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Cómo hemos cambiado


Hace cuatro años, en el Mundial de Alemania, éramos una selección joven, fresca e ilusionante. Una ilusión un tanto inocente e insensata, que se vio refrendada por la goleada y el partidazo que nos marcamos ante Ucrania y una ilusión con la que acudimos a enfrentarnos en octavos a Francia, por mucho que los partidos contra Túnez y Arabia Saudí no fueran especialmente brillantes. Creíamos que, por fin, había llegado nuestro momento, que por fin habíamos madurado lo suficiente y que podíamos hablar de tú a tú a los aristócratas del fútbol mundial: que ésta era la nuestra, que no era el típico globo hinchado de la prensa.
No he vuelto a ver aquel partido contra Francia y cuando lo vi fue con la ofuscación que te dan los nervios, pero siempre me quedé con la sensación de que se habían enfrentado niños contra adultos. Los españoles tenían el toque y la efervescencia, pero parecían tremendamente livianos, ante un muro sólido, que sin adornos, nos desmontó fácilmente. Condición física de base, decían algunos; oficio, decían otros.

La historia cambió, como hemos oído tantas veces, en Viena. O quizás en Dinamarca, en un partido de clasificación en el que se apostó definitivamente por los bajitos del toque-toque. O quizás contra Italia en los cuartos de la Eurocopa.
Los partidos del Mundial han sido tremendamente complicados, por mucho que los rivales no tuvieran el abolengo de una Italia o de un Brasil. En muchas ocasiones se resolvieron por pequeños episodios aparentemente anecdóticos, como esa salida del portero chileno Bravo o esa penalti atajado por Casillas contra Paraguay. Y sin embargo, España los ha afrontado con una seguridad, un aplomo y una confianza que no conocíamos. Ayer, como por ironía del destino, los papeles de aquel partido de 2006 se intercambiaron: era la Alemania de Löw la que interpretaba el rol de equipo joven, dinámico y cargado de ilusión; mientras que España era el conjunto seguro de sí mismo y paciente. Tan seguro de sí mismo y paciente que el gol llegó de una manera inesperada para un equipo que ha basado su identidad en el toque: de córner y con un tremendo cabezazo de Puyol.

Quizás es que aquellos adolescentes que se enfrentaron a Francia han madurado y se han convertido en hombres en estos cuatros años. Quizás es que hemos adquirido por fin el oficio ése del que tantos hablan, pero que nadie ha sabido definir. O quizás es que después de lapidar al fantasma de cuartos, de olvidarnos de todos los codazos y todos los Al Ghandour, sólo se trataba de jugar al fútbol.

3 comentarios:

cityground dijo...

Creo que es un poco todo, este equipo como dices es mas maduro y en la Eurocopa se convenció que podía ganar a cualquiera, antes jugábamos mas o menos bien pero cuando nos tocaba un equipo con un poco de nombre nos íbamos para casa, ahora no le tememos a nadie, sin prepotencia pero con confianza en nuestras posibilidades que como se esta viendo en este Mundial son muchas.

Ahora ganamos cuando jugamos bien y también cuando los partidos no son tan brillantes como contra Chile o Paraguay, y esa es la única manera de salir campeón.

Julio dijo...

Para mi una de las claves, y es algo común a casi todos los equipos campeones, o que al menos no lo sean esporádicamente, es que se consigan juntar dos generaciones, una de jóvenes y otra, si no de veteranos, al menos de gente más contrastada. Pero con calidad, porque sí, se trata sobre todo de fútbol, pero tienen que ser buenos futbolistas. Y esta condición por fin se ha dado. No se dió con los generación de Camacho, Maceda o Gordillo y la Quinta del Buitre, no se dió con la generación del 92 y la de Hierro y Bakero, y por fin se ha dado ahora.

Se han juntado los Xavi, Puyol, Casillas, Marchena (Raúl si hubiera aguantado el paso de los años), con la de Torres, Ramos, Iniesta, Cesc, Piqué, Silva... incluso la intermedia de Villa, aunque en esta se han quedado por el camino muchos (Reyes, Joaquín, Vicente). Todos en la pelnitud de sus carreras. También ha ocurrido que la calidad media del futbolista español ha subido mucho en los últimos 20 años. Aunque hay una elite bastante amplia, a partir del puesto 15, se pueden discutir muchso puestos, y no porque sean todos igual de malos.

Otra clave es que estas dos generaciones se han acostumbrado la mayoría a ganar con la Selección desde jóvenes, desde el mundial sub20 de Nigeria (la de Xavi) hasta los éxitos de los más pequeños. El factor psicológico es muy importante.

Y lo que es mejor, salvo unos pocos nombres, a esta Selección le quedan bastantes años en activo. No sólo eso, ya llegan otros por detras, que con un poco de suerte ocuparán su puesto correspondiente entre los grandes: De Gea, Canales, Tiago Alcántara... en los últimos años se ha apostado por el talento tanto en clubes como en la Selección, y parece que por fin llegan los frutos.

A ver si no llega el efecto Mourinho y lo jode todo. De momento, en el mundial la mayoría de equipos han llegado al estadio y han entrado al césped en el mismo medio de transporte. Sin embargo en la Eurocopa esto no pasó, y se vió un campeonato apasionate, con la mayoría de equipos intentando ganar metiendo más goles que el contrario.

Ahora queda lo mñas dificil, mantenerse, tanto si se gana al mundial como si no. La Selección ya no puede sorprender.

Gustavo Torres dijo...

Felicidades por el pase a la final, se lo merecen absolutamente. Han recapacitado en la mayoría de sus errores y he ahí el premio.

No sólo el 2010, en el 2014 también tendrán una gran generación de futbolistas.