinados clubes o (más claro) determinadas seleccionen sean portadoras de determinadas identidades (sobre todo nacionales-locales, pero también políticas) también podría explicar la relación. Es, por ejemplo, complicado que estos sentimientos se retroalimenten en los clubes de atletismo (que suelen llevar el nombre de la empresa patrocinadora) o en los de la NBA, donde la franquicia puede cambiar de ciudad en el momento en que la cosa deje de ser rentable. La asociación del club (que no deja de ser también una empresa) con la ciudad (y con todo lo que ello representa) hace que éste se convierta en el terreno de juego práctico de unos conflictos, por lo general, bastante abstractos, como es el de las identidades. No es casual, en ese sentido, que haya sido un partido del Athletic el blanco de la acción de grupos ultraderechistas. Pero, de nuevo, ¿por qué el fútbol y no el básket o el balonmano?

Lo cierto es que cuando el cáncer surge, luego es muy complicado erradicarlo. Primero por las lealtades que se generan en estos grupos (y aquí ya es cosa más de psicólogos y sociológos). Y segundo porque, como saben bien en Argentina e Italia, los grupos ultras pueden ser funcionales al club, como grupo de "presión" en las distintas luchas que puedan surgir.

El tema de la relación entre fútbol y fenómeno ultra es demasiado complejo como para tratarlo desde mi sociología barata y desde este humilde blog. Al final, por suerte, siempre queda el camino fácil que nos propone Dadan Narval: son idiotas.

2 comentarios:

cityground dijo...

Es una de las cosas que mas detesto en el fútbol, los grupos ultras son una vergüenza para los clubs. Soy de la Real y ojala no existiera la Peña Mugica, y así en todos los equipos sean de la ideología que sean, y no me vale que son los que mas animan porque entonces prefiero un campo en silencio que alentando lo que cantan esos miserables.

Lo malo es que a veces han sido o son apoyados o financiados por gente del propio club que así los puede emplear en alguna situación que le convenga.

Ojala se acabara con ellos algún día aunque lo veo complicado.

Garrincha dijo...

Tu mismo das varias respuestas Chimo: deporte masivo + amplia repercusión en los medios, que es lo que estos imbéciles pretenden. Cualquier partido medio interesante suele congregar algunas decenas de miles de personas, y saben que liándola ahí, en medio de la manada, no solo es posible que no les pase nada sino que se publicite su "hazaña"

Una lástima que el fútbol acoja a estos cenutrios, pero erradicarlo está en manos de directivos, federaciones y también con la colaboración de los buenos aficionados que denuncian los comportamientos inadecuados.

Un saludo!