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Y a pesar de todo...

El mundo da asco, la gente es idiota, egoísta, desagradecida, teniendo siempre más ganas de joder a los demás que de darse un gustazo, o tal vez es que su deleite es justamente tocar las narices. Jefes prepotentes, compañeros que no acompañan mas que a apuñalarte, clientes malvados, amargados o simplemente estupidos, y un sinfín de espectadores y secundarios que sirven de telón de fondo a un escenario de perdición, una coral de miseria que solo sabe cantar tus errores.

Cuando tengo un día gris, cuando he sufrido en mis carnes las injusticias del universo, cuando la luz deja de iluminarme y las tinieblas devoran mi alma, no puedo evitar creer que lo mejor es que el ángel exterminador comience a trabajar y extirpe de la faz de la tierra a nuestra maldita especie, démosle una oportunidad a las cucarachas, se la merecen.

Y sin embargo…

No puedo evitar preguntarme el porque, si todo eso es cierto, cuando ganamos algo, cuando estamos felices, cuando nos elevamos por encima de la mediocridad de la existencia, en lugar de guardarnos para nosotros solos esas sensaciones, nos vemos poseídos por la necesidad de compartirlas. Y no, ni siquiera es con afán de regodearnos, de mostrarle al otro que mientras su vida es una bazofia a nosotros nos sonrió la fortuna…no, no se trata de eso, e incluso yo, que a veces me veo como un cínico sin remedio (aunque seguramente no pase de un irónico humanista), lo se.

No, cuando ganamos, cuando estamos contentos, cuando la felicidad nos embarga, en nuestros mejores momentos, necesitamos tener a alguien al lado, poder abrazarle, poder hablarle sin palabras, hacerle sentir que la alegría compartida es doble alegría, poder desfondar nuestra alma, sacar a la luz los sentimientos, y ver como ese amigo que esta al otro lado también te la abre.

Cuando terminó la final del mundial, en España el número de mensajes de móvil se multiplicó por cuatro, millones de llamadas se hicieron, y muchas otras se quedaron en el limbo, pero casi como se hubieran hecho…y muchas no se hicieron porque la línea con el cielo, de momento, no tiene cobertura.

No, no puedo, incluso dando suelta a mi pesimismo mas descarnado, evitar creer que aunque por los pelos, merecemos otra oportunidad. Seguramente estaré equivocado, pero a veces, aunque sea solo a veces, la humanidad te muestra el porqué de su nombre.



Y no puedo evitar dedicarles estos renglones a mis compañeros de blog, quienes, aún desde la distancia, saben que lo que disfrutamos, lo que vivimos ese madrugada de domingo, lo hicimos juntos. Va por ustedes, hermanos.

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