.

.

Sobre Iker Casillas

Recuerdo como si fuera ayer el día que "volví" al Bernabéu. Era un día de invierno, corría la temporada 2000-01 y por obra y gracia de un amigo con dos abonos acudí al estadio de la Castellana tras aproximadamente cinco años de ausencia. El entrenador ya no era Valdano sino un Vicente del Bosque que había llegado el año anterior con una Copa de Europa bajo el brazo. El siete ya no lo portaba Butragueño sino Raúl, aquel Raúl en plenitud de su carrera, que ya contaba con un palmarés envidiable pero que además conseguía poner los medios para que este creciera. Y el portero ya no era Buyo, y por donde habían pasado el propio gallego, Cañizares, Illgner y Albano Bizarri, se había estabilizado nuestro protagonista, Iker Casillas.

Aquel día, por obra y gracia de mi amigo, tuve a Iker Casillas más cerca de lo que podía imaginar antes de ir al estadio a ver aquel choque contra el Racing de Santander. La situación de los abonos, tras la portería del fondo norte a una altura bastante aceptable, me hizo llegar a la primera conclusión de la tarde , nada más verle calentar:

- Joder, ahí le tienes. Y tiene mi edad.

Efectivamente, ambos nacimos en el mismo año (1981) , y eso me llevo a pensar en lo rápido que pasaba el tiempo, en cómo los fútbolistas van siendo primero mayores que uno, después más o menos contemporaneos, luego más jóvenes y después llega un día, en que te das cuenta que a su edad, si el destino hubiera querido que fueras futbolista, muchos estarían ya pidiendo tu retirada. Evidentemente, ese momento aún no ha llegado para Casillas, menos aún teniendo en cuenta la mayor "vida laboral" de los guardametas, pero por su trayectoria, por la cantidades de paisajes diversos que ha atravesado su carrera, a más de uno les parecerá que Casillas es, poco menos que eterno.



Probablemente no es el portero perfecto, si es que tal concepto es posible, incluso dudaría de si ha sido el mejor portero de su generación pensando en sus aspectos mejorables - como las tantísimas veces comentadas salidas por alto, el juego con el pie, o -y esto ya es de mi cosecha- la dificultad para retener balones con el cuerpo, eso que se llama blocar) pero no parece descabellado afirmar que Iker Casillas es -y ha sido- el portero que más capacidad de influencia ha tenido en los resultados de los últimos diez años. Máxime en los momentos clave, llámense estos finales o semifinales y apellídense como quiera, (de la Copa del Mundo, de la Eurocopa, de la Champions League o de la Copa del Rey) .

Pasados los años, y viendo su evolución, si hay una capacidad que destacaría de Casillas no serían ni sus reflejos, ni su capacidad en el uno contra uno, ni su liderazgo desde la aparente normalidad. Creo que es la de su capacidad de supervivencia. El guardameta ha sobrevivido a épocas convulsas tanto en la Selección como en el Madrid, tanto en el césped como en los pasillos, y ha salido vencedor. Ha tenido defensas magníficos protegiéndole en algunas épocas - como en la actualidad- pero también compañeros que vivían más de su nombre que de su rendimiento. Ha tenido que ver como pasaba de la titularidad asegurada a una suplencia incomprensible a ojos de muchos. Ha tenido que ver incluso cómo se crucificaba mediáticamente a su pareja por una derrota en un partido de la Selección.

Y a todo eso, ha sobrevivido. Algunos le llaman a eso "tener Ángel", o suerte, o mil cosas más. Pero creo que no basta con eso.Hacen falta ganas de sobrevivir, de demostrar, de apretar los dientes para superar dificultades. Y retos no parecen faltarle tanto a nivel de club -como capitán de un Real Madrid que hoy ha de hacer frente al Barcelona más poderoso de la historia- y del equipo nacional. Precisamente hoy, ese hombre de ya treinta años (yo los cumplo mañana) , se convierte en el jugador que más veces ha vestido la camiseta de la Selección Española. Ha sido clave en todas las medallas que adornan su vitrina. Es una leyenda.

Joder, ahí le tienes. Y tiene mi edad.



No hay comentarios: