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El FK Čukarički pierde la virginidad a lo grande

Inaugurando su palmarés a lo grande
El final del curso europeo muestra siempre distintos dramas y glorias construidas a lo largo de una campaña larga trufada de incertidumbre, cansancio y esperanza. Unos pugnan por no perder una categoría que costará mucho recuperar, otros por alzar el título con el que sueñan desde el verano. Un tercer grupo es el que experimenta lo inesperado: nadie creía que el Newcastle sufriese por mantenerse en la Premier, pero tampoco que el Dnipro tuviera la ocasión de ganar un título europeo.  Una de esas epopeyas imposibles es la que culminó anoche el Čucarickî serbio.

Con 88 años de antigüedad a sus espaldas (más que los gigantes Estrella Roja o Partizan), el también club capitalino vagó casi siempre por las divisiones inferiores de la antigua Yugoslavia. Solo bien adentrados en la época moderna lograron plantarse en la SuperLiga serbia, siendo en las últimas en las que se ha instalado en la zona noble de la clasificación por delante de entidades de mayor enjundia como OFK o Vojvodina, principalmente gracias al apoyo económico de su dueño Dragan Obradovic (comprándolo a través de la compañía ADOC).

Desde entonces el Čukarički ha ido creciendo poco a poco, no tanto como para hacer sombra a los dos grandes nacionales, pero sí lo suficiente como para estorbarles, disputar el año que viene de nuevo Europa League (ya lo hizo a principios de esta 2014-15) y ahora, también, para arrancarles parte de una gloria que ya no es tan segura para ellos, sobre todo en una copa que ni Estrella Roja ni Partizan logran desde 2012. Hoy la alegría es para el barrio de Čukarica, el más feliz de la capital Belgrado.